El mercado global de sistemas de almacenamiento en baterías (BESS) supera los 500.000 millones de dólares proyectados y crece a tasas explosivas, impulsado por inteligencia artificial, centros de datos y electrificación masiva.
Durante más de un siglo, el petróleo dominó la economía mundial por su control sobre transporte, industria, comercio y poder militar. Sin embargo, el almacenamiento de electricidad comienza a ganar relevancia estratégica a nivel global.
Según Diego Balverde, especialista en Finanzas Climáticas y economista del Banco Central Europeo, las baterías ya no son solo accesorios para autos eléctricos, sino que se transforman en infraestructura crítica para sostener inteligencia artificial, centros de datos, redes eléctricas y mercados energéticos.
El mercado global de almacenamiento energético supera los 500.000 millones de dólares proyectados para las próximas décadas. La Agencia Internacional de Energía estima que durante 2025 se agregaron más de 100 GW de nueva capacidad de almacenamiento en baterías a nivel global. BloombergNEF proyecta una expansión continua impulsada por electrificación, inteligencia artificial y crecimiento renovable.
China lidera la producción industrial. Empresas como CATL y BYD controlan aproximadamente un tercio del mercado global de baterías para vehículos eléctricos y almacenamiento. China también domina gran parte del procesamiento mundial de litio, grafito y minerales estratégicos.
Estados Unidos respondió con subsidios industriales mediante programas vinculados a infraestructura energética y semiconductores. Tesla expandió su negocio Megapack para almacenamiento masivo. Microsoft, Google, Amazon y Meta compiten por capacidad eléctrica estable para centros de datos que ya demandan electricidad equivalente a ciudades pequeñas.
Arabia Saudita acelera inversiones en almacenamiento y redes inteligentes. Europa busca reducir su vulnerabilidad energética tras la crisis posterior a Ucrania. Los mercados financieros comienzan a financiar almacenamiento como infraestructura de largo plazo.
Argentina posee litio, Vaca Muerta, puertos y potencial renovable. La integración de estos recursos en una estrategia industrial y financiera podría posicionar al país en el nuevo mapa energético global.
