LA NACION viajó a Colombia para recorrer el set de la serie de Netflix basada en la novela de Gabriel García Márquez, que el 5 de agosto estrena su segunda y última temporada.
ALVARADO, Colombia. – “Lo que se hizo acá con Cien años de soledad nunca se había hecho antes. Esto ha implicado, básicamente, construir un estudio de filmación desde cero: desarrollar todo el vestuario (casi 70.000 piezas) y levantar un pueblo entero. Todo lo que ven en pantalla tiene una razón de ser, tiene una investigación minuciosa detrás y un proceso de manufactura detallado para cada escena y para cada plano”, dijo Carolina Caicedo, productora general y ejecutiva de la serie. La adaptación de Netflix de la obra de Gabriel García Márquez estrena su segunda parte el 5 de agosto de 2025. El último capítulo estará disponible el miércoles 26 de ese mes.
En marzo de 2025, un grupo de medios de distintos países de América Latina, entre ellos LA NACION, recorrió el set principal del rodaje donde el Macondo de las páginas de García Márquez cobró vida y atravesó un siglo de transformaciones hasta su destrucción. “El Macondo que van a conocer ahora tiene 50 años de historia. En el diseño estético de toda la serie, la idea era mostrar cómo este lugar envejece ante nuestros ojos. Aunque llegan nuevas tecnologías y va cambiando en el tiempo, el pueblo también entra en decadencia. Esa descomposición profunda es parte esencial del relato”, señaló Bárbara Enríquez, diseñadora de producción de la serie y encargada del tour por el set de 560.000 metros cuadrados montado en la Finca Arizona, en el municipio de Alvarado, departamento de Tolima, a cuatro horas en auto desde Bogotá.
Consultada sobre el uso de inteligencia artificial en reemplazo de la hazaña en la que se embarcaron, Caicedo explicó que el desarrollo del diseño de producción de la serie se remonta a la pandemia, motivo por el cual no contemplaron esa tecnología. “Desde el principio, la idea fue construir el pueblo físicamente”, afirmó. Emprendieron una búsqueda de locaciones por Colombia, debido a que la familia del Premio Nobel de Literatura pidió que se filmara íntegramente en español, que se rodara principalmente en el país andino y que el proyecto estuviese integrado en su mayoría por lugareños. “Al ser una producción tan grande, tan pesada, tan difícil de mover, necesitábamos encontrar un punto intermedio, que estuviera cerca de Bogotá, pero que también ofreciera toda esta belleza natural con montañas, vegetación y paisajes impresionantes”, contó.
Los cuatro Macondos
El Macondo de la serie se construyó con dos procesos paralelos y distintos. Primero, se realizaron durante dos meses todas las estructuras del pueblo. La obra civil incluyó las veredas, vaciados de cemento y la nivelación de las calles. Sobre esa base se anclaron todos los edificios. Cada edificio tiene detrás una estructura metálica que sostiene una malla sobre la que se aplicó una mezcla de cemento, jabón y cáscara de arroz, que dio la textura ideal de tapia.
A lo largo de la primera y la segunda parte de la serie, el equipo creó cuatro Macondos. El primero, al momento de la visita de la que formó parte este medio, fue desmontado. El dos y el tres siguen formando parte del mismo set y es donde construyeron el tren y su respectiva estación, donde ocurre la masacre de las bananeras. El cuarto y último es el más grande en tamaño: creció con aproximadamente 18 nuevos espacios, dos calles nuevas y varias zonas transformadas. “Macondo 4 es donde se cuenta el final”, destacó Enríquez.
Camino a la destrucción
La transformación y decadencia de Macondo es uno de los grandes indicadores del paso del tiempo en Cien años de soledad. “En esta segunda parte ya no es ese lugar perfecto y pulido que conocimos, ahora el desgaste se nota en las paredes, en los espacios, como también en los personajes”, explicó Juliana Flórez, productora ejecutiva de la serie. “Será una parte mucho más caótica que la primera, tanto en lo visual como en lo narrativo”, adelantó.
Los periodistas caminaron por las calles polvorientas, protegidos del sol con sombreros de paja proporcionados por la producción, guiados por Bárbara Enríquez. Cada detalle, hasta la maleza que se asoma en las veredas o las paredes descascaradas, fue pensado, diseñado y ejecutado con precisión. El Macondo cobró vida propia, no solo por las casi 19.000 plantas que se sembraron, sino porque también llegaron pájaros. “El tiempo también ha pasado aquí. Lo que hace un año y medio era nuevo, ahora está invadido por la vegetación, que se ha mezclado con los elementos del set. Macondo ha cobrado una vida que antes no tenía y eso nos ha favorecido mucho, porque hoy se siente como un pueblo con historia, con capas”, señaló Juliana Flórez.
