Nueva era K, certezas y varias incógnitas

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Como decía una vieja cortina radial, en la Argentina una nueva hora comienza. O tal vez sea una nueva era. En el país político acaba de empezar otra etapa K.

Es el tiempo de predominio de la hermanísima presidencial y secretaria general de la presidencia, Karina Milei, consolidado con el control de un nuevo ministerio clave, como es el de Justicia, en desmedro del ya declinante poder de Santiago Caputo. Un tiempo que empieza a dejar algunas certezas y abrió varias incógnitas que el tiempo muy pronto develará.

La primera certeza es que se definió la estructura política cuya misión central tiene una fecha fijada en el calendario: octubre de 2027. El operativo reelección de Javier Milei ya está efectivamente en marcha a cargo del nuevo triángulo, ahora escaleno, cuyo vértice ocupa Karina Milei y completan los primos Martín y Eduardo “Lule” Menem, al que asiduamente se suma el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, para convertirse en un rombo.

La coreografía representada ayer durante la asunción del nuevo ministro, Juan Bautista Mahiques, no pudo ser más explícita. El congeladísimo saludo que se prodigaron, a la vista de todos, la secretaria general de la Presidencia y el asesor no alcanzó a ser compensado por el apretado y extenso abrazo que le dedicó el Presidente a su (¿ex?)gurú. Expresión de un vínculo emocional entre ambos que dicen que se mantiene.

El “arquitecto de la victoria”, como en 2023 llamó Milei a su entonces asesor estrella, está excluido del nuevo núcleo del poder. Al menos, por ahora. Aunque todavía Caputo conserva una jurisdicción crucial, como es la de los organismos de inteligencia del Estado, que el karinismo tiene apuntada como la próxima colina por conquistar. La recolección y manejo de información reservada y sensible es esencial para el ejercicio poder. Todos los sectores en pugna lo saben demasiado bien.

Lo que pasará con esa área es una de las preguntas clave de la hora, ya que no es un secreto para nadie el vínculo aceitado con el mundo de los espías que aquilatan Mahiques y su no tan segundo, Santiago Viola, a cargo de la cartera de Justicia. Tanto como lo que ha significado y sigue significando ese universo en el vínculo con el Poder Judicial. Agentes orgánicos e inorgánicos, viejo y nuevos y de distintas eras geológicas tienen terminales en este esquema.

Pero hay más preguntas abiertas de esta nueva etapa, que empezó a cristalizarse con el triunfo en las últimas elecciones legislativas. Y están relacionadas con temáticas de fuerte impacto institucional y en la esfera pública.

Entre ellas se cuentan, yendo de menor a mayor, y por cuestiones de urgencia y viabilidad, la integración de la Corte Suprema, la designación del Procurador General de la Nación (jefe de los fiscales) y la pretensión de empezar a planificar una reforma constitucional, acorde con el tiempo libertario.

Aunque en materia de urgencia y efectos acaban de aparecer versiones más relevantes sobre un tema de enorme impacto político y social, nacional e internacional, sobre el que algunos actores políticos con contactos estrechos en la cima del mileísmo dicen haber visto algo más que un borrador y respecto de lo cual en el flamante equipo de Justicia no niegan la existencia de una iniciativa, sino que prefieren decir que no quieren saber del tema. “Trataremos de evitar que nos caiga y de que pase, al menos, por ahora”, dicen.

Se trata, nada menos, que de un supuesto proyecto de indulto para militares detenidos (condenados o procesados) por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, de cuyo comienzo se cumplirán 50 años el 24 de marzo. Una explosiva manera de evocarlo para seguir refundando el país al uso mileísta, a contracorriente, una vez más, de los paradigmas y consensos establecidos y alcanzados a partir de la recuperación de la democracia.

Por ahora, en la Casa Rosada no hacen referencias públicas y, según pudo saberse, no es un tema sobre el que se haya pedido medir su potencial impacto en la opinión pública a alguno de los consultores a los que suele recurrir el Gobierno. O, al menos, el equipo del declinante exgurú Caputo.

Polarizar y provocar suelen ser dos verbos que los nuevos gobiernos políticamente iliberales suelen conjugar indisolublemente. Si se avanza, habrá que ver si la sociedad cambió tanto en estos años para atravesar otro umbral no solo de lo posible sino siquiera de lo decible. “Menem lo hizo” podrían replicar los promotores. “En otro contexto”, podrían responder los opositores.

Más allá de estas incógnitas y especulaciones más que relevantes, entre las certezas de la nueva etapa se cuenta en el plano de la Justicia la designación y la elevación para su tratamiento en el senado de alrededores de tres centenares de nombres para cubrir las vacantes en el Poder Judicial de la Nación. Un asunto de enorme importancia, cuya demora agrava el mal funcionamiento de la Justicia, y sobre el que este Gobierno no ha avanzado nada en más de dos años.

“El problema es que ahora podría retrasarse más porque la mayoría de esas propuestas surgieron del equipo desplazado y, particularmente, tienen la huella de Sebastián Amerio. Así que el karinismo seguramente querrá revisarlos”, dice un integrante del Consejo de la Magistratura con conocimiento de causa.

Como se sabe, el ahora exviceministro de Justicia respondía a Santiago Caputo y fue removido deshonrosamente y sin aviso mientras presidía la reunión de una comisión del Consejo de la Magistratura. No debió extrañar que Amerio ayer fuera una de las ausencias notorias en la jura de Mahiques.

De todas maneras, ese tal vez ese no sea motivo para una dilación. Los más informados sobre la actividad de la silente hermanísima dicen que hace tiempo ya venía revisando cuidadosamente la lista de los candidatos a jueces, al menos, de los postulados a los juzgados más sensibles para el poder.

