Tras la media sanción al proyecto de ley de reforma laboral, el dólar oficial opera este jueves 12 de febrero a $1420, en la pizarra del Banco Nación. En el segmento mayorista, la divisa se negocia a $1400. En cuanto a los dólares financieros, el contado con liquidación se vende $1477 (+0,1%), y el MEP se ubica a $1432 (-0,2%). Por último, en el segmento informal, el blue se negocia, a $1435.
El dólar puede estar quieto y, aun así, el mercado no deja de hacer cuentas. No se trata solo de mirar una cotización: el foco está puesto en de dónde salen los dólares, quién los aporta y cuánto dura el mecanismo que hoy sostiene el equilibrio. Cuando esa respuesta depende más del financiamiento que del flujo comercial, la estabilidad se vuelve un activo valioso, pero también frágil.
En este escenario, reservas, balance cambiario y tasas pasan a ser una misma conversación. Si el mercado percibe que el Banco Central logra acumular divisas, el tipo de cambio gana aire. Si, en cambio, la acumulación se apoya en entradas financieras que deben repetirse mes a mes, cualquier ruido —externo o doméstico— puede reabrir expectativas.
Por eso, la pregunta que recorre la city no es si el dólar «está barato», sino qué condición sostiene la calma y qué evento podría cambiarla. En un mercado donde la estabilidad se construye con ingeniería financiera y señales fiscales, el segundo semestre aparece como el momento en que el esquema será puesto a prueba por la estacionalidad de la oferta y por la necesidad de financiamiento.
El balance cambiario marca la condición
Desde GMA Capital señalaron que el freno y la mayor selectividad del crédito no responden solo a tasas o a la mora: también reflejan un límite estructural, la disponibilidad de dólares. Esa restricción se ve con claridad cuando el balance externo no cierra por la vía comercial y el mercado debe apoyarse en flujos financieros para sostener la estabilidad.
Los especialistas del bróker detallaron que en diciembre la cuenta corriente del balance cambiario volvió a mostrar un déficit de USD 1.565 millones. El comercio de bienes dejó un superávit de USD 426 millones, pero fue más que compensado por los egresos en servicios (USD 771 millones) y por pagos de rentas e intereses al exterior en el ingreso primario (USD 1.243 millones). El resultado fue un cierre en terreno negativo que obligó a mirar el otro lado del balance.
En ese contexto, los expertos de la sociedad de bolsa explicaron que el equilibrio del mercado de cambios descansó nuevamente en los flujos financieros. La cuenta financiera fue superavitaria por USD 1.505 millones, con un aporte clave del sector público. En particular, destacaron la colocación de deuda en moneda extranjera del Tesoro por USD 910 millones, un movimiento que marcó el regreso del país al financiamiento externo luego de casi ocho años, junto con desembolsos netos de organismos internacionales por USD 714 millones.
Del lado privado, GMA Capital describió un comportamiento más heterogéneo: el sector privado no financiero registró egresos netos por USD 398 millones, mientras que las personas humanas demandaron USD 2.793 millones, parcialmente compensadas por otros ingresos financieros. En diciembre, las reservas aumentaron USD 832 millones y cerraron el año en USD 41.167 millones. La lectura que dejaron sobre la mesa fue directa: el orden cambiario se sostiene, pero depende de flujos financieros constantes.
Reservas, carry y tasas
Desde Eco Go señalaron que la decisión del Banco Central de la República Argentina de empezar a comprar dólares a partir de enero fue un giro clave en el frente cambiario. En su balance, el Central llevaba comprados USD 1.651 millones, buscando mantener un tipo de cambio moviéndose un poco por debajo de la banda original. En paralelo, esa estrategia contribuyó —según su análisis— a acelerar la caída del riesgo país hacia la zona de 500 puntos básicos, en un contexto donde el dólar global volvió a debilitarse.
Sus analistas apuntaron que el «puente» de estabilidad se construyó con un mecanismo que reactivó el carry: comenzó con un Tesoro que vendía dólares y un Banco Central que ofrecía cobertura para que los bancos vendieran divisas, permitiendo compras del BCRA que luego se revendían al Tesoro. Para Eco Go, ese encadenamiento ayudó a sostener el equilibrio a la espera de una mejora estacional por la cosecha.
La consultora agregó que el puente se consolidó con dólares que aparecieron en el mercado oficial por colocaciones de deuda corporativa y de algunas provincias. Recordaron que, después de la elección, las colocaciones de deuda ascendieron a USD 10.000 millones: de ese total, USD 5.500 millones fueron dólares cable y, según avisó el Banco Central una semana antes del informe, todavía quedaban USD 3.500 millones por vender. También señalaron que la formación de activos externos del sector privado se desplomó, pero no desapareció: USD 1.470 millones por mes en el último bimestre del año.
En este marco, Eco Go sostuvo que el ancla cambiaria empujó la remonetización y comprimió tasas. En enero, el dólar mayorista apenas se movió y en lo que va de febrero acumula una caída del 1,8%. Con una inflación que se mantuvo alta (2,8% en diciembre y en torno a 2,7% en enero, según lo anticipado por el ministro), las tasas quedaron casi neutras contra la inflación pero muy positivas contra el dólar, ayudando a asegurar el roll over de la deuda en pesos: vencen $18 billones en febrero y luego $12,5 billones promedio por mes hasta junio.
Segundo semestre
Eco Go describió que, en el medio de este reordenamiento, empezó a operar un cambio estructural: compresión de la brecha cambiaria, tasas activas positivas (con eliminación de la línea productiva), recomposición tarifaria y de servicios no regulados frente a caída de precios de bienes coordinada por el ancla y la apertura, con una masa salarial que no crece.
Los expertos de la consultora señalaron que, por lo pronto, hay dos segmentos que muestran dinamismo: sectores asociados al RIGI y economías de plataforma con un grado de semi informalidad. Pero también remarcaron que la expansión del crédito doméstico —que había sido driver en 2024 en un contexto donde empleo e ingresos no traccionan— todavía no aparece, mientras las entidades digieren el impacto de la mora tras el apretón monetario de julio.
En paralelo, GMA Capital enfatizó que el desafío es convertir el equilibrio en un esquema sostenible que habilite un círculo virtuoso entre estabilidad externa, crédito y actividad. En su diagnóstico, el orden cambiario depende de entradas financieras persistentes, mientras la apuesta oficial apunta a acumular reservas vía la cosecha y colocaciones de deuda del sector privado, descartando por ahora volver a los mercados de deuda soberana.
Por eso Eco Go planteó que el camino no será lineal y que dos preguntas empezarán a resonar con más fuerza en la segunda mitad de 2026, cuando la salida de la cosecha se modere y la oferta quede más determinada por dólares de deuda. La primera: si, después de Bessent, seguirá existiendo un prestamista de última instancia para Argentina bajo la llamada Doctrina Donroe, algo que —según su análisis— quedará en gran medida supeditado a la elección en Estados Unidos en noviembre.
La segunda: a medida que se acerque 2027, qué descontará el mercado sobre la reelección de Javier Milei sin ballotage o, si hubiera ballotage, si vuelve la polarización apelando al «riesgo Kuka», o si aparece un «ortodoxo productivista» que extienda el horizonte. En ese tablero, Eco Go sostuvo que ayuda un dólar global débil si no se combina con eventos disruptivos que afecten flujos a emergentes y precios de commodities.
