viernes, 21 junio, 2024
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Mariano Navone jugará su segunda final en tres semanas y puede ser preclasificado en Roland Garros

Hace un año, Mariano Navone era un desconocido en el mundo del tenis. Ubicado en el puesto 219 del ranking mundial, estaba lejos de los reflectores, de los grandes torneos e incluso de la posibilidad de protagonizar un torneo ATP 500. Lo suyo era los challengers, aunque no había ganado ninguno. De repente, encadenó cinco títulos de campeón en la segunda mitad de 2023. Eso lo llevó a la clasificación rumbo a su primer ATP 500, en Río de Janeiro. El bonaerense accedió al cuadro principal y progresó hasta llegar a la final. Cayó ante su compatriota Sebastián Báez, pero se llevó, además de un cheque por más de 200.000 dólares, la certeza de que podía codearse con los mejores.

Siguieron una semifinal en el ATP 250 de Marrakech en Marruecos, la final en el ATP 250 de Bucarest en Rumania (el certamen de Ion Tiriac) y una segunda rueda –con un partidazo ante el danés Holger Rune– en el Masters 1000 de Madrid. Este domingo, el tenista bonaerense de 9 de Julio jugará una segunda final en tres semanas. Lo hará en el Challenger 175 de Cagliari, donde este sábado se deshizo del ítalo-argentino Luciano Darderi por 6-3 y 7-5 y donde este domingo se enfrentará en el partido decisivo con el local Lorenzo Musetti, número 29 del mundo. El argentino, por su parte, ocupa el puesto 33. En caso de quedarse con el trofeo trepará hasta el 31. Y está en camino a llegar a Roland Garros, su primer campeonato de Grand Slam, como uno de los 32 preclasificados. Eso se definirá el último domingo al torneo francés. Sería todo un hito en la carrera del argentino.

El match point de Mariano Navone contra Luciano Darderi

Para encontrar el germen de la progresión de “La Navoneta” hay que remontarse a fines del año pasado. Mariano ganó 14 de sus últimos 15 partidos, incluidas las conquistas de Challenge Tour en Santa Fe 2 y Buenos Aires, que se sumaron a los que había obtenido en Santa Fe, Santa Cruz y Poznan. En aquel sprint final de la temporada apenas perdió en la definición del challenger de Lima, Perú, contra… Luciano Darderi, de quien se vengó este sábado en la isla de Cerdeña. “Algunas cosas han cambiado. Antes de Río era 113º, y después, 60º. Tantos puntos en una semana. Muchas experiencias son nuevas”, dijo Navone al portal de la ATP, cuando muchos se preguntaban hasta dónde llegaría su progresión.

“Cuando gané Santa Fe y Buenos Aires, en casa, con mi familia, mi novia y mis amigos, realmente fue muy especial. El mejor recuerdo es el de esos dos torneos porque jugué muy bien y creo que toda la gente que me vio en su casa disfrutó de mi tenis”, recordó Navone en la entrevista con la Asociación de Tenistas Profesional. Y elogió la competitividad que existe en el Challenge Tour: “Los challengers me prepararon para todo. El nivel es alto; mucha gente fuera del top 100 gana partidos en el nivel ATP. Los primeros 200 jugadores están un poco cerca, la diferencia es pequeña. Cuando gané mi primer challenger me sentí diferente. Jugué muchos challengers contra jugadores duros y me fue muy bien. Tuve un clic en la cabeza: «podés conseguirlo»”.

Tuve una infancia muy ligada a la vida de club, sin redes sociales ni nada de eso. A los ocho años iba solo en bicicleta al club, la ataba, me iba a jugar todo el día y volvía a casa a la noche. No tenía teléfono y mis viejos sabían; no había sensación de inseguridad. O volvía caminando de la escuela a mi casa, con mis hermanas. Tenía mucha libertad. A gimnasia, a sacar fotocopias o a lo de un amigo, iba solo. ¿Qué chico de una ciudad puede hacerlo solo en la actualidad? Imposible; en ningún lado. Hoy lo veo en los hijos de amigos o profesores en Capital. Creo que aquello me dio frescura”, contó Navone hace un tiempo en una entrevista con LA NACION.

Era noviembre de 2023, y Navone se atrevía a soñar con un partido y un rival. “Sería contra Alcaraz en Roland Garros o Djokovic en Australia. Serían desafíos muy disfrutables. Ojalá muy pronto me encuentre en ese lugar, compitiendo contra ellos. Sería un sueño”, dijo entonces. Siete meses después, el nacido en 9 de Julio está a un puñado de semanas de poder cumplir el objetivo. Querrá que nadie lo despierte. Vive su realidad, que hace apenas un año parecía una utopía.

LA NACION

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