El cine también puede ser vertical

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Me llamo Agustina Navarro y hago cine.

Lo digo así, sin adjetivos, porque para mí el cine no es un formato ni una pantalla: es una manera de mirar. Escribí y dirigí Tilf, una serie de ficción en formato vertical que acaba de cerrar su primera temporada con un alcance que jamás imaginé, pero lo que más me importa no son los números, sino cómo llegamos hasta ahí.

Tilf fue pensada originalmente como una película. Loli Miraglia, precursora en el desarrollo de series verticales, y su socio Lucas Mentasti confiaron en nosotras y nos propusieron un desafío que nos obligó a repensar el lenguaje: adaptar ese guión cinematográfico al formato de una serie vertical. Ese gesto de confianza fue el punto de partida. Así nació Tilf: de una historia concebida para la pantalla grande que encontró, en el vertical, otra forma de contarse.

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Tilf es un drama erótico que apuesta a la imaginación en una era dominada por lo explícito. Elegimos sugerir antes que mostrar, incomodar antes que exponer, y confiar en el deseo como motor narrativo. Viendo y analizando el resultado, entendimos que ese riesgo fue leído y acompañado por el público.

Tilf nació desde el trabajo invisible. Desde los ensayos. Ensayos largos, intensos, incómodos por momentos, necesarios siempre. Trabajamos la conexión entre los personajes antes de prender una cámara. Buscamos que el vínculo existiera antes de ser filmado. Que el deseo, la tensión, el silencio y la incomodidad no se actuaran: se vivieran. La preproducción fue tan importante como el rodaje. Cada locación fue elegida con obsesión y cuidado para que todo se sintiera real, vivido, posible.

Nada de esto hubiera sido posible sin mi equipo, el mismo que me acompaña desde el primer día en Microcine. Un equipo que entiende el cine como lenguaje y no como contenido. Tilf no fue una idea aislada, sino la continuidad de una forma de trabajar que venimos practicando hace tiempo.

Soy fanática de los lentes anamórficos. Crecí mirando a Godard, entendiendo que la poesía también puede estar en una composición, en un corte abrupto o en un fuera de eje. Me marcó Bertolucci, su manera de filmar los cuerpos y el deseo, y Xavier Dolan, la composición del plano, el color como emoción y la música como relato. Yo compongo desde la música. Escribo con los planos editados en la cabeza. Cuando dirijo, ya estoy montando.

El formato de Tilf fue uno de los mayores desafíos: capítulos de un minuto o un minuto y medio. Un tiempo mínimo que obliga a una precisión extrema. En ese lapso tenía que pasar mucho: un conflicto, una emoción, una incomodidad, un giro. Nada podía sobrar. Nada podía faltar. Aprendí a condensar, a escribir desde la esencia y a entender el código sin perder profundidad. Cada capítulo fue un ejercicio de síntesis emocional y narrativa.

Las series verticales llegaron para quedarse. Pero sabíamos que era un riesgo. Muchas microseries priorizan lo explícito y lo inmediato, alejándose del ritmo cinematográfico. Nosotras elegimos otro camino. Elegimos el cine. El silencio, el fuera de campo, la sugerencia. Elegimos confiar en el espectador.

Para mí, el cine vertical sigue siendo cine horizontal. Solo que apela más a lo que no se ve. Me gusta pensar que me meto dentro del plano horizontal y busco esos rincones verticales donde ocurre algo íntimo. Donde la cámara se acerca. Donde el espectador entra y termina de componer el plano desde su imaginación.

Tilf se convirtió en un fenómeno sin traicionar su esencia. Cincuenta capítulos y millones de visualizaciones orgánicas. Los números no explican una obra, pero cuando hay verdad, el público aparece.

Nada de esto hubiera sido posible sin mi dupla creativa con Gimena Accardi, ni sin la entrega de actores como Leonor Manso, Ludovico Di Santo y Seven Kayne.

Hoy estamos trabajando en la segunda temporada. Porque creo que el cine está cambiando. Y nosotros, los cineastas, también. No para perder lo que somos, sino para encontrar nuevas formas de decir lo mismo de siempre.

El cine sigue vivo.

A veces es horizontal.

A veces es vertical.

Pero siempre nace del mismo lugar.

*Realizadora

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