El filósofo argentino Darío Sztajnszrajber reflexiona sobre la búsqueda de la verdad, la diferencia entre verdades cotidianas, científicas y filosóficas, y la felicidad según Epicuro, en una entrevista exclusiva.
En una entrevista exclusiva con LA NACION, el filósofo argentino Darío Sztajnszrajber abordó la evolución del concepto de filosofía y la tensión entre la búsqueda tradicional de certezas absolutas y las corrientes contemporáneas. Frente a la pregunta sobre la definición de la filosofía, Sztajnszrajber señaló: “Fue cambiando mucho también la forma en que definimos a la filosofía, su búsqueda. Esa idea, que todavía pervive en muchas corrientes filosóficas, de que la filosofía es la búsqueda de la verdad, genera su problemática cuando algunas corrientes filosóficas establecen que finalmente el ser humano encuentra la verdad y la verdad es que no hay verdad”.
El pensador destacó la influencia de Friedrich Nietzsche con su polémica afirmación: “No hay hechos, sino interpretaciones”. Sztajnszrajber diferenció tres tipos de verdad: la cotidiana, la científica y la filosófica. “La filosofía contemporánea atraviesa un rulo donde algunas posturas concluyen que, finalmente, la verdad es que no hay verdad”, explicó, subrayando que las verdades cotidianas dependen de ejecuciones mecánicas y funcionales para asegurar el buen funcionamiento de la vida diaria.
“Cuando uno incursiona en la filosofía, por ahí es otro tipo de verdad la que uno está de algún modo buscando. Es una verdad, si querés, más ontológica, más como sentido general. Es muy interesante esa diferencia. Las verdades cotidianas, incluso las verdades científicas, están más preocupadas por el cómo. Justamente por el buen funcionamiento de las cosas”, sostuvo Sztajnszrajber. Y agregó: “Una cosa es que la cosa funcione y otra cosa es que sea verdadera. Y ahí es como para discutir qué buscamos en nombre de la verdad. Lo podés asociar a un propósito existencial, más trascendente”.
En cuanto a la felicidad, el filósofo rechazó las fórmulas de éxito personal que proliferan en redes sociales y rescató el concepto epicúreo de ataraxia, definido como “la imperturbabilidad del alma y la búsqueda de placeres mínimos”. Recordó una anécdota con su madre, quien sintetizó la felicidad como la ausencia de molestias externas, coincidiendo con la noción de independencia epicúrea. Sztajnszrajber admitió que, a los 58 años, no posee una respuesta definitiva sobre el propósito de la vida, pero destacó que su realización personal surge del deseo de saber y del ejercicio del asombro constante.
