El barril de Brent superó los US$ 126 durante la rueda asiática, su nivel más alto desde 2022, ante la prolongación del bloqueo en el estrecho de Ormuz. La escalada del crudo presiona la economía global y reaviva los llamados a acelerar el cambio hacia energías limpias.
Los precios del petróleo volvieron a dispararse este jueves que cierra el mes de abril y el Brent alcanzó su nivel más alto desde 2022, en medio de los temores por una prolongación del bloqueo en el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que suele transitar cerca de una quinta parte del crudo mundial.
Según informó AFP, el barril de Brent, referencia internacional del mercado, llegó a superar los US$ 126 durante la rueda asiática y luego moderaba la suba hasta ubicarse en torno a US$ 122,22, con un avance de 3,55%. El West Texas Intermediate, referencia estadounidense, subía 1,43%, hasta US$ 108,41, después de haber escalado casi 7% el miércoles. Reuters también reportó que el Brent tocó un pico intradiario de US$ 126,41, el mayor nivel desde marzo de 2022.
El salto del crudo responde a la incertidumbre sobre la reapertura del estrecho de Ormuz, prácticamente paralizado desde fines de febrero, tras el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. La tensión se profundizó luego de que un alto funcionario de la Casa Blanca indicara que el presidente Donald Trump mencionó ante líderes del sector petrolero la posibilidad de que el cerco impuesto a puertos iraníes se prolongue “durante varios meses”. “El bloqueo es algo más efectivo que los bombardeos. Se están asfixiando”, declaró Trump al portal Axios, según el cable de AFP. El mandatario agregó que la acción naval no terminaría hasta conseguir un acuerdo con Teherán para abordar su programa nuclear.
El mercado leyó esa señal como un riesgo de oferta más persistente. “El contexto geopolítico no muestra signos de calma. Las capacidades de almacenamiento están saturadas en el Golfo, las exportaciones son limitadas y el riesgo ya no se limita a la simple pérdida de suministro, sino que ahora abarca la caída duradera de la producción”, advirtió Stephen Innes, de SPI Asset Management, citado por AFP.
La Agencia Internacional de la Energía ya había señalado en su reporte de abril que la reanudación de los flujos por Ormuz era la variable más importante para aliviar la presión sobre los suministros, los precios y la economía global.
La escalada del petróleo reaviva un escenario especialmente incómodo para la economía global: más inflación energética, mayores costos de transporte y presión sobre bancos centrales que todavía intentan consolidar el proceso de desinflación. “Con el estrecho de Ormuz aún cerrado, crece el temor de un shock estaflacionista prolongado”, advirtió Jim Reid, economista de Deutsche Bank, citado por AFP. La estaflación combina bajo crecimiento con inflación elevada, un cuadro que reduce el margen de acción de los gobiernos y de las autoridades monetarias.
Las consecuencias ya se reflejaron en los mercados. Según AFP, la Bolsa de Tokio cerró con una baja de 1,1%, Hong Kong retrocedió 1,3% y Shanghái terminó casi sin cambios, con una mejora marginal de 0,1%. AP también informó que las bolsas asiáticas y europeas operaban con señales mixtas, mientras el crudo se mantenía bajo presión por la crisis en Medio Oriente.
Para países importadores netos de energía, el encarecimiento del petróleo implica un golpe directo sobre la balanza comercial y los precios internos. Para productores, en cambio, puede mejorar ingresos por exportaciones, aunque con el costo de una mayor volatilidad financiera y de un posible freno de la demanda global. En el caso argentino, el shock tiene una doble lectura: puede mejorar el atractivo de los proyectos ligados a Vaca Muerta y al sector energético, pero también tensiona el precio de los combustibles, los costos logísticos y las expectativas de inflación si el crudo se mantiene en estos niveles.
La disparada del petróleo también reactivó los llamados internacionales para acelerar la transición hacia energías limpias. En una reunión organizada por la Agencia Internacional de la Energía en París, en la antesala de la COP31 que se realizará en Antalya, Turquía, funcionarios climáticos y representantes del sector energético plantearon que la crisis actual expone la vulnerabilidad de una economía global todavía dependiente de los combustibles fósiles. “La crisis del costo de los combustibles fósiles ya tiene el pie en la garganta de la economía global”, afirmó Simon Stiell, jefe climático de la ONU, según AFP. Y agregó: “De esta tragedia se despliega una inmensa ironía: quienes han luchado para mantener al mundo enganchado a los combustibles fósiles están, sin querer, impulsando el auge global de las energías renovables”.
