La secretaria general de la Presidencia y la senadora nacional mantienen una convivencia forzada pese a las diferencias internas en el oficialismo. Infobae reconstruyó los factores que impiden una ruptura abierta.
Karina Milei y Patricia Bullrich mantienen una relación de convivencia forzada dentro del oficialismo, según reconstruyó Infobae a partir de una decena de fuentes con acceso a la intimidad presidencial. La imagen de ambas reunidas en la oficina de la secretaria general en la Casa Rosada fue difundida por el presidente Javier Milei y por el equipo de comunicación de Presidencia, tras una serie de desencuentros públicos.
El conflicto reciente tuvo origen en la postulación de María Verónica Michelli como jueza del Tribunal Oral Federal Nº 3 de La Plata. El Poder Ejecutivo había enviado su pliego al Senado, pero luego decidió retirarlo al advertir un parentesco con el periodista Hugo Alconada Mon. Bullrich anunció su objeción de conciencia y se negó a acompañar el retiro del pliego. En la sesión del Senado, el expediente de Michelli fue aprobado sobre tablas por 44 votos a favor, 18 en contra y 2 abstenciones.
Infobae identificó cinco factores que explican por qué Karina Milei no ha atacado a Patricia Bullrich pese a la desobediencia:
1) Bullrich tiene poder propio. La ex ministra de Seguridad de la Nación no llegó a La Libertad Avanza como una funcionaria subalterna. Tiene apellido político, recorrido, electorado, traiciones y enemigos propios, canales de comunicación con empresarios, diálogo con sectores del PRO y la UCR. Es una figura política que está adentro pero no nació adentro, y que puede incomodar al Presidente sin ser expulsada.
2) Representa una porción del electorado que Milei necesita. Para muchos votantes antikirchneristas, republicanos y duros en seguridad, Bullrich funciona como garantía de que el experimento libertario no se convertirá en una administración familiar sin contrapesos. Si Karina la empuja demasiado, puede irritar a un segmento del voto que llegó a La Libertad Avanza por rechazo al peronismo.
3) Bullrich mide mejor que otros dirigentes oficialistas. Según el último relevamiento de Hugo Haime & Asociados, la senadora alcanza un 41,7% de evaluación positiva, por encima del presidente Javier Milei (36,7%), de Karina Milei (26,4%) y de Manuel Adorni (25,9%). El estudio de Management & Fit también la ubicó como la persona del oficialismo con mejor imagen positiva: 36,3%, cinco puntos por encima de Milei.
4) El Senado es un espacio sensible. Bullrich ocupa un lugar clave en una Cámara donde el Gobierno no tiene margen para aventuras. Cada dictamen, sesión, ley y pliego judicial exige paciencia y cálculo. Atacarla podría ser un lujo caro, ya que la senadora conoce la dinámica del recinto y conversa asiduamente con actores que los libertarios sin experiencia no saben seducir.
5) Convertir a Bullrich en enemiga explícita la agrandaría. Una pelea frontal le permitiría a la senadora victimizarse poco, endurecerse mucho y recordarle al público que ella ya estaba en la política cuando varios libertarios buscaban usuario en redes sociales. Un ataque de Karina podría ofrecerle el escenario perfecto para relanzar su marca: la mujer que acompaña a Milei pero no se arrodilla ante nadie.
En la intimidad bullrichista aseguran que no hay una ruptura en marcha. Su cálculo es permanecer adentro, levantar la mano cuando lo considera necesario y recordarle al mileísmo que la lealtad no es sinónimo de obediencia ciega. La foto entre ambas, según un testigo de la escena, no mostró cariño sino necesidad: las dos necesitaban la imagen.
