El candidato del Partido de los Trabajadores se impuso a Jair Bolsonaro por un margen de 3,58 puntos porcentuales. La elección evidenció una sociedad dividida y plantea desafíos de gobernabilidad.
Luiz Inácio Lula da Silva ganó el balotaje presidencial de Brasil celebrado el 30 de octubre con el 50,9% de los votos, frente al 49,1% obtenido por Jair Bolsonaro, según los resultados oficiales. La diferencia fue de 3,58 puntos porcentuales.
La primera vuelta, realizada el 2 de octubre, había colocado a Lula en primer lugar con el 48,43% de los sufragios, mientras que Bolsonaro obtuvo el 43,20%. En esa instancia, Flavio Bolsonaro, hijo del presidente, había obtenido el 47,03% en una encuesta, pero los comicios definitorios revirtieron parcialmente ese resultado.
El balotaje brasileño es el octavo en la historia del país, pero es la primera vez que un candidato que perdió la primera vuelta gana la segunda. En América Latina, durante las últimas cuatro décadas, hubo reversión del resultado en aproximadamente tres de cada diez balotajes.
El sistema político brasileño combina un Poder Ejecutivo de izquierda con un Congreso de mayoría derechista, lo que, según analistas, podría derivar en un esquema de cohabitación. Además, Bolsonaro enfrenta una orden judicial que le prohíbe salir del país y le retuvo el pasaporte; el martes 1 de noviembre, fuentes oficiales confirmaron que se encontraba en Estados Unidos.
La Argentina, que tiene balotaje desde la reforma constitucional de 1994, lo utilizó en dos oportunidades: en 2015, Mauricio Macri venció a Daniel Scioli por 2,68 puntos, y en 2023, Javier Milei superó a Sergio Massa por 11,30 puntos. En ambos casos, quien perdió la primera vuelta ganó la segunda.
Según el Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo, Brasil lidera en América la lista de países más polarizados, seguido por Nicaragua y Perú. El Edelman Trust Barometer señala que tres de cada cuatro latinoamericanos encuestados tienen resistencia a confiar o interactuar con ciudadanos de facciones opuestas.
