Un grupo de científicos descubrió que diez tortugas gigantes reintroducidas en una isla lograron reactivar procesos ecológicos que no se observaban desde el siglo XIX, según informaron fuentes del proyecto.
Un grupo de científicos descubrió que diez tortugas gigantes volvieron a poner en marcha procesos naturales desaparecidos hacía casi 180 años en una isla donde varias especies habían sido exterminadas durante el siglo XIX.
El experimento llamó la atención de investigadores que estudian restauración ecológica porque los cambios aparecieron mucho más rápido de lo esperado.
Eso empezó a cambiar cuando científicos introdujeron un pequeño grupo de tortugas gigantes como parte de un proyecto de restauración ambiental.
Los investigadores observaron que las tortugas comenzaron rápidamente a consumir frutos grandes y dispersar semillas por distintas zonas de la isla.
Ese movimiento era fundamental hace siglos. Muchas plantas dependían justamente de grandes reptiles herbívoros para expandirse y crecer lejos de los árboles originales.
Con la desaparición de esos animales, parte del ecosistema quedó desequilibrado. Algunas especies vegetales dejaron de distribuirse de forma natural y ciertas áreas perdieron diversidad progresivamente.
Ahora los científicos detectaron algo distinto: semillas germinando nuevamente en sectores donde casi no aparecían desde hacía generaciones.
Las tortugas gigantes más conocidas del planeta son las de Galápagos, en Ecuador, y las de Aldabra, un atolón ubicado en Seychelles, en el océano Índico. Las tortugas gigantes de Aldabra pueden superar los 250 kilos y vivir más de 100 años. Algunas alcanzan incluso edades mucho mayores, especialmente en ambientes protegidos y con poca presencia de depredadores.
Durante siglos existieron otras especies similares en distintas islas del Índico y del Pacífico. Muchas terminaron extinguiéndose por caza intensiva, introducción de animales invasores y destrucción de hábitats insulares.
Estos reptiles tienen metabolismo lento, crecimiento prolongado y reproducción tardía. Algunas hembras tardan varias décadas en alcanzar madurez sexual, algo que vuelve mucho más difícil recuperar poblaciones reducidas.
Las tortugas gigantes funcionan como dispersoras naturales de semillas. Cuando comen frutos y vegetación, transportan semillas durante kilómetros antes de expulsarlas nuevamente.
Ese mecanismo ayuda a distribuir plantas por distintas áreas y favorece la regeneración de ecosistemas completos. Algunas semillas incluso germinan mejor después de atravesar el sistema digestivo de estos animales.
Los investigadores también observaron que las tortugas modifican el paisaje mientras se desplazan. Abren senderos, pisan vegetación baja y generan pequeños cambios físicos que afectan cómo crecen ciertas plantas.
Las especies de tortugas gigantes más conocidas del mundo habitan actualmente en las islas Galápagos, en Ecuador, y en el atolón de Aldabra, en Seychelles. Ambas poblaciones están consideradas entre los últimos grandes reptiles terrestres gigantes que sobreviven en ecosistemas insulares.
Las tortugas gigantes de Galápagos pueden superar los 300 kilos y alcanzar más de un metro y medio de longitud. Algunas llegaron a vivir más de 100 años, aunque existen registros de ejemplares que superaron ampliamente esa edad en cautiverio.
Las tortugas gigantes de Aldabra, por su parte, habitan principalmente en zonas cálidas y secas del océano Índico. Se alimentan de hierbas, hojas, frutos y pequeños arbustos, y pasan gran parte del día desplazándose lentamente en busca de vegetación.