Consultada sobre cómo ejecutarán la inundación que marca la ruina del pueblo, Enríquez respondió: “Ese es uno de los grandes retos de esta temporada. Por ejemplo, la casa de Petra Cotes, que ya estaba diseñada desde el principio, tiene una piscina integrada. Todo el patio central es una piscina de cemento, construida específicamente para la escena de la inundación. También se inundarán otras calles y la casa Buendía. Por supuesto, son cosas que después se complementan con efectos visuales”.
Clases de historia
Laura Mora, directora de los episodios 1, 2, 5, 6 y del Gran Final de la segunda parte, dijo a LA NACION: “Creo que la novela es tan inspiradora y tan compleja, cada vez que la lees te suelta algo diferente. Por eso, mi llamado fue todo el tiempo a cómo hacer para estar un poco a la altura de la novela, sabiendo que la novela siempre va a ser superior a nosotros”. Su propuesta se basó en un estudio exhaustivo tanto del libro como de la historia de Colombia. “Una de las cosas que pedí cuando me llamaron como cabeza creativa de esta temporada fue meternos a clases de historia”, destacó. El historiador Javier Ortiz Cassiani fue quien los guio en este camino.
Bárbara Enríquez señaló que el proceso de investigación histórica “fue enorme” desde que el proyecto comenzó en 2020. “Lo que verán es el resultado de una exploración profunda: desde la arquitectura hasta los colores, pasando por las artes. Estudiamos en qué año llegó la electricidad y qué tecnologías estaban presentes en cada época. Aunque Cien años de soledad no es una novela histórica, muchos de sus elementos tienen un trasfondo temporal que se enmarca entre 1850 y 1950. Tratamos Macondo como si fuera el escenario de una serie de época”, detalló.
Un tren real
El equipo levantó un tren y su estación en el set de Alvarado, lugares cruciales en el desarrollo de la historia y donde transcurre la masacre de las bananeras. “Es uno de los sets nuevos más importantes y de mayor tamaño que se han hecho para esta segunda parte”, dijo Enríquez. “Es un tren funcional, que avanza y retrocede, con un tramo de 180 metros de vía operativa”. Para el desplazamiento, el equipo optó por usar llantas en lugar de ruedas de tren. Fabricaron varios vagones: la locomotora (con un motor interno); el tender (donde va el carbón); un vagón de segunda clase (con interiores completos); otro de uso exclusivo para los altos ejecutivos de la United Fruit Company (solo construido por fuera), y dos vagones de carga. “Todo ese conjunto se mueve y luego, mediante efectos visuales, se hace que el tren luzca mucho más largo en pantalla”. El humo fue diseñado por el equipo de efectos especiales y el sonido se agregó en posproducción. Durante seis meses, alrededor de 150 personas trabajaron en el proyecto.
El vestuario
Para esta segunda entrega se confeccionaron 30.000 prendas (34.000 en la primera) y 2482 pares de zapatos (6049 en la primera). El equipo estuvo conformado por aproximadamente 60 personas. Trabajaron con unos 30 talleres de Colombia y un grupo especializado en aging. “Uno de los grandes desafíos fue la búsqueda de referencias que fueran coherentes tanto con el contexto cultural como con el espacio temporal de la narrativa”, explicó Catherine Rodríguez, diseñadora de vestuario. El 95 por ciento del material empleado fue de producción nacional, a excepción de algunos muy específicos que se importaron desde Perú.
La casa Buendía
La casa de la familia Buendía se montó en dos espacios diferentes. Uno integrado en las callecitas del pueblo, correspondiente a la fachada y las primeras dos habitaciones. El otro, con una extensión de aproximadamente 1750 metros cuadrados, es el interior de la casa, de dos plantas, ubicado en una carpa de 3000 metros cuadrados. “Todas las habitaciones están interconectadas y vestidas en 360°, lo que facilita la realización de planos secuencia extensos que conectan distintos espacios de manera continua”, comentó Enríquez. La casa fue construida con una estructura robusta para soportar el triple de peso que un hogar convencional. “Muchas veces nos preguntan por qué no usamos una locación real. Por un lado, las casas históricas son frágiles y no se pueden usar de una manera tan ruda como se utiliza en un set cinematográfico. Y por el otro, ninguna iba a cumplir con las expectativas de todo lo que tenemos que contar a lo largo de cien años de historia”, apuntó Óscar Tello, director de arte de la Casa Buendía. El 85% de las piezas son antigüedades auténticas, y las restantes fueron reproducidas por ebanistas del equipo.
“El último plano que filmamos fue la destrucción de la casa, que había sido nuestra casa también en 191 días que duró esta segunda temporada. Yo me demoré mucho, me acuerdo que mi asistente de dirección se me acercó diciendo: ‘¿queda?’. Yo dije: ‘sí, queda’ y todos lloramos. Fue muy fuerte, pero también ese es el libro, así que era lo que había que hacer”, cerró Laura Mora.
