El 1 de junio de 1946, Ion Antonescu, mariscal y líder de Rumania entre 1940 y 1944, fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento tras ser condenado por crímenes de guerra. Su muerte puso fin a un régimen aliado de la Alemania nazi responsable de cientos de miles de muertes.
El 1 de junio de 1946, a las 18:00, un pelotón de fusilamiento de 16 hombres ejecutó a Ion Antonescu, mariscal y líder de Rumania entre 1940 y 1944, junto a otros tres miembros de su gabinete. Antonescu había sido condenado por crímenes de guerra y traición. Tras recibir la descarga, cayó al suelo pero seguía con vida. El comandante del pelotón se acercó y le disparó dos tiros de gracia. Antonescu falleció pocos días antes de cumplir 64 años.
Antonescu llegó al poder el 4 de septiembre de 1940, cuando el rey Carol II lo nombró primer ministro. Dos días después, obligó al monarca a abdicar y colocó en el trono a Miguel I, hijo del rey depuesto. Se autoproclamó ‘conducător’ y estableció un gobierno autoritario, ultranacionalista y anticomunista.
En noviembre de 1940, Antonescu alió a Rumania con las potencias del Eje, lideradas por Adolf Hitler. El 22 de junio de 1941, tropas rumanas participaron en la invasión de la Unión Soviética (Operación Barbarroja). Durante la guerra, las fuerzas rumanas cometieron crímenes contra civiles, incluidos judíos, gitanos y opositores comunistas. Entre los hechos documentados se encuentran el pogromo de Iași (28 de junio de 1941), donde murieron unos 13.200 judíos, y las matanzas en la región de Transnistria, donde se estima que fallecieron entre 280.000 y 380.000 personas, en su mayoría judíos.
La derrota del Eje en la batalla de Stalingrado (1942-1943) marcó el inicio de la caída de Antonescu. El 23 de agosto de 1944, el rey Miguel I ordenó su detención tras negarse a romper relaciones con Hitler. Antonescu fue enviado a Moscú y, dos años después, regresó a Rumania para ser juzgado por un tribunal popular. Fue condenado por traición y crímenes de guerra, incluyendo la deportación y muerte de judíos, gitanos y opositores políticos.
El juicio concluyó el 16 de mayo de 1946. Todos los acusados fueron condenados a muerte. La ejecución se realizó en las afueras de la prisión de Jilava. Tras el fusilamiento, el cuerpo de Antonescu fue incinerado y sus cenizas esparcidas en el cementerio de Jilava, para evitar que su tumba se convirtiera en lugar de veneración.
