La isla Redonda, parte de Antigua y Barbuda, registró la recuperación de su ecosistema luego de que se eliminaran más de 6.000 ratas y todas las cabras. El proceso, que comenzó en 2016, llevó a que el territorio fuera declarado área protegida.
La isla Redonda, ubicada en el mar Caribe y perteneciente al Estado Libre Asociado de Antigua y Barbuda, fue objeto de un proyecto de restauración ecológica que consistió en la eliminación de más de 6.000 ratas y de la totalidad de las cabras que habitaban en el lugar. Según informaron los responsables del proyecto, la medida permitió la recuperación de la vegetación y la fauna nativa.
La historia de la isla se remonta al siglo XIX, cuando el gobierno británico, que entonces administraba el territorio como colonia, comenzó a explotar los depósitos de fosfato de alúmina. Este mineral se utilizaba para la fabricación de pólvora. La producción anual alcanzaba las 7.000 toneladas, y en la isla residían aproximadamente 120 personas dedicadas mayormente a la minería.
El tráfico de barcos y la contaminación derivada de la extracción mineral generaron un aumento de plagas, lo que hizo imposible la habitación humana. Para la década de 1930, todos los habitantes habían abandonado la isla. Con el tiempo, el paisaje se volvió árido y el lugar pasó a ser conocido como “la roca”.
Según el Grupo de Conciencia Ambiental (EAG), una organización no gubernamental de Antigua y Barbuda, las ratas y las cabras contribuyeron a la deforestación y desertificación de Redonda. También se les atribuye la extinción del eslizón y la iguana endémicos, así como la desaparición del búho excavador de Antigua en la isla.
En 2012, el ecosistema estaba tan degradado que las cabras comenzaron a morir. En 2016, grupos ecologistas impulsaron un proyecto de restauración. Johnella Bradshaw, coordinadora del programa Redonda del EAG, declaró en 2023 a la CNN: “Simplemente eliminamos las especies que no debían estar allí y, en cuestión de meses, vimos cómo la vegetación volvía a crecer y la isla se recuperaba”. También afirmó: “Hasta la fecha no plantamos nada, no reintrodujimos ninguna especie. Simplemente eliminamos las ratas y las cabras, y la isla se transformó ante nuestros propios ojos”.
El cambio en el ecosistema llevó al gobierno de Antigua y Barbuda a declarar la isla como área protegida bajo el nombre de Reserva Ecosistémica de Redonda. Esta reserva abarca 30.000 hectáreas de tierra y mar, incluyendo la isla, praderas marinas y un arrecife de coral de 180 kilómetros cuadrados.
Para evitar futuras invasiones, se implementaron medidas de bioseguridad. Además, científicos evalúan la reintroducción de especies como iguanas y búhos excavadores, que eran habitantes originales de la isla. Bradshaw sostuvo: “Redonda demuestra que la reintroducción de especies silvestres funciona cuando se deja que la Madre Naturaleza haga lo que mejor sabe hacer”.
