El ministerio de Defensa en tiempos de Luis Petri tenía lista la derogación de la Resolución 381/2006 que alumbró Nilda Garré por la que se prohibieron las tareas de contrainteligencia al sistema de inteligencia militar por prevención ante su vuelco a la inteligencia interior.
El cambio de cultura actual se dio por pensar en los militares como el brazo armado que cuida a los habitantes, los recursos y la integridad territorial del país en vez de un obstáculo de la democracia al que hay que limitar.
Ahora tocará al sucesor, teniente general Carlos Presti revisar y remover aquella disposición de 2006 a la luz de un escenario de alta necesidad de resguardo de información crítica para la seguridad no solo del país sino de los actores globales y de la OTAN que son operadores del mismo sistema de armas: el F-16.
Investigación para proteger, anticipar y detectar inteligencia externa
La contrainteligencia en sentido amplio es una investigación efectuada por los organismos de inteligencia militar orientada a: la protección de información crítica del Estado, negar actividades de inteligencia externa (espionaje), contrarrestarlas, proteger sus secretos, personal, medios, instalaciones y operaciones frente a las amenazas, en síntesis, neutralizar las acciones de inteligencia de servicios hostiles.
Con la firma del contrato de adquisición de las 24 aeronaves a Dinamarca, bajo la aprobación de EEUU, es de práctica rubricar acuerdos de confidencialidad.
Se trata de resguardo de información militar, entre ellos estrictos protocolos de seguridad, interoperabilidad OTAN y protección de tecnologías sensibles (radares, armamento, equipos de contramedidas electrónicas, etc.).
Ese bagaje de datos, información técnica, operativa, doctrina básica de empleo de la aeronave, nivel de capacitación del personal sumado al del armamento o mejoras electrónicas es parte del objetivo de búsqueda de servicios de inteligencia interesados.
El programa F-16 de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) implementa estrictas medidas de seguridad operacional y física en el Área Material de RÍo Cuarto y en la VI Brigada Aérea (Tandil), pero la vigencia de la Resolución 381 prohíbe, por caso, efectuar estudios sobre personas involucradas en la actividad, inclusive en sede militar.
A través de las medidas de contrainteligencia se adiestra y educa al personal para percibir y reportar comportamiento sospechosos o inusuales, como vigilancia, toma de notas, intentos de obtención de información sensible, toma de fotos, entre los más habituales.
Cibercontrainteligencia y el caso de los militares chilenos
En otro ámbito específico se desarrolla la cibercontrainteligencia. Un ejemplo actual es la protección de las redes operativas del sistema F-16, incluyendo aquellas que administran el estado y la situación de las aeronaves de la escuadrilla y la logística gestionada a través del sistema ILIAS (Integrated Logistic Information Automated System). Se trata de una herramienta digital provista por una empresa privada que brinda servicios de logística automatizada y que, según destacó oficialmente la Fuerza Aérea Argentina al momento de su contratación, es utilizada por numerosas fuerzas aéreas del mundo que operan el caza F-16 para la gestión integral de su soporte logístico.
La privación de ejecutar acciones de contrainteligencia a las fuerzas armadas derivadas de aquella Resolución de 2006 impidió quizá gestionar en tiempo y forma medidas para alertar, bloquear o dar luz verde, sin reparos, a la participación de dos militares trasandinos en un programa de alto valor estratégico para el país.
Es cierto que Chile también posee aeronaves F-16, que las relaciones de cooperación con Argentina van sobre ruedas con Javier Milei y José Kast , el presidente electo, y que en esencia no habría disparidad de “secretos tecnológicos y operativos” entre los aviones de los dos países. También lo es que un elemento esencial de inteligencia a obtener por actores ajenos, rivales u hostiles es conocer al detalle y actualizado el alistamiento y logística de una escuadrilla dato clave ante un conflicto, parámetro crítico que proporciona el sistema ILIAS.
La prevención de la contrainteligencia guarda relación directa con las tensiones militares, episodios de espionaje y sabotajes que registra la historia de Argentina y Chile
La contratación del Sistema ILIAS no es pública, está comprendida dentro del secreto militar.
Al frente del sistema ILIAS para el programa F-16 argentino están dos generales retirados chilenos, Leopoldo Porras y Francis Muñoz Covarrubias. Trabajan como vicepresidente para América Latina y gerente de programa, respectivamente de la compañía belga ILIAS Solutions, proveedora del sistema informático que brinda soporte logístico a los cazas.
Contrainteligencia y el fracaso de una operación británica
Un ejemplo contemporáneo de una operación de contrainteligencia fue durante la guerra de Malvinas para detectar, neutralizar y eliminar acciones británicas contra los cinco aviones Super Étendard de la Aviación Naval, sus pilotos, la logística y la infraestructura de la base aeronaval Río Grande.
Esa misión encubierta británica se tomó tras la eficacia destructiva que exhibió el binomio Super Etendard-Exocet con el hundimiento del destructor HMS Sheffield.
Por varias fuentes navales desplegadas en el terreno entre ellas infantes de marina (observadores terrestres vestidos de civil), ciertas informaciones obtenidas en territorio chileno a las que se sumó inteligencia de señales (Sigint), emisión del radar del destructor ARA Piedrabuena y del ARA Bouchard que navegaban frente a Tierra del Fuego, se detectó el vuelo a baja altura de una aeronave en territorio fueguino que más tarde se confirmaría era un helicóptero Sea King matrícula ZA290 de la flota inglesa trasladando comandos SAS (Special Air Service) bajo la operación Plum Duff para destruir los misiles Exocet, los cazas y sus pilotos.
Antes se habían detectado ecos de superficie compatibles con botes de goma a alta velocidad. Con los años se supone que eran parte de la operación Plum Duff de reconocimiento y de obtención de inteligencia.
La alerta temprana arrancó con fuego de cañones del ARA Bouchard hacia esos objetivos que eran casi imperceptibles en la pantalla del radar y se puso en apresto a Río Grande.
Así se neutralizó la sorpresa táctica de la operación británica y fracasó la intentona. El grupo SAS destruyó el helicóptero que quedó cerca de Punta Arenas y sus miembros fugaron por territorio chileno.
