Médicos explican cómo ciertos hábitos nocturnos, como dormir de costado, pueden contribuir a la formación de arrugas de compresión y ofrecen recomendaciones para un cuidado preventivo de la piel.
La búsqueda de una piel saludable lleva a muchas personas a invertir en diversos tratamientos. Sin embargo, especialistas destacan que factores cotidianos, como la postura durante el sueño, tienen una influencia directa en la salud cutánea a largo plazo.
La doctora Raj Arora, médica del Reino Unido, señaló en sus redes sociales que el hábito de dormir de costado puede representar un problema para quienes desean prevenir las marcas de la edad. Al presionar el rostro contra la almohada durante horas, la piel sufre una fricción constante que puede derivar en la formación de arrugas de sueño o líneas de compresión, las cuales pueden volverse permanentes con el tiempo.
«Pequeños hábitos, gran impacto con el tiempo. No siempre se trata de lo que añades a tu rutina, a veces es lo que necesitas dejar de hacer», explicó la doctora Arora. La especialista detalló que elegir siempre un mismo lado para dormir puede incluso provocar asimetría facial.
Para mitigar este efecto, la neuróloga del sueño Rachel Salas recomienda dormir boca arriba, ya que es la posición más beneficiosa para evitar el contacto directo de la cara con la almohada. Para quienes prefieren dormir de lado, el uso de fundas de seda o satén puede disminuir la fricción en comparación con el algodón tradicional.
Además de la postura nocturna, la doctora Arora identificó otros pilares fundamentales para el cuidado de la piel. El uso diario de protector solar es central, ya que los rayos ultravioleta dañan la estructura cutánea. Mantener una hidratación adecuada también es clave, así como evitar el vapeo, dado que la nicotina restringe el flujo sanguíneo y afecta la producción de elastina.
La especialista recomendó incorporar cambios sencillos, como mejorar la postura al dormir, elegir telas suaves para las almohadas, protegerse del sol y abandonar el consumo de nicotina, para obtener una mejora tangible en la salud de la piel. La constancia en estos hábitos y la prevención temprana pueden evitar la necesidad de tratamientos más invasivos en el futuro.
