La panelista de SQP compartió en vivo su experiencia personal tras el caso de Eduardo Carrera, último eliminado de Gran Hermano: Generación Dorada.
El caso de Eduardo Carrera, último eliminado de Gran Hermano: Generación Dorada, fue tema en SQP (América TV) cuando se trató cómo él conoció a su hija Mía a través de la televisión, luego de dos décadas sin contacto. La situación impactó especialmente a Ximena Capristo, panelista del programa, quien compartió por primera vez en profundidad su propia historia marcada por el abandono paterno y los mecanismos de resiliencia que atravesaron su vida y la de Rosa, su madre.
La situación del último eliminado del reality show y su expareja Romina Orthusteguy llevó a Capristo a reflexionar en vivo sobre los paralelismos y diferencias entre ambas historias, reconociendo heridas abiertas y aprendizajes personales.
“Me pongo en el lugar de hija porque lo que pasó. En mi caso personal, fue que cuando mi mamá queda embarazada. Después de casarse con mi viejo y todo ese proceso que estuvieron desde la adolescencia juntos, cuando mi mamá queda embarazada, mi viejo la abandonó”, aseveró. “Nos dejó cuando yo tenía 6 meses”, detalló.
A pesar de la separación, según dijo, su madre nunca le ocultó la identidad de su progenitor y siempre le brindó la información necesaria para que, si lo deseaba, pudiera buscarlo en algún momento. La panelista recordó una situación especialmente dura de su infancia: “Mi mamá a los ocho años fue a pedirle ayuda, porque la verdad es que mi vieja no tenía para comer, y él le dio vuelta la cara”. El padre nunca colaboró con la manutención y se mantuvo al margen de la crianza.
La actriz destacó el rol esencial de su madre: “Las madres, cuando crían a un hijo solas, saben que van contra viento y marea y le dan todo a esa personita”. Subrayó que su madre jamás la privó de información, a diferencia de otros casos donde los hijos quedan “como rehenes” de conflictos adultos.
El reencuentro con su padre se produjo recién en la adultez, luego de que Capristo saltara a la popularidad en Gran Hermano. Según su testimonio, fue la producción del programa la que notificó la aparición de su padre, quien buscó contactarla tras años de ausencia total.
El primer encuentro ocurrió en su casa, donde él llegó con un ramo de flores y le pidió disculpas. Capristo accedió a escucharlo, pero la relación nunca logró consolidarse: “Siempre ponía como que mi mamá tenía la culpa de todo, y ese discurso a mí no me gustó”.
El intento paterno de justificar la ausencia alegando obstáculos impuestos por la madre fue el detonante para que Capristo tomara distancia definitiva. “Cuando me habló mal de mi vieja, la verdad que le hice la cruz”, reconoció, sobre su mamá que falleció en 2019.
La experiencia de abandono influyó de manera determinante en las decisiones familiares de Capristo. Destacó el lugar central de Gustavo, su pareja, y de su suegro, quienes la acompañaron y cumplieron funciones de sostén emocional. “Mi suegro fue más importante que mi papá. Entró conmigo a la iglesia y tuvo como un rol paternal”, expresó, luego de contar que la segunda aparición de su padre fue cuando se enteró que ella se iba a casar y quiso acompañarla al altar.
Capristo remarcó que el armado de su propia familia estuvo marcado por la búsqueda de contención y la elección consciente de un compañero presente. “Para mí es muy importante la familia y en el momento donde elegís un hombre para tener un hijo, a mí me costó muchísimo”, explicó. La fusión de ambas familias trajo alivio y reconstrucción: “Se compensaron las familias”.
Ximena reconoció el dolor que sintió durante un tiempo y cómo la historia volvió a repetirse. “Yo me sentí culpable en ese momento de que mi vieja había sido abandonada porque yo venía a la vida. Después él tuvo dos hijos más de diferentes mujeres y también lo hizo”, reconoció. Con uno de sus hermanos llegó a tener contacto, aunque el vínculo nunca se consolidó por la distancia y la falta de historia compartida. El otro permanece como un desconocido.
La exvedette confesó que la muerte de su padre no la afectó y explicó que el verdadero duelo lo realizó durante la vida, ante una figura ausente.
