El emblemático edificio de la antigua fábrica de Alpargatas, en el barrio porteño de Barracas, será transformado en un complejo residencial, comercial y de oficinas. El proyecto, llamado Palacio Molina, demandará una inversión de US$100 millones y contempla lofts, oficinas, locales y amenities.
Sobre la avenida Regimiento Patricios 1053, en el barrio porteño de Barracas, se levanta un edificio que marcó historia en la Argentina y que está ligado a uno de los productos más típicos de la cultura nacional: las alpargatas. Allí funcionó la fábrica de Alpargatas Argentinas, una compañía fundada en 1890, que se convirtió en símbolo del desarrollo textil durante el siglo XX.
Aunque no fue el único inmueble de la marca, que llegó a ocupar varias manzanas del barrio con sus centros de operaciones, este edificio alberga un valor particular: es el origen del imperio fabril y, a la vez, el único que todavía no sufrió modificaciones. Después de años de abandono, “la fábrica uno” se prepara para una nueva etapa: deja atrás su uso textil para transformarse en un complejo residencial, comercial y de oficinas.
Con su época de esplendor ya lejana, sus restos abandonados siguen visibles y generan cierta nostalgia entre quienes pasan por la zona. Su impronta industrial, marcada por el uso de ladrillo a la vista, estructuras de metal y ventanas de medio punto —que se asemejan a las ruinas romanas— permanece intacta, aunque pasa desapercibida. En cambio, resaltan los vidrios rotos, la pintura descascarada y el pasto crecido. Aun así, su potencial es innegable.
En ese contexto, nace un proyecto que buscará reconvertir el predio sin abandonar su esencia. El desarrollo demandará una inversión aproximada de US$100 millones y se llevará a cabo sobre un lote de 12.765 m², delimitado por la avenida Patricios y las calles Lamadrid, Olavarría y Azara. Con una superficie total proyectada de 58.161 m², el emprendimiento tiene el nombre de Palacio Molina. La obra comenzará en 2027 y contempla la construcción de 187 lofts que van desde los 35 m² hasta los 140 m².
Actualmente, las unidades se encuentran en la etapa de prelanzamiento a un valor de US$1650/m². “Nos está yendo muy bien, hicimos una venta previa para conseguir fondos y comprar el terreno: lanzamos 100 lofts y vendimos 80”, aclara Fernando Barenboim, presidente de la desarrolladora GES, a cargo del proyecto. A su vez, anticipa que después del evento de Casa Foa en octubre, que se llevará a cabo en el predio, el valor del metro cuadrado subirá a US$2000.
También incluirá cinco oficinas de planta libre de 870 m² cada una, con un valor de US$2800/m²; siete locales comerciales de entre 365 m² y 620 m² con precios desde US$900.000; 242 viviendas —que se lanzarán en la segunda etapa— y 250 cocheras. Además de amenities como spa, laguna, gimnasio, bar, pileta cubierta, descubierta y coworking.
En cuanto a la propuesta residencial, los lofts se dividirán en dos tipologías: Distrito Molina y Palacio Molina. Estas últimas unidades estarán ubicadas sobre el patrimonio de 1890 y tendrán detalles y terminaciones superiores. “Intervenir un palacio de 140 años es un desafío. Hay un gran trabajo de refacción, conservación y de puesta en valor”, comenta Guido Barenboim, director general de la desarrolladora GES, y agrega que la estructura se mantendrá “tal cual” sin demoliciones, ya que la visión del proyecto es “conservacionista y preservacionista”.
Entre las intervenciones previstas, se limpiarán las paredes, hasta recuperar el ladrillo original a la vista. “Era el mejor edificio conservado del conjunto, pero fue el último en venderse”, agrega Fernando Barenboim, quien detalla que la compra del terreno se concretó en diciembre de 2025.
En cuanto a los clientes, los desarrolladores explican que son diversos, aunque hay un número considerable de interesados de la provincia de Buenos Aires. “Hay mucha demanda de Avellaneda y de Quilmes donde el proyecto se convirtió en aspiracional”, explican desde la desarrolladora. Es algo que también sucedió en Molina Ciudad, un desarrollo ya finalizado, que se hizo en la fábrica de alpargatas más nueva: “Muchos de los compradores son jugadores de fútbol, que vienen de la Provincia buscando seguridad”, explica Iván Achával Cornejo, fundador de la inmobiliaria homónima y encargado de la comercialización del emprendimiento.
A su vez, el sentimiento barrial es muy importante en la zona: “El que es de Barracas es amante de su barrio y vuelve a él”, indica Fernando Barenboim, e introduce como posibles clientes a residentes del barrio. El interés se traslada a los inversores, ya que, según señala Barenboim, “la rentabilidad es muy alta”. En Molina Ciudad los alquileres se encuentran entre US$600 y US$2000 mensuales, y asegura que está completamente ocupado.
Los expertos coinciden en que este tipo de emprendimientos tiene impacto directo en el entorno. “Recuperar este edificio revaloriza toda la zona. Tenerlo abandonado tiene un impacto negativo muy grande”, señalan. Con más de 70.000 habitantes, Barracas históricamente se destacó por su perfil industrial y su ubicación estratégica. Su cercanía al puerto y las barracas —galpones de almacenamiento— marcaron su identidad productiva durante décadas. Después, se transformó en un enclave residencial de alto nivel, con casonas tradicionales, y quintas sobre la zona.
