A pesar de ser el mayor importador mundial de petróleo, las políticas de largo plazo en diversificación energética y desarrollo industrial han incrementado la resiliencia del país ante la actual coyuntura internacional.
La crisis energética derivada del conflicto en Oriente Medio encontró a China, el principal comprador global de petróleo, en un proceso de preparación de años. El país ha trabajado en la acumulación de reservas estratégicas y en un impulso significativo a las energías renovables, como la solar, eólica e hidroeléctrica, lo que ha comenzado a reducir su demanda de derivados del petróleo como nafta y diésel.
La estrategia de seguridad nacional china ha considerado históricamente a sus industrias como una base fundamental. Este enfoque se ha intensificado y perfeccionado en los últimos años, con esfuerzos redoblados para impulsar sectores locales y fortalecer el control sobre cadenas de suministro y recursos globales.
«Se ha observado una mayor imposición de políticas industriales desde arriba, una mayor orientación por parte del gobierno central para desarrollar ciertos sectores estratégicos que China cree que necesita fortalecer», señaló Heiwai Tang, director del Instituto Global de Asia en la Universidad de Hong Kong.
Los cambios son notorios en varios frentes. Hace una década, China era el mayor mercado de automóviles de combustión interna; hoy lidera la adopción de vehículos eléctricos. Además, ha reducido su dependencia de productos petroquímicos importados, utilizando ahora principalmente carbón nacional para producir ciertos químicos como metanol y amoníaco sintético.
La planificación estatal y la inversión han sido cruciales. Mientras el estrecho de Ormuz, ruta vital para el petróleo asiático, enfrenta restricciones, China ha mostrado una mayor resiliencia energética que muchas otras economías. La electrificación del transporte y la tecnología para producir petroquímicos a partir del carbón, desarrollada originalmente por Alemania, son pilares de esta transformación.
La obsesión histórica de Beijing por reducir la dependencia externa se remonta a principios de siglo, con preocupaciones sobre el estrecho de Malaca. En 2004 se creó una reserva de petróleo de emergencia, la cual se ha estado incrementando en los últimos meses.
Aunque China sigue siendo el mayor comprador mundial de petróleo y gas, con cerca del 75% de su consumo importado, los resultados de sus políticas comienzan a verse. Tras millonarios subsidios a vehículos eléctricos e inversiones masivas en renovables, la demanda de petróleo refinado ha disminuido por dos años consecutivos, llevando a algunos expertos a pronosticar un pico en el consumo de hidrocarburos, aunque el uso en la industria petroquímica continúa creciendo.
