El organismo estadístico utiliza parámetros de consumo con más de dos décadas de antigüedad, lo que, según analistas, podría afectar la precisión de la medición inflacionaria en un contexto de cambios económicos y sociales.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) se encuentra bajo escrutinio debido a la metodología que emplea para calcular la inflación. La canasta de bienes y servicios que utiliza como referencia para el Índice de Precios al Consumidor (IPC) data de hace más de veinte años, un período durante el cual los hábitos de consumo de la población argentina han experimentado transformaciones significativas.
Expertos en estadística y economía señalan que esta desactualización puede generar una brecha entre la inflación medida oficialmente y la que efectivamente perciben los ciudadanos en su vida cotidiana. La incorporación de nuevas tecnologías, cambios en los patrones de gasto y la evolución del mercado son factores que, según los críticos, no estarían siendo capturados en su totalidad por la medición actual.
Desde el organismo se han realizado ajustes parciales a lo largo de los años, pero no una revisión integral de la base de consumo. Esta situación plantea un debate técnico sobre la necesidad de modernizar los instrumentos de medición para reflejar con mayor fidelidad la dinámica económica actual.
