Desde primeras horas del domingo, miles de peregrinos llegaron a la plaza de Cibeles en Madrid para participar en la misa presidida por el Papa León XIV. La jornada incluyó momentos de tensión en los accesos y una masiva concurrencia de fieles de distintas regiones.
Miles de fieles y peregrinos comenzaron a ocupar desde primeras horas de la mañana de este domingo 7 de junio los espacios habilitados en torno a la plaza de Cibeles para asistir a la misa presidida por el Papa León XIV. Grupos de jóvenes, familias completas, sacerdotes, religiosos y voluntarios accedieron de forma escalonada a los distintos sectores establecidos por la organización.
Alrededor de las 07:00 horas, durante la apertura de vallas para ingresar a los sectores, se registraron momentos de tensión cuando un número considerable de personas se agolpó contra las vallas. La policía intervino en algunos casos ante la negativa de asistentes a seguir las indicaciones de los voluntarios. También se reportaron carreras para ocupar los lugares más cercanos a los pasillos por donde se espera que transite el Papamóvil. Calles como Recoletos presentaban un colapso vehicular a la espera de la apertura de la zona para peregrinos.
Entre los asistentes se observaron pancartas de parroquias, movimientos eclesiales y diócesis, así como banderas nacionales y estandartes. Marta y Gladis, portadoras de una bandera de Ecuador, llegaron a Madrid a las 4 de la madrugada en taxi para asegurar un buen lugar. Detrás de ellas viajaban otros 700 compañeros de la parroquia de San José. Marta declaró a Europa Press que ver al Papa es «maravilloso» y un «sueño» que ha tenido «desde niña» y que ahora va «a hacer realidad».
En los accesos se concentraron familias con niños, jóvenes con mochilas y grupos parroquiales equipados para una larga jornada con altas temperaturas. Botellas de agua, gorras, sombreros y mantas formaban parte del equipamiento recurrente entre los peregrinos.
La familia Ortiz, compuesta por veinte miembros provenientes de Zaragoza, Pamplona y Colmenar Viejo (Madrid), también se encontraba entre los asistentes. «Hemos dormido 13 en casa de mi madre, en sacos y por el suelo porque esto merece la pena», explicó uno de sus miembros, que vestía una camiseta con el lema de la visita pontificia. Agregó: «Mi madre, que vendrá también y tiene 84 años, siempre nos ha inculcado un gran amor por Juan Pablo II y es muy importante el mensaje de esta Papa porque es universal y Europa debe volver a las raíces cristianas».
Algunos participantes aprovecharon para desayunar o compartir comida en grupos, en un ambiente de convivencia. Otros dedicaron los momentos previos a la oración personal o comunitaria. Entre los madrugadores se encontraban las hermanas de la Congregación Misioneras de Jesús, llegadas a Madrid desde varios puntos de España. Las hermanas Hermelinda y Francisca, ambas filipinas, viajaron desde San Sebastián. «Llevamos 4 años en España y esta es nuestra primera ocasión de rezar junto al Papa», afirmaron.
El ambiente estuvo marcado por un carácter juvenil y festivo, impulsado por la presencia de jóvenes de numerosas diócesis. Religiosos y religiosas acompañaban a los peregrinos de sus comunidades, mientras voluntarios orientaban a los recién llegados sobre accesos, servicios y recomendaciones de seguridad.
La organización dispuso un amplio dispositivo con pantallas gigantes, puntos de agua, servicios sanitarios y equipos de apoyo distribuidos por todo el perímetro de la celebración, ante una asistencia que podría alcanzar cifras históricas en el centro de la capital.
