martes, 25 junio, 2024
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Empresas de consumo masivo tienen un fabuloso colchón de precios

Hay una gran cantidad de artículos de consumo esencial que quintuplicaron, sextuplicaron o incluso más sus precios en el último año, ganándole por goleada a la inflación más alta del mundo. En este contexto, es curioso festejar una desaceleración en las subas –menor ritmo de avance– o incluso una leve caída.

Pero encima, la propia desaceleración está puesta en duda: el último relevamiento de la consultora EcoGo advierte que en mayo el rubro de alimentos y bebidas subió 6,1 por ciento, por encima del registro de abril, que había sido del 5,6 por ciento.

La información de carácter mensual conviene complementarla con las tasas anuales acumuladas. Resulta que en muchos productos esenciales, los incrementos interanuales todavía superan por mucho al promedio de inflación general de la economía. En otras palabras, las empresas de consumo masivo aumentaron tanto los precios que ahora pueden tranquilamente hacer campaña publicitaria con la desaceleración e incluso con bajas puntuales.

La consultora especializada Focus Market publicó este martes algunos números que dan cuenta de la situación. La comparación de los precios de mayo respecto del mismo mes del año pasado registra un avance del 442 por ciento en cremas dentales; 435 por ciento en detergente para ropa; 412 por ciento en desodorantes de ambiente; 408 por ciento en suavizantes; 400 por ciento en sal de mesa, 396 por ciento en maquinitas de afeitar y 381 por ciento en edulcorantes. En tope, aparecen las subas del puré, con el 463 por ciento anual y de chocolatadas, con el 448 por ciento.

Cabe recordar que en todos estos casos, los aumentos están muy por arriba de la inflación del período, del 289 por ciento, según el Indec. Ni que hablar de la variación de los salarios formales, que en marzo fue de 231 por ciento interanual.

Alimentos y bebidas

Fuentes oficiales de información permiten ampliar los casos. De acuerdo a la base de datos de precios medios que proporciona el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el arroz blanco simple rompe todos los récords: tiene un alza interanual del 771 por ciento. Así que si el arroz «desacelera» su suba, queda claro por qué lo hace.

Otros casos notables: el pan rallado subió 454 por ciento; el pan para hamburguesas, un 437 por ciento; el pan lactal, un 428 por ciento y la polenta, un 429 por ciento. Los fideos largos secos, un 454 por ciento; el atún en conserva, un 419 por ciento; la leche entera, un 405 por ciento; el dulce de batata, 416 por ciento, y el de membrillo, 506 por ciento. La mermelada acumula un 419 por ciento; el bidón de agua, un 427 por ciento; la sal fina, un 582 por ciento y el té común en saquitos, un 471 por ciento.

Un escalón por debajo, aunque todavía arriba de la inflación, y muy por encima de los salarios, están la harina de trigo común (354 por ciento), tapas para empanadas (306 por ciento), tapa para tartas (317 por ciento), salchicha (363 por ciento), leche en polvo (349 por ciento), queso tipo cuartirolo (361 por ciento), manteca (357 por ciento).

Higiene y limpieza

Según la misma base de datos de la Ciudad, el precio del jabón en pan subió en el último año un 435 por ciento, al igual que el repuesto de 900cm3 del suavizante para ropa. El envase de 750cm3 de detergente subió 449 por ciento, mientras que el repuesto de líquido limpiador, 454 por ciento. La lavandina acumula un alza del 453 por ciento; el insecticida, de 549 por ciento, y las bolsas para residuos, del 415 por ciento.

Los pañales de bebés acumulan un incremento interanual de 525 por ciento, y en el caso de la crema dental, dicho valor llega al 601 por ciento, el doble que la inflación. El paquete de tampones subió en el último año un 438 por ciento y la loción aftershave, un 523 por ciento. El shampoo promedio, en tanto, muestra un avance del 432 por ciento.

La libertad avanza

Los datos muestran que las empresas de consumo masivo tienen un tremendo colchón de precios y de rentabilidad que irán manejando de acuerdo a la variación de sus stocks, que se han ido acumulando, lógicamente, de cara a la crisis de consumo.

Este descalabro de precios es también una respuesta exacerbada a la promesa de libertad de mercado a toda costa, luego de años de ensayos de controles en las góndolas. Las empresas «aprovecharon» un contexto inédito de desregulación total de controles en un cuadro de fuerte incertidumbre política y económica.

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