La empresa, dueña de la marca Mauro Sergio, inició un proceso de reordenamiento estratégico para reestructurar deudas y continuar operando, tras meses de suspensiones laborales y un contexto de caída del consumo y presión importadora.
La firma textil marplatense Textilana, propietaria de la marca Mauro Sergio, presentó una solicitud de concurso preventivo el lunes 20 de abril de 2026. La medida fue presentada por la compañía como parte de un «reordenamiento estratégico» destinado a sostener la operatoria y reestructurar sus compromisos financieros bajo supervisión judicial, con el objetivo de evitar la quiebra.
En un comunicado, la empresa aseguró que el proceso busca «garantizar la plena operatividad de nuestra estructura industrial y proteger el valor de nuestra marca», afirmando que no afectará el abastecimiento a sus clientes. «Entendemos que el contexto macroeconómico actual exige decisiones firmes para asegurar la sostenibilidad a largo plazo», remarcaron, al tiempo que reafirmaron su «confianza en el país» tras más de 45 años de actividad.
El pedido llega después de varios meses de dificultades. En noviembre de 2025, la firma acordó la suspensión de 170 trabajadores de su planta de Mar del Plata, equivalente a cerca del 70% del personal en actividad según la comisión interna, con reintegro el 1 de abril de 2026. Previamente, en agosto de 2025, la compañía había reducido sus niveles de producción en torno al 18% debido a la baja de ventas y al avance de productos importados.
La situación de Textilana se enmarca en un momento de fragilidad para la industria textil y de indumentaria en Argentina. Según la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), en el primer bimestre de 2026, 6 de cada 10 empresas registraron caída de ventas, el 80% identificó la falta de demanda como su principal problema y la mitad opera con stocks excesivos. A nivel sectorial, se han perdido miles de puestos de trabajo registrados en los últimos años.
Los analistas señalan que a la caída del consumo y la pérdida de poder adquisitivo se suma la presión creciente de las importaciones, incluyendo el crecimiento de plataformas de fast fashion y el esquema de compras puerta a puerta, lo que complica la competencia de los fabricantes locales.
