El debate por la nueva Carta Orgánica del Banco Central excede la discusión sobre la emisión monetaria y alcanza la previsibilidad que necesita la inversión privada. En diálogo con Ronda de Economistas (RDEco), por +Perfil, Leandro Mora Alfonsín, Santiago Llull, Pablo Curat y Maximiliano Ramírez analizaron el impacto de la reforma y la necesidad de reglas sostenibles en el tiempo.
El debate por la nueva Carta Orgánica del Banco Central excede la discusión sobre la emisión monetaria y también alcanza la previsibilidad que necesita la inversión privada. En diálogo con Ronda de Economistas (RDEco), por +Perfil, el nuevo canal de Editorial Perfil, Leandro Mora Alfonsín, Santiago Llull, Pablo Curat y Maximiliano Ramírez analizaron el impacto de la reforma y la necesidad de establecer reglas que puedan sostenerse en el tiempo.
Para Mora Alfonsín, las reformas institucionales pueden mejorar el entorno de negocios, aunque no constituyen el principal determinante de una inversión. “Siempre lo fundamental en cualquier segmento de la economía es la rentabilidad”, sostuvo, y remarcó que la estabilidad del Banco Central también puede tener valor para un mercado que busca previsibilidad.
Reglas estables y previsibilidad para la inversión
Mora Alfonsín consideró que una mayor estabilidad del Banco Central puede ser valorada por el mercado. “Si una de las necesidades identificadas en la Argentina es la inestabilidad macroeconómica de las últimas cinco décadas, poner el ojo en que el Banco Central tenga los grados de libertad como para garantizar la lógica de la estabilidad tiene un valor”, explicó.
El economista, sin embargo, sostuvo que la rentabilidad continúa siendo el factor central para definir una inversión. “Nadie pone plata si sabe que no va a ganar plata, que va a crecer, que va a exportar más, a vender más, a contratar más”, agregó.
Santiago Llull planteó otra mirada sobre la reforma y cuestionó si limitar las herramientas del Banco Central podría significar un cambio permanente en las condiciones de juego. “Me preguntaba si estamos achicando la cancha de fútbol”, planteó, al advertir que distintos gobiernos pueden tener necesidades económicas diferentes.
Pablo Curat coincidió en que la estabilidad de las reglas es fundamental. “El cambio de las reglas de juego permanente lo único que hace es eventualmente producir efectos electorales de corto plazo”, afirmó. A largo plazo, sostuvo, genera incertidumbre: “La gente empieza a decir ‘¿y si cambia qué?, ¿y si esto no es así?’ y entonces espero”.
Por eso, Curat consideró que “lo que más garantiza la permanencia de la inversión en el tiempo es el consenso” y propuso “coordinar políticas en las que estamos de acuerdo más o menos en algunas cuestiones básicas”.
Emisión, déficit y una reforma difícil de revertir
Uno de los objetivos centrales de la reforma es limitar el financiamiento del Tesoro mediante el Banco Central. Curat advirtió sobre el alcance que tuvieron históricamente esas herramientas: “El Banco Central es una especie de Papá Noel que siempre está en capacidad, no solo los 25 de noviembre sino todo el año, de satisfacer todo tipo de necesidad fiscal, electoral o lo que fuera”, graficó.
Para Maximiliano Ramírez, el problema está relacionado con la falta de políticas de Estado. “Si vos tenés una política de Estado, no tenés que modificar mucho”, sostuvo. Pero advirtió: “El problema es que no tenemos políticas de Estado y cada gobierno que viene va acomodando la regla en función a lo que necesitamos”.
Ramírez planteó entonces la necesidad de encontrar un equilibrio entre reglas rígidas y discrecionalidad: “Si hay una política de Estado en el medio que todos sepamos que si hay ciertos problemas no podemos emitir, con cierto límite, con cierto tope, no tendríamos que estar discutiendo esto”.
Curat, en tanto, interpretó la reforma como consecuencia de un cambio previo en la realidad económica. “Primero, superávit fiscal y después independencia del Banco Central”, afirmó. Y explicó que, con las cuentas públicas más ordenadas, “es algo a lo que se puede aspirar”.
El exdirector del Banco Central destacó además una consecuencia política de establecer nuevas reglas: “Para el que la quiera dar vuelta, es más complicado, porque no sólo tiene que dar vuelta a la ley, tiene que dar vuelta a la realidad también”.
