La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires otorgó una declaración de interés sanitario a Filosofía Animal, una escuela de educación canina dirigida por el licenciado en Psicología Juan Manuel Liquindoli. El reconocimiento destaca su labor informativa para tutores y la formación de educadores profesionales.
La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró de interés sanitario a Filosofía Animal, una escuela de educación canina dirigida por Juan Manuel Liquindoli, licenciado en Psicología y máster en Etología Clínica por la Universidad Autónoma de Barcelona. La iniciativa fue impulsada por el legislador porteño Emmanuel Ferrario, del bloque Confianza y Desarrollo.
El reconocimiento distingue tanto la labor informativa dirigida a tutores de mascotas como la formación de educadores caninos profesionales. Según se informó, la escuela es una de las más grandes del sector en habla hispana.
Liquindoli explicó que el enfoque actual de la educación canina prioriza la comprensión de los estados emocionales del animal por sobre las técnicas basadas en el dominio y la obediencia estricta. “Educación en el sentido de obediencia, de rigor o de órdenes que cumpla, desde mi punto de vista no tiene sentido. Lo que sí es una condición sine qua non cuando tomamos la decisión de adoptar un perro es conocerlo y entenderlo, porque hay un montón de necesidades que vienen en su memoria genética de millones de años de evolución y que tienen que ser satisfechas”, sostuvo.
El especialista señaló que la vida en el entorno urbano implica un estado de semicautiverio para los perros, que dependen de sus tutores para canalizar conductas naturales. La falta de estímulos adecuados o la imposibilidad de expresar estos comportamientos pueden derivar en estrés, problemas dermatológicos o conductas compulsivas.
En cuanto a las dificultades durante las caminatas, como el tironeo de la correa, Liquindoli afirmó que enfocarse solo en la conducta visible conduce a errores metodológicos. “Un perro puede tironear por múltiples razones: porque tiene miedo, porque se frustra, porque se sobreexcita o porque quiere ir a pelear. Detrás de esos comportamientos hay estados emocionales y motivaciones que tenemos que entender”, declaró.
También remarcó la importancia del uso de la correa en la vía pública, no solo por exigencia normativa, sino como medida de prevención y respeto hacia otros transeúntes y animales. “Es muy importante que en la ciudad los perros vayan con correa, primero porque es una ley y segundo por todos los imponderables que puede haber”, dijo.
La rutina diaria fue otro de los temas abordados por el especialista, quien indicó que la previsibilidad reduce la incertidumbre y la ansiedad en los perros. “Cuanto más previsible es el entorno, menos sensación de incertidumbre, menos ansiedad y, ergo, más bienestar”, explicó.
Liquindoli advirtió sobre el error de comparar al perro actual con mascotas anteriores, ya que cada individuo tiene un perfil genético e historias particulares. “La comparación es un gran problema porque cada perro es un mundo”, afirmó.
Finalmente, subrayó que los perros pueden atravesar procesos de duelo ante la pérdida de un tutor o de otro compañero animal, con estados análogos a la depresión humana, que requieren tiempo, contención y acompañamiento profesional.
El reconocimiento de la Legislatura porteña establece un vínculo directo entre la educación canina y la salud pública. “La educación y la divulgación redundan en que haya menos problemas de comportamiento, y eso tiene un impacto directo en la salud pública. Está muy estudiado que una de las principales causas de abandono y eutanasia en perros son, justamente, los problemas de comportamiento no atendidos”, concluyó Liquindoli.
