La próxima campaña agrícola presentará un escenario complejo, marcado por el aumento sostenido de insumos y energía, lo que demandará una gestión más precisa y eficiente por parte de los productores.
La ecuación agrícola para la campaña 2026/2027 se presenta con características diferentes a las de ciclos anteriores, donde la precisión en las decisiones agronómicas será un factor determinante. Los primeros indicadores muestran señales de alerta que pondrán a prueba la capacidad de gestión de las empresas del sector.
El primer aspecto a considerar es el incremento en los costos de los insumos. Incluso en un escenario de distensión geopolítica, los precios no retornarían a los niveles de inicios de año en el corto plazo. Un ejemplo claro es la urea, cuyo valor pasó de 580 dólares por tonelada en enero a 850 en abril. Este contexto obliga a un manejo riguroso de las dosis aplicadas por lote, apoyándose en análisis de suelo y considerando el cultivo antecesor. Se prevé un mayor interés en prácticas como la fertilización biológica y el uso de cultivos de servicio.
La segunda señal de atención proviene de los costos energéticos, que registran un aumento significativo sin perspectivas de retracción inmediata, debido a problemas globales en infraestructura y transporte. Este incremento impacta directamente en los fletes, afectados tanto por el precio del gasoil como por el encarecimiento de derivados petroquímicos como lubricantes. Además, repercute en las negociaciones por labores agrícolas, lo que podría llevar a una selección más cuidadosa de los lotes a sembrar y a reorientar algunos hacia la producción ganadera.
En resumen, para la campaña 2026 se necesitarán mayores volúmenes de producción para cubrir los costos, en un escenario donde la relación insumo/producto se habría desmejorado y el riesgo empresario aumentado. En cuanto a la asignación de cultivos, el año se perfila favorable para las oleaginosas, respaldado por el sostenido incremento en los precios de los aceites para biocombustibles; el precio del aceite de soja, por ejemplo, aumentó un 35% en lo que va del año.
Frente a este panorama, 2026 no parece el año más propicio para cambios bruscos en la conducción de las empresas, aunque tampoco se recomienda postergar las inversiones necesarias. La clave estará en monitorear el contexto económico-político, analizar con detenimiento los mercados de venta y aplicar un manejo agronómico preciso en cada actividad.
