La temporada de influenza registró más de 790 mil casos en las primeras treinta semanas del año, con predominio de la variante A(H3N2). Especialistas detallan sus síntomas y el rol de la vacunación.
La temporada de influenza transita un escenario de alta circulación viral impulsado por una variante genética que es seguida por los especialistas. Según datos oficiales procesados por la red de vigilancia genómica, se registraron más de 790 mil casos en las primeras treinta semanas del año, superando los niveles acumulados en periodos anteriores. El fenómeno se destaca por el predominio casi absoluto de un linaje específico que ha modificado el comportamiento habitual del virus.
El factor determinante de este invierno fue la presencia masiva de la variante A(H3N2), que acaparó la mayoría de las muestras secuenciadas. En diálogo con Perfil Córdoba, el infectólogo Pablo Bonvehí, expresidente de la Sociedad Argentina de Infectología y miembro del Departamento Científico de la Fundación Vacunar, explicó qué es esta denominada «supergripe» y detalló los motivos detrás de su comportamiento epidemiológico: «El subclado K es un virus más distante de los anteriores, lo que provocó un mayor número de consultas y hospitalizaciones. Durante el año tuvimos inicialmente una amplia predominancia de influenza A con este subclado K, y hacia el tramo final la actividad se extendió con la irrupción del otro tipo, el B».
La «supergripe» se caracteriza por un inicio brusco y síntomas más intensos que los de un resfrío común. Entre los síntomas principales se encuentran: fiebre alta y sostenida (generalmente superior a 38 °C, con duración de 2 a 4 días), cansancio extremo, dolores musculares y articulares, dolor de cabeza, tos seca, dolor de garganta, escalofríos, congestión nasal y, en algunos casos, malestar digestivo.
En relación con la prevención, los profesionales señalan la importancia de mantener al día los esquemas de vacunación. Aunque las cepas virales presentan variaciones respecto a años anteriores, la inoculación continúa siendo la principal barrera preventiva para reducir los cuadros clínicos complejos, especialmente en grupos de población prioritaria como adultos mayores, personas gestantes, niños pequeños y pacientes con patologías crónicas.
Bonvehí remarcó que «la vacuna empieza a proveer protección sólida a partir de los 10 días de su aplicación» y recomendó que quienes integran grupos de riesgo y aún no se han vacunado lo hagan, ya que la inmunización sigue vigente y es la herramienta más eficaz para evitar cuadros graves.
En el plano operativo, los especialistas señalaron dificultades logísticas y de acceso al diagnóstico ambulatorio y a la provisión de antivirales como el oseltamivir (Tamiflú). El infectólogo indicó que este recurso «no está de fácil acceso en las farmacias y prácticamente no se encuentra disponible de forma libre, quedando reservado de manera casi exclusiva para los centros que internan casos graves». Por tal motivo, el seguimiento clínico y la prevención continúan siendo las herramientas centrales para transitar la etapa final del invierno.
