Con la llegada del calor, las aguas del Río de la Plata modifican las especies disponibles para la pesca deportiva. Pablo Llaver, presidente del Club de Pescadores Buenos Aires, detalla las variedades que aparecen en verano, las técnicas utilizadas y los efectos del fenómeno de El Niño en la actividad.
Con la llegada del calor, las aguas del Río de la Plata cambian de protagonistas: si durante el invierno el reinado era de los pejerreyes, en las puertas del verano emergen las carpas, la boga, el dorado y el surubí.
“En noviembre y diciembre, la pesca toma protagonismo”, asegura Pablo Llaver, presidente del Club de Pescadores Buenos Aires, parte de una comunidad -la de los aficionados a la pesca- que en Argentina no es menor: se calcula que en el país cuatro millones de personas están vinculadas a la pesca deportiva.
“En invierno lo que más se pesca son los pejerreyes, pero en verano aparecen otras variedades. Si bien los surubíes no salen tanto como en el norte, están. Por Buenos Aires uno puede pescar mucho a los más cachorritos, chiquitos”, dice. “La boga también toma protagonismo y la carpa, si bien sale todo el año, en esta época pica más”.
Llaver explica que estas especies se pescan a través de varias técnicas. “Algunos pescan la carpa con un ensueño con maíz, otros con pasta, otros con maíz y pasta. Por lo general, la boga se pesca con maíz, aunque también se puede pescar con lombriz”.
La pesca de verano tiene, este año, un desafío particular: sobreponerse al fenómeno que está provocando intensas lluvias en todo el país y promete traer eventos de tormenta y granizo hasta fines de febrero.
El Niño, explica Llaver, está provocando cambios en las estaciones que, como es de esperar, repercuten en los peces.
“Este año aparecieron muchos dorados que han venido con las diferentes corrientes. Casi todos los días durante el año, alguien pescó un dorado por la zona de Buenos Aires. Eso es extraño. Históricamente el dorado se iba en invierno y volvía en verano, y a veces ni siquiera en verano aparecía. Pero este año, por el aumento en la temperatura del agua, se ha quedado un cardumen acá todo el año”.
Llaver también recomiendo para este año alejarse algunos kilómetros de la Capital Federal, y viajar a sitios como Entre Ríos, donde además de la pesca de verano ya mencionada se podrán pescar tarariras, o San Pedro, donde también aparecerá el chafalote.
“El chafalote es un pescado muy peleador, igual que la tararira, el dorado. Cuando uno los pesca no te la hacen fácil, saltan, pelean. La boga también te pelea un montón. Va para un lado, para el otro, trata de escapar. Eso es lo que tiene de lindo la pesca de verano, que es mucho más entretenida”.
Llaver aclara que de todos modos, en Argentina, también hay gente que de todas maneras es fanática del pejerrey. “Hay días que son el polo sur, y vos ves que en la escollera, en medio de una sudestada con viento y frío, la gente está ahí pescando pejerreyes”.
El pejerrey, a diferencia de los peces de verano, es un pez que aparece más a flote. “Cuando lo pescás, ves cómo la bollita se hunde -explica-, pero no pelea tanto como los de verano”.
Para principiantes
Para quienes quieran sumarse a la pesca deportiva en los próximos meses, lo ideal, según el presidente del Club de Pescadores Buenos Aires, es que comiencen con una caña de 2,5 metros o a lo sumo tres metros, que tenga “reel frontal, que es más fácil de usar que el rotativo, con líneas de flote y de fondo para ir buscando tanto en la superficie como en el fondo del agua los peces”.
Llaver suma una última recomendación para los principiantes: “Este año, en las lagunas, con tanta agua de lluvia, volvieron los peces. Les recomiendo que paseen por las encadenadas de Chascomús, San Pedro, que hoy son lugares donde se pesca muy bien. Están cerca, a ciento cincuenta kilómetros de Capital Federal, y son una gran opción. Veremos cómo siguen las lluvias, pero realmente es para aprovechar”.
Para terminar, lanza una última advertencia: “Este verano va a haber mucha agua. Ojalá que no demasiado, que no nos tape. En algún momento tendrán que abrir las compuertas de las represas del norte, que se desbordarán de agua, y veremos qué pasa. Todo ese agua va a venir para acá. Si se mantiene como ahora, la pesca nos va a brindar un ritual para compartir, la posibilidad de estar en la naturaleza, y todo su encanto. Ojalá podamos hacerlo mucho este verano”.
