La Universidad Austral recordó que la Organización Mundial de la Salud reconoce a la infertilidad como una enfermedad que afecta la salud psicológica y social.
Hoy, 4 de junio, se conmemora el Día Internacional de la Fertilidad. En ese marco, la Universidad Austral difundió un comunicado en el que aborda la dimensión emocional y psicológica que atraviesan quienes enfrentan dificultades para concebir.
Según el texto, la infertilidad suele reducirse a aspectos médicos, pero implica también «un impacto emocional y psicológico» en las personas y parejas que la experimentan. La Organización Mundial de la Salud reconoce a la infertilidad como una enfermedad que afecta no solo el cuerpo, sino también la salud psicológica y social.
La comunicación señala que cuando una persona o pareja inicia la búsqueda de un hijo, lo hace «asumiéndose fértil», y que la infertilidad aparece como «una irrupción inesperada que obliga a repensar la vida, reorganizar expectativas y redefinir el propio proyecto vital».
El texto también menciona que existen «condicionamientos culturales, mandatos y expectativas sociales» sobre la maternidad y paternidad que pueden aumentar el sufrimiento, la culpa y la sensación de inadecuación. Afirma que «para muchas personas, ese deseo es profundamente íntimo, genuino y constitutivo de su existencia», y que cuando no se concreta aparece «un duelo real, complejo y muchas veces invisible».
La Universidad Austral indicó que la infertilidad «no suele verse a simple vista, pero pesa» y que se vive entre consultas médicas, tratamientos, esperas, frustraciones y silencios. Agregó que el aislamiento social forma parte de esta realidad, ya que muchas personas evitan reuniones o callan lo que sienten por temor a no ser comprendidas.
El comunicado fue firmado por la Coordinadora de la Diplomatura en Acompañamiento Integral de la Fertilidad e Infertilidad de la Universidad Austral, quien sostuvo que el desafío clínico y social «no está en buscar una única explicación, sino en poder alojar la complejidad de cada historia» y que el rol de quienes trabajan en el acompañamiento integral «excede el consultorio e implica una responsabilidad ética y humana».
