La escritora reflexiona sobre cómo cada fotografía puede evocar un fondo sonoro propio, desde el roce de un camalotal en un arroyo hasta los ruidos cotidianos del hogar, y explora el concepto de ideófonos en la literatura coreana.
En un video filmado durante una visita al arroyo Ubajay, se observa un camalotal desplazándose por el agua, arrastrado por una corriente de baja velocidad. Al aumentar el volumen del registro, se percibe el roce de las hojas contra el agua, un sonido similar al de un vestido de seda arrastrándose. La escena corresponde a una tarde fría y soleada.
En el mismo registro se escuchan risas de personas que se instalan cerca y el parloteo de una bandada de cotorras que sobrevuela el lugar.
La autora del texto revisa otras fotografías en su teléfono, de viajes anteriores, y afirma que, con esfuerzo, podría asociar a cada imagen un fondo sonoro. Entre los ejemplos menciona las risas de adolescentes en un concurso de belleza en Guayaquil, las patas de un caballo tirando de una canoa en los Esteros del Iberá, el viento moviendo hojas secas en la escalera de la película El Exorcista en Washington, el crujido de un sofá en un hotel de Montevideo, el movimiento de cipreses en el cementerio de Camilo Aldao y las brasas crepitando bajo una parrilla.
Sobre el Mundial de fútbol, la autora indica que lo vivió sin mirar los partidos, sino imaginándolos a partir de los silencios o los gritos provenientes de la calle, los edificios vecinos o la casa de al lado.
En el momento de escribir el texto, la autora señala que es de noche y no circulan autos. Describe los sonidos de su entorno: el golpeteo de las teclas, el arranque de la heladera y la caída del hielo en el freezer. También menciona un dicho de su infancia: “cayó piedra sin llover”.
La autora se refiere al libro “Saruru nieve al sol”, cuyo subtítulo es “diario de onomatopeyas”, aunque su autora, Cammi Cho, aclara en el prólogo que no son onomatopeyas. Se trata de ideófonos, palabras coreanas que no describen sonidos sino modos de suceder, sentir o moverse. A modo de ejemplo, cita términos como “deul-sseok-deul-sseok” (el cuerpo quería salir), “chuk chuk” (sentarse en el pasto), “bu-seul-bu-seul” (el viento despeinando) y “gan-jil-gan-jil” (cosquilleo en el pecho).
El libro fue publicado por la editorial Hwarang, especializada en traducciones del coreano, e ilustrado por Cristian Manjarres. La autora también menciona “Diccionario de ruso”, de Marina Berri, publicado por Dábale arroz, como otra obra que aborda el significado de palabras que expresan modos de decir.
