El costo de mantener oficinas vacías —alquiler, mantenimiento, servicios— se convirtió en una variable clave en el segundo semestre de 2026, cuando los presupuestos corporativos se ajustan y los modelos laborales continúan en transición.
El costo de mantener una oficina vacía —alquiler, mantenimiento, servicios y metros subutilizados— se convirtió en una variable que las empresas peruanas revisan con mayor rigor en el segundo semestre de 2026, cuando los presupuestos se ajustan y los modelos laborales siguen en transición.
En Lima, el mercado de oficinas Clase A registró una vacancia de 10,71% al cierre del primer trimestre de 2026 y una absorción neta de 17.763 m², según la consultora inmobiliaria Binswanger. El dato confirma demanda activa, pero también una selección más exigente: las empresas evalúan ubicación, servicios incluidos, conectividad y capacidad de ajustar el espacio sin quedar atadas a estructuras poco funcionales.
Durante años, el mercado corporativo operó bajo contratos largos, metrajes fijos y oficinas para equipos que asistían todos los días. Ese modelo convive ahora con compañías que crecen por proyecto, áreas que se reorganizan con frecuencia y equipos que no trabajan de manera presencial permanente.
Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, sostuvo que el mercado regional atraviesa una etapa en la que la flexibilidad inmobiliaria gana peso por los cambios en la forma de trabajar y la necesidad de preservar margen de maniobra. “Cuando el mercado ofrece alta certeza, muchas empresas pueden optar por contratos inmobiliarios tradicionales de largo plazo. En escenarios de mayor incertidumbre, los formatos flexibles permiten ajustar espacios, plazos y configuración de equipos sin comprometer la operación futura”, señaló.
El estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, elaborado por WeWork y Michael Page, indica que el 48% de los trabajadores en Perú ya labora de manera completamente presencial, frente al 16% registrado en 2023. El modelo híbrido continúa siendo el preferido por el 54% de los encuestados. Ese contraste transforma el cálculo empresarial: el espacio físico debe responder a usos más específicos, como reuniones estratégicas, mentoría, colaboración o capacitación.
Hidalgo describió ese cambio como una reconfiguración del rol de la oficina. “Para algunas compañías, el reto será no sobredimensionarse; para otras, asegurar espacios que puedan ajustarse a equipos híbridos, áreas por proyecto o cambios en la operación. En ambos casos, la rigidez termina convirtiéndose en un costo”, advirtió.
