Irán evalúa que su estrategia en el estrecho de Ormuz lo acerca a una victoria, aunque con riesgos

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El liderazgo iraní considera que la presión militar sobre el estrecho de Ormuz obligará a Estados Unidos a aceptar su control sobre esa vía marítima, según analistas y funcionarios consultados. La estrategia, sin embargo, conlleva riesgos económicos y políticos para Teherán.

El estrecho de Ormuz, según algunas versiones, debe su nombre a una deidad zoroastriana destinada a salir victoriosa tras un enfrentamiento de 9.000 años con un adversario. El liderazgo iraní considera que su propia victoria está al alcance de la mano y no requerirá la misma paciencia épica.

Apuestan a que la presión militar terminará por obligar a Estados Unidos a aceptar su control sobre la vía marítima crucial para la energía global, y sostienen que el tiempo juega a su favor. Señalan que las reservas de armas clave de Washington, como los interceptores avanzados de misiles, están disminuyendo; que la guerra es impopular entre los estadounidenses; que el cierre del estrecho mantiene altos los precios de la gasolina y otros productos en vísperas de las elecciones legislativas de noviembre en Estados Unidos; que intentar abrir el paso por la fuerza sería costoso y podría requerir tropas terrestres; y que sus aliados hutíes en Yemen podrían ampliar la guerra e interrumpir otra ruta comercial.

Según esa lógica, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no tendría más opción que capitular. Sin embargo, la estrategia iraní conlleva riesgos. Trump señala los ataques que han afectado a la cúpula iraní, su armada y su fuerza aérea, y alterna entre amenazar con una escalada y afirmar que las conversaciones van bien. La economía de la República Islámica ha sido golpeada, en parte por un bloqueo de Estados Unidos, y la población protagonizó protestas masivas hace unos meses.

Irán afirma que está cerca de alcanzar un acuerdo con Omán para gestionar el estrecho, que discurre entre ambos países. El acuerdo estaría condicionado a que Estados Unidos levante su bloqueo, de modo que, incluso sin negociaciones directas, Trump tendría que aprobarlo. No está claro si el acuerdo permitiría a Irán cobrar tarifas, pero formalizaría su control sobre lo que antes de la guerra era una vía marítima internacional abierta, por la que transitaba una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo.

Abdolreza Davari, analista que asesoró al expresidente Mahmoud Ahmadinejad, manifestó que el control efectivo de Teherán sobre el estrecho le ha dado influencia frente a Washington y a países de la región. “Más que los ingresos del estrecho, Irán quiere confirmar su gestión y su soberanía sobre el estrecho”, comentó por teléfono desde Teherán.

El control formal, aunque sea solo de una parte del estrecho, sería una victoria clara para Irán y una derrota para Estados Unidos, que aún no ha logrado algunos de sus objetivos en la guerra. También sentaría un precedente que gran parte del mundo consideraría inquietante: que las naciones pueden cerrar a voluntad puntos estratégicos para el comercio. China, que compra petróleo a Irán, dijo en mayo que debía restablecerse el “tránsito normal y seguro” por el estrecho.

Irán cree que el tiempo juega a su favor. Mahdi Mohammadi, asesor del principal negociador iraní, dijo en redes sociales: “Ellos empezaron la guerra, pero su final nunca estuvo en sus manos. Nosotros siempre decidimos por nosotros mismos cuándo termina. Irán va tras la derrota del enemigo, no tras un acuerdo”. Afirmó que un ataque sorpresa iraní contra Jordania en julio “compensó” una caída en los precios del petróleo, lo que contribuyó al colapso de un acuerdo provisional alcanzado en junio que ofrecía concesiones a Teherán.

Irán ha dicho repetidamente que el estrecho de Ormuz no volverá a ser una vía marítima abierta, y que seguirá atacando a los barcos que intenten cruzarlo sin su permiso. El mando militar conjunto iraní lo ha calificado como una “línea roja inquebrantable”. Mostafa Najafi, analista de seguridad radicado en Teherán, señaló: “Para Irán, el estrecho de Ormuz se ha convertido en una herramienta estratégica para la disuasión, para mantener el equilibrio regional de poder y para remodelar las reglas de seguridad en el golfo Pérsico”.

Eso supone un obstáculo para poner fin al conflicto y para resolver la disputa sobre el programa nuclear de la República Islámica. Rahman Ghahremanpour, analista radicado en Irán, expresó: “El tema atómico, debido al conflicto en el estrecho de Ormuz, ha quedado relegado, y en realidad eso beneficia a Irán”. El control del estrecho le daría influencia si se reanudan las conversaciones nucleares.

Las consecuencias económicas de la guerra se han extendido por todo el mundo, pero son especialmente duras en Irán. Los ataques de Estados Unidos e Israel han afectado su base industrial, el bloqueo estadounidense ha reducido sus exportaciones de petróleo, y los iraníes lidian con una inflación alimentaria de tres dígitos. Trump ha amenazado con grandes ataques contra infraestructura civil como el agua y la electricidad.

En diciembre, una crisis monetaria desencadenó protestas antigubernamentales, y las autoridades respondieron con una represión que dejó miles de fallecidos y decenas de miles de detenidos. Mohammad Javad Zarif, quien ayudó a negociar el acuerdo nuclear de 2015, escribió en un ensayo que los logros de Irán en la guerra habían abierto “una ventana excepcional para la diplomacia”, pero advirtió que si no se alcanza pronto un acuerdo, “la recuperación económica será difícil, y no puede descartarse la posibilidad de agitación interna o de una agresión renovada, especialmente después de las elecciones en Estados Unidos”.

La guerra ya ha estado marcada por las sorpresas. Después de que la primera oleada de ataques aéreos estadounidenses e israelíes el 28 de febrero matara al líder supremo de Irán y a otros altos cargos, Trump sugirió que todo terminaría en semanas. En cambio, el conflicto ha envalentonado a los líderes iraníes. Ghahremanpour dijo que Teherán está usando el estrecho “para mostrar que no ha sido derrotado” y “puede aumentar su legitimidad a nivel nacional”.

La estrategia también podría salirle mal. Ghahremanpour sostuvo: “Irán no puede continuar con esta estrategia para siempre y, en cierto punto, en realidad, tiene que llegar a un acuerdo con Estados Unidos”. Davari indicó que, por ahora, Irán puede resistir la presión: “Es poco probable, pese a las dificultades de la situación económica, que Irán retroceda en sus posiciones”.

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