Las causas ya abiertas en el último año contra los hemanos Milei y otros funcionarios del Gobierno parecen haber servido de lecciones para un veloz aprendizaje. Proteger la retaguardia y la retirada son principios básicos para el presente y el futuro de los poderosos. Más cuando las acusaciones de irregularidades no solo son patrimonio de opositores sino que también es insumo de la guerra interna.

El celo que, dicen, ha puesto Karina con la asistencia de los primos Menem y asesores de su círculo para revisar los pliegos de jueces y fiscales es equiparable con el que ese triángulo puso para confeccionar las listas de candidatos para las elecciones legislativas.

Es el mismo celo que ya están poniendo para detectar y empezar a instalar postulantes para las elecciones del año próximo, en la que pretenden quedarse con, al menos, media docena de gobernaciones, hoy en manos tanto de adversarios como de aliados o colaboracionistas. Todo a 2007.

Así, con lentes bifocales, mirando los próximos meses y el año que viene, se mueven los integrantes de la nueva geometría del poder, reducida ahora a una línea recta que tiene soldados en los extremos a los hermanos Milei. El ya muy oxidado triángulo de hierro fue sepultado en un funeral deshonroso para la pompa con la que lo presentaba y exhibía Javier Milei. Aunque todavía el integrante desplazado sigue en la Casa Rosada.

“Nos pegaron duro, pero como no fue la primera vez, sino una más de varias, no dolió tanto. Y el camino todavía es largo”, se consolaba ayer uno de los miembros más destacados del caputismo. Aunque, en verdad, el verbo usado no fue golpear. Entre los mileístas, la carnalidad siempre es un lugar recurrente para graficar situaciones de éxitos o derrotas, ya no solo respecto de otros sino también de sí mismos.

El silencio sobre el rotundo avance karinista y el sonoro retroceso caputista que mantuvieron en las redes las milicias digitales de las Fuerzas del Cielo, durante las primeras 24 horas, fue la medida de la magnitud del golpe recibido. La habitual verborragia jactanciosa y pendenciera pareció anestesiada de repente. No esperaban semejante derrota.

El propio Amerio, minutos antes de ser humillado en público, daba por hecho ante algunos miembros del Consejo de la Magistratura de que mantendría su cargo, aunque no ascendería, así como admitía la profundidad de la disputa entre su jefe y “el jefe”.

“Hay que recomponer ese vínculo y yo estoy dispuesto a trabajar para eso, si es necesario bajando el perfil, me dijo Amerio”, contó una de los que habló con él antes de ser obligado a dejar la reunión del Consejo para que le confirmaran su desplazamiento.

Karina Milei y los suyos, con la venia del Presidente, ya habían decidido avanzar a fondo y ejecutar la maniobra para acorralar su adversario y competidor en la influencia sobre Javier Milei.

Sin embargo, nadie da por terminado el asunto, al menos mientras Santiago Caputo controle resortes de poder, como sobre el crucial sistema de espionaje y el Ministerio de Salud, en manos de Mario Lugones, padre de su socio Rodrigo Lugones. Y, sobre todo, mientras el peculiar vínculo afectivo con el Presidente perdure.

El estrecho abrazo de ayer llamó a la cautela a varios que forman parte del Gobierno, pero no del hermético círculo donde se toman las decisiones importantes. Una precaución que ya han adoptado en el flamante equipo de Justicia, empezando por el titular de la cartera.

Para ellos, ese ámbito resulta insondable. Un círculo electrificado al que se acercan con mucha prevención. La impiadosa expulsión de más de dos centenares de altos funcionarios desde que asumió Milei es un cartel luminoso de advertencia permanente.

No debe sorprender, entonces, que alguno de los que más lo conocen y lo frecuentan en la intimidad a Mahiques se apresuraron por destacar que el ministro se caracteriza por “su actitud conciliadora y por evitar conflictos. Además, si bien fue Karina la que lo puso ahí, él tiene una buena relación con Santiago desde hace mucho y la mantiene”. Por si la tortilla se vuelve o quedan cables sueltos.

Tiene mucha lógica esa caracterización. No solo se enrola en una trayectoria en la que Mahiques ha tratado de tener más amigos que enemigos y más acreedores que deudores de favores en el mundo del poder real.

También reafirma que ministro y asesor han compartido muchos lugares y relaciones de diferente naturaleza y condición, no siempre a la luz del día o en lugares de acceso público.

La prolífica cantera creada por el histórico operador radical Enrique Nosiglia sigue dando frutos, aunque varios de las nuevas figuras hayan salido, reporten o compartan usinas que le sucedieron a la casa matriz. El ADN no se mancha ni se puede borrar. Hilos más o menos visibles (o invisibles) los unen con empresarios, jueces, fiscales, sindicalistas, dirigentes del fútbol y espías.

El pedido de renuncia al titular de Inspección General de Justicia, Daniel Vítolo, como primera medida de la gestión Mahiques dice mucho. Vitolo había sido el principal ariete oficialista contra el presidente de la AFA, Claudio “Chiqui” Tapia, y su tesorero Pablo Toviggino.

La argamasa del poder real suele tener una consistencia y una flexibilidad que le permite exceder los límites de los gobiernos y los climas de época, sin estar sometida a las mismas restricciones que la mayoría. Al menos, en la Argentina de estos tiempos.

De todas maneras, vale tener en cuenta que el Presidente acaba de anunciar que la de su gobierno ya no es solo una batalla cultural sino también una cruzada moralizante. Estos son sus ejecutores. La nueva era K acaba de comenzar.

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