Diálogos de Wall Street: los mercados esperan, desean y necesitan una guerra breve

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Periodista: Si un mérito importante podía atribuirse el presidente Trump en su segundo mandato era haber instalado la paz en Medio Oriente después de la Operación Martillo de Medianoche en junio. Se trató de una intervención quirúrgica contra las instalaciones nucleares de Irán, a cargo de los bombarderos B52 con el uso de bombas anti-bunkers que alcanzan blancos a gran profundidad. La capacidad del programa nuclear iraní ha sido “obliterada”, declaró Trump solemne. Y acto seguido le impuso el cese del fuego a Irán e Israel. Una maniobra impecable. ¿Por qué se lanza ahora a una guerra abierta contra Irán y con la pretensión de un cambio de régimen?

Gordon Gekko: Trump fue el mayor crítico de los muchos gobiernos de EEUU que impulsaron intervenciones militares con ese propósito. “Los llamados ´constructores de naciones` destruyeron muchas más naciones de las que construyeron”, supo decir. Su promesa de América First suponía abandonar estas excursiones y dedicar el dinero a mejorar la infraestructura dentro de los EEUU.

G.G.: Sí. Una de sus pocas constantes, además. Como presidente, ha sido uno de los menos beligerantes. En febrero, Trump se vanagloriaba de haber terminado ocho guerras. Exageraba, pero no mentía con respecto a su inclinación. Y pienso que el año pasado, aspiraba en serio a recibir el Nobel de la Paz.

G.G.: No existe una declaración formal de guerra. Ni una exposición rigurosa de motivos. Las razones que da Trump son triviales. Los dichos del Secretario de Defensa Hegseth son lamentables. El secretario de Estado, Marco Rubio, fue claro con los legisladores de ambos partidos. Israel iba a atacar a Irán, con o sin apoyo de Washington. Iba a haber represalias contra las tropas estadounidenses en la región, y la Administración decidió involucrarse de lleno desde el comienzo. Es muy posible que los aliados regionales – liderados por Arabia Saudita – hayan presionado, y mucho, en el mismo sentido.

P.: ¿Y por qué el cambio de idea? ¿Por qué se resolvió descabezar el régimen?

G.G.: En principio, porque la información de inteligencia permitía llevarlo a cabo. Como se comprobó de manera fehaciente. 48 líderes del régimen murieron, entre ellos el expresidente Mahmoud Ahmadinejad, según señaló el propio Trump. Pero no le estoy respondiendo. En junio, también hubiera sido posible.

P.: Y no se quiso hacerlo. El cambio de idea es una decisión política, no una cuestión de capacidad técnica de poder ubicar los blancos. En junio la ofensiva relámpago eliminó a 15 altos mandos militares y científicos con milimétrica precisión.

G.G.: Uno podría decir, siguiendo a Marco Rubio, que ese era el plan de Israel. Pero tampoco es la respuesta correcta. Dos semanas atrás, Ted Cruz, el senador republicano de Texas, señaló que era “enteramente posible” que los regímenes de Irán, Venezuela y Cuba cayeran en el corto plazo y fueran reemplazados por gobiernos deseosos de ser amigos de los EEUU. Se puede pensar que el ayatolá fue refractario a cambiar de bando y eso lo condenó. Ante los ojos de Washington. Israel, después de todo, no talla en Venezuela y Cuba. La operación Maduro la manejaron Trump y Rubio. Y con la vuelta campana de Delcy Rodríguez consiguieron lo que parecía imposible.

P.: ¿Se cebó Trump con el éxito de la captura de Maduro y la velocidad a la que los ex chavistas se pusieron a las órdenes de Washington?

G.G.: Es probable. Pero acá el plan no fue la extirpación del líder y la cooptación del resto. Trump dijo que las personas que él había pensado que podían cooperar, también fallecieron en los ataques. “Pronto no conoceremos a nadie”.

P.: El cambio de régimen se hará esperar.

G.G.: Hegseth afirmó que ya se logró. En un sentido literal, sí. La conducción voló por los aires. Pero, los misiles balísticos y los drones se siguen disparando en sucesivas oleadas, se cerró el estrecho de Ormuz, y no hay una revuelta civil ni nada que se le parezca en las calles. La República Islámica continúa a cargo y dando batalla. EEUU no va a comprometer tropas en el terreno. No va a haber una invasión. Así que el cambio de régimen será una cuestión que deberán realizar los propios iraníes. No es imposible, pero es muy difícil (y más todavía, prever los tiempos).

P.: Los mercados miran azorados. Descuentan un conflicto que puede ser feroz y sangriento, pero que, fundamentalmente, debe ser breve.

G.G.: Una guerra que comienza un sábado, con los mercados cerrados, pareciera tener presente ya en su diseño original un cuidado especial por no provocar demasiado daño colateral fuera de su perímetro. La operación Martillo de Medianoche, que fue un caso notable de precisión en la ejecución, duró 12 días entre apertura y cierre. Pero tenía una lógica – y un planeamiento – muy sólido detrás. Empezando por la necesidad. Y la autolimitación realista de sus objetivos.

P.: La reacción de los mercados, el lunes, fue de manual. Toda la caída fue frontal, y luego apareció el “buy the dip”, la idea de aprovechar la oportunidad y la recuperación de los precios. “Acá no ha pasado nada”. Pero el martes cayó la ficha de la complejidad. Esto puede complicarse. “Puede durar mucho tiempo”. “Quizás no estuvo tan bien pensado”. Y entonces surge lo que no vimos inicialmente. Una caída seca y profunda.

G.G.: Y una preocupación en serio. La Bolsa patina 2% a la mañana. Los bonos caen y las tasas largas, después de haber flirteado por debajo de 4%, vuelven a subir. El oro, y la plata, retroceden fuerte. Esto debe ser grave si además China no abre la boca. El petróleo no fluye alegremente como pasó en junio. Y el dólar es el único refugio seguro, por lo menos hasta que se aclare. A la tarde se suavizó la reacción y hubo una recuperación parcial, pero igual cayó la ficha de que no estamos en un concurso de tiro al blanco.

P.: ¿Qué tan largo puede ser el conflicto?

G.G.: Cuatro semanas, dijo Trump.

P.: Eso es lo que él quisiera. Pero, cómo puede saberlo.

G.G.: Hay una agenda política atrás que es importante para calcular los tiempos. La superioridad militar es tan grande – e Irán no tiene estados amigos en la región – que no es descabellado pensar que Trump podrá arrasar su capacidad bélica, desescalar el conflicto unilateralmente, cantar victoria, y enfocarse en otro tema que le depare mejor suerte. Irán puede terminar siendo Siria 2.0 y a nadie le importará siempre y cuando el petróleo – y el gas natural licuado – sigan fluyendo por Ormuz. Si nos extendemos más que cuatro o cinco semanas, y la navegación no se reabre, ahí sí vamos a tener problemas muy serios.

P.: Recién vamos por el cuarto día…

G.G.: El año pasado cuando Trump lanzó la ofensiva arancelaria por el Día de la Liberación, el estómago de los mercados lo obligó a poner la marcha atrás apenas una semana después. Y allí no murió nadie. Pero los mercados se destruían y el presidente tuvo que congelar su plan. EEUU tiene elecciones en noviembre. Si la guerra hace subir los precios de la nafta de manera sostenida será una catástrofe para las chances del oficialismo en las urnas. Y Trump querrá hacer las paces con los votantes. Y ahí estará la oportunidad para ensayar al menos una tregua.

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