Consultoras y funcionarios proyectan un superávit comercial energético de hasta USD 50.000 millones anuales para 2034 y un aporte adicional de USD 80.000 millones para 2033 sumando minería, agro e industria del conocimiento. El debate se centra en cómo se distribuirán esos recursos y su impacto en la estructura social.
Hacia el año 2030, la sociedad argentina podría contar con recursos económicos sin precedentes en su historia, según proyecciones de consultoras especializadas y estimaciones oficiales. El excedente comercial energético, impulsado por petróleo y gas, alcanzaría los USD 31.000 millones en 2031 en un escenario intermedio, de acuerdo con Aleph Energy, consultora que trabaja con Ecolatina. En un escenario optimista, que incluye el desarrollo de infraestructura para exportar gas natural licuado (GNL), la cifra ascendería a USD 43.000 millones en 2031 y a USD 50.000 millones en 2034, manteniéndose constante en adelante.
Horacio Marín, presidente de YPF, comentó recientemente proyecciones similares e indicó que la empresa prevé alcanzar los USD 50.000 millones anuales un poco antes. A esto se suma el sector minero, con previsiones oficiales de la Secretaría de Energía que estiman USD 20.000 millones para 2031 y USD 26.000 millones anuales para 2035.
Dante Sica, fundador de la consultora Abeceb y exministro de Producción y Trabajo, elaboró una proyección integral que incluye energía, minería, agro e industria del conocimiento. Según su análisis, esos cuatro sectores generarían para 2033 USD 80.000 millones más que en 2024. Si se cumplen los escenarios optimistas de Aleph o YPF, el cálculo de Sica podría resultar conservador.
Los actores que trabajan e invierten en estos cuatro motores afirman que no se trata de una utopía, sino de un plan real y viable. Sostienen que el país pasaría a un nuevo escenario económico con mayores oportunidades de mejorar la calidad de vida.
El debate se centra en cómo se configurará ese territorio de nueva abundancia. Preguntas sobre la conexión entre la cordillera y la pampa húmeda con el resto del territorio, la distribución del dinero entre las regiones y la articulación de la extracción con la producción, construcción y comercio. Estos tres sectores, junto a la administración pública, representan el 44% del PBI y el 51% del empleo, según un análisis de Ecolatina basado en datos del EMAE (Indec). Actualmente enfrentan caída de actividad, pérdida de empleos formales y retracción del salario real, afectando a la clase media baja y la clase baja trabajadora, que suman más de 25 millones de habitantes.
Las proyecciones de Aleph indican que ya en 2028 el superávit energético superaría los USD 20.000 millones. El momento de decidir políticas de distribución y desarrollo es cercano, según los análisis.
En paralelo, el avance de la inteligencia artificial plantea interrogantes sobre la toma de decisiones. Henry Kissinger, en sus libros póstumos, advirtió sobre la necesidad de una guía filosófica para la tecnología. El Foro de Davos presentó la matriz «Skills 2030», que incluye la «mentalidad ampliada», combinando experiencia en IA con pensamiento crítico y adaptabilidad. Garry Kasparov propuso el «pensamiento centauro», colaboración hombre-máquina. Darío Amodei, CEO de Anthropic, pidió una ralentización en desarrollos de vanguardia de IA, con el apoyo de Sam Altman y Elon Musk.
El sociólogo Richard Sennett, en su ensayo El artesano, afirmó: «El gran desafío que la sociedad moderna debe afrontar es pensar como artesanos que hacen un buen uso de la tecnología».
