La autora de ‘La noche que el diablo me desnudó’ narra en una novela autobiográfica el proceso que la llevó a revelar su condición de salud, diagnosticada en 2004, y las consecuencias emocionales de mantener el secreto.
Marcela Canelo recibió un diagnóstico de VIH en el Policlínico Bancario, el mismo hospital donde había nacido, a los 31 años. Según relata en su libro La noche que el diablo me desnudó (Editorial De los Cuatro Vientos, 2026), la información permaneció oculta durante veinte años, con excepción de su marido y su equipo médico y terapéutico.
En una entrevista, Canelo declaró: «Quiero que mis hijos puedan contarme sus dolores, sus dificultades y sus penas; que sepan que no tienen que esconder lo que les pasa para cuidar a los demás y menos a sus padres. Pero para poder ofrecerles esa libertad, primero tenía que empezar por mí misma».
Canelo, oriunda de Marcos Paz, se define como mujer heterosexual, católica devota y casada. Señaló que su perfil no coincidía con el estereotipo asociado al virus y que el temor al estigma social la llevó a mantener el secreto. Años después del diagnóstico nacieron sus dos hijos, Violeta y Caetano, sanos.
La autora afirmó que el VIH está relacionado con la sexualidad y que esta continúa siendo un tabú en la sociedad. «Miles de años de represión y de miedo dejaron una huella muy profunda sobre nuestros cuerpos y nuestras experiencias sexuales», sostuvo.
Canelo indicó que, para liberar el secreto, debió regresar a su infancia en Marcos Paz, donde, según escribe, vivió situaciones de violencia familiar. En un fragmento de su libro relata: «Mi miedo cotidiano y mi atención extrema por observar si mamá tenía un buen día o no, me llevaban a permanecer en un estado de alerta y tensión constante».
Consultada sobre las consecuencias de callar, Canelo manifestó: «Todo lo que callamos, generalmente por miedo, termina pesándonos de una manera tremenda y puede afectar tanto nuestra salud física como mental. El cuerpo siempre habla, los secretos, tarde o temprano, encuentran alguna forma de manifestarse».
La autora sostuvo que el VIH la enfrentó a la muerte y le recordó que la vida es finita. «Me invitó a dejar de ser esa mujer condicionada que tenía que cumplir con normas impuestas y me empujó a descubrir quién realmente anhelo ser», declaró.
Actualmente, Canelo tiene 54 años y afirma sentirse «más viva que nunca». Respecto de su entorno, expresó que sus hijos son quienes más le importan y que su hija Violeta le dijo que es «otra persona».
