El campo experimental CAETEC del Tecnológico de Monterrey en Querétaro combina prácticas agrícolas tradicionales con tecnologías como sensores de transpiración, robots de ordeñe y drones, en un proyecto que vincula la producción agropecuaria con la formación académica.
Una planta pierde agua y una balanza de alta precisión registra la diferencia de peso. Con ese dato, el sistema calcula la transpiración y determina el momento del próximo riego, sin intervención humana directa. Esta escena forma parte del trabajo que se realiza en el CAETEC, el campo experimental del Tecnológico de Monterrey en Querétaro, México.
El predio incluye cultivos de maíz, tomates, pimientos, vides y ganado vacuno, junto con estaciones meteorológicas, aplicaciones, robots y drones. Cada dispositivo responde a preguntas tradicionales del sector: cantidad de agua requerida por una planta, resistencia de variedades a enfermedades, alimentación y producción animal, y condiciones para obtener frutos de calidad.
Origen y desarrollo del CAETEC
El CAETEC se originó con el campus Querétaro. Arturo González de Cosío, director del campo, indicó que el primer director del campus, Rafael Rangel Sostmann, debió evitar carreras ya ofrecidas en la región, por lo que se optó por Agronomía. La ubicación geográfica favoreció luego la llegada de industrias y empresas. Actualmente, estudian allí jóvenes de distintas regiones de México, muchos provenientes de familias vinculadas a actividades productivas.
El campo acompañó los cambios del sector agroalimentario. A comienzos del siglo XXI se incorporaron invernaderos y se recuperó el cultivo de la vid. Posteriormente llegaron la agricultura protegida y los sensores. Según González de Cosío, la pandemia aceleró la adopción de dispositivos de medición.
Uso de datos y formación académica
La información generada en el CAETEC se utiliza en otros campus. Un estudiante en Guadalajara puede recorrer el establo mediante herramientas de inmersión y trabajar con datos de Querétaro. El campo recibe anualmente a más de cien profesores y alrededor de 2.400 estudiantes.
Gestión del agua
Querétaro se ubica a unos 1.800 metros sobre el nivel del mar, con pocas precipitaciones y sin ríos importantes. El abastecimiento depende de perforaciones de hasta 150 metros de profundidad. González de Cosío explicó que la consigna institucional es aprender a trabajar con menos agua. Todo el campo dispone de riego por goteo y sistemas de aspersión.
Los invernaderos presentan diferencias deliberadas: algunos requieren apertura manual de ventanas, mientras que otros utilizan estaciones meteorológicas para decidir automáticamente. José Antonio Ramírez, docente del sector agrícola, señaló que el trabajo se organiza en cuatro variables: nutrición, sanidad, genética y clima. Los tanques junto al sistema de riego contienen fertilizantes que la computadora dosifica según especie y etapa de desarrollo.
“Buscamos que cada gota que ocupe la planta, sea cada gota que reciba”, afirmó Ramírez.
Monitoreo y control de plagas
Los sensores no reemplazan la observación directa. Una plataforma combina datos de dispositivos con registros tomados manualmente. En uno de los invernaderos, una balanza detecta variaciones de peso por transpiración y establece el intervalo de riego, que en verano puede ser de unos quince minutos.
En el cultivo de pimientos, para reducir productos químicos, se liberan insectos benéficos como el ácaro swirskii, que depreda al trip, un insecto transmisor de virus.
Viñedo y monitoreo ambiental
El viñedo contiene ocho variedades de uva, con diferentes tecnologías de riego. Sergio Sebastián Caballero Chávez, coordinador de Mantenimiento Operativo, mostró un sistema de control de fertilización y consumo de agua. Una red de sensores registra temperatura y humedad, y algunos funcionan con células fotovoltaicas. Se identificaron doce zonas de investigación para seguimiento de intervenciones.
Producción lechera con robots
El establo utiliza robots de ordeñe y cada vaca lleva identificación electrónica. Guadalupe López, médica veterinaria zootecnista, afirmó: “No es solamente una lechería, no estamos produciendo solamente leche, estamos produciendo una granja del siglo XXI”. Cada animal tiene un microchip que registra producción, salud y comportamiento. Las vacas tienen nombre propio y los corrales se organizan según estado y producción, con un promedio de 42 litros diarios por vaca en invierno.
El ordeñe es voluntario: la vaca se acerca al robot cuando lo necesita. El sistema lee su identificación, limpia los pezones y coloca las unidades de ordeñe en unos siete minutos y medio. Si detecta leche con antibióticos, la deriva al desagüe. Además, alimentadores individuales registran la ingesta y tres equipos miden emisiones de metano. González de Cosío indicó que el cruce entre alimentación, producción y emisiones es el principal proyecto de investigación del establo.
Integración de cultivos y ganado
El maíz cultivado se cosecha como forraje para las vacas. La calidad del forraje determina la dieta suplementaria. La formulación considera precios de insumos, pero los cambios deben ser graduales para no afectar el rumen animal.
Uso de drones
Un dron agrícola, desarrollado por la empresa MXD en Querétaro, aplica herbicidas, plaguicidas o nutrientes y cubre más de 25 hectáreas por hora. Esteban Domínguez, egresado del Tec y representante de MXD, señaló que entre el 70 y 80% de la manufactura se produce en México. El software de gestión de datos también se desarrolló en Querétaro.
El recorrido por el CAETEC muestra la integración de disciplinas como agronomía, veterinaria, mecatrónica, sistemas, estadística e ingeniería industrial. La información generada se compara, prueba y discute, y luego se incorpora al aula.
