Uno de cada tres adultos duerme menos de lo recomendado

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Según un informe del National Center for Health Statistics, el 30,5% de los adultos duerme menos de siete horas por noche, el mínimo recomendado para mantener una buena salud.

Buenos Aires, 18 septiembre (NA) — Las exigencias laborales, el estrés, las responsabilidades familiares y el uso de pantallas hasta altas horas de la noche hacen que cada vez más adultos resignen horas de descanso sin dimensionar las consecuencias. Sin embargo, el sueño cumple un papel fundamental en el funcionamiento del organismo y su déficit sostenido puede afectar tanto la salud física como la mental.

Un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas indicó el porcentaje de los adultos que duerme menos de las horas recomendadas por noche y, aunque muchas personas consideran que dormir poco forma parte de la rutina, la falta crónica de descanso puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, ansiedad y depresión, además de afectar el sistema inmunológico.

Según un informe del National Center for Health Statistics (NCHS), el 30,5% de los adultos duerme menos de siete horas por noche, el mínimo recomendado para mantener una buena salud y el documento también revela que casi una de cada cinco personas tiene dificultades para mantenerse dormida y que el 15,4% presenta problemas para conciliar el sueño.

«El sueño no es un tiempo improductivo. Mientras una persona duerme, el organismo lleva adelante procesos esenciales para reparar tejidos, fortalecer el sistema inmunológico, consolidar la memoria y regular la producción de hormonas. Cuando ese descanso se reduce de manera crónica, el cuerpo comienza a resentirse aunque la persona sienta que logró acostumbrarse», explicó la Dra. Anabel Ferreyra, Médica del CMC de Mendoza de Boreal Salud (M.P. 14.026).

Las consecuencias de no dormir bien

Diversas investigaciones demostraron que dormir menos de seis horas de manera habitual aumenta el riesgo de desarrollar hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, obesidad y deterioro cognitivo.

Además, la falta de descanso altera el equilibrio hormonal relacionado con el apetito, favoreciendo un mayor consumo de alimentos y dificultando el control del peso corporal. También incrementa los niveles de cortisol, conocido como la hormona del estrés, generando un estado inflamatorio que impacta sobre distintos órganos y sistemas.

Las consecuencias también alcanzan a la salud mental. La privación de sueño puede favorecer la aparición de ansiedad, irritabilidad, cambios de humor, dificultades para concentrarse y síntomas depresivos.

A su vez, disminuye el rendimiento laboral y académico, aumenta los tiempos de reacción y eleva el riesgo de sufrir accidentes de tránsito y laborales, especialmente cuando la somnolencia se mantiene durante el día.

«Muchas personas consultan por cansancio constante, falta de concentración o bajo rendimiento sin relacionarlo con sus hábitos de descanso. Dormir bien es tan importante como alimentarse de forma saludable o realizar actividad física. Cuando aparecen ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño o el cansancio persiste a pesar de dormir varias horas, es importante realizar una consulta médica para identificar si existe un trastorno del sueño que requiera tratamiento», señalaron los expertos.

Además, destacaron que no solo importa la cantidad de horas dormidas, sino también la calidad del descanso. Despertares frecuentes, horarios irregulares, el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse y ambientes con exceso de luz o ruido pueden impedir alcanzar las fases profundas del sueño, indispensables para la recuperación física y mental.

Buenas prácticas para dormir bien

Para mejorar la calidad del sueño, los especialistas recomiendan incorporar hábitos saludables que favorezcan un descanso adecuado:

  • Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.
  • Evitar el uso de celulares, computadoras y televisión al menos una hora antes de dormir.
  • Limitar el consumo de café, mate, té, bebidas energizantes y alcohol durante la tarde y la noche.
  • Realizar actividad física de manera regular, preferentemente varias horas antes de acostarse.
  • Cenar liviano y evitar comidas abundantes en las horas previas al descanso.
  • Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y con una temperatura confortable.
  • Evitar las siestas prolongadas durante el día.
  • Consultar con un profesional si las dificultades para dormir persisten durante varias semanas o afectan la calidad de vida.

Dormir bien no solo permite comenzar el día con más energía, sino que constituye una de las herramientas más importantes para prevenir enfermedades y preservar la salud a largo plazo. Incorporar hábitos que favorezcan un descanso reparador y consultar a tiempo frente a dificultades persistentes para dormir puede marcar la diferencia en la calidad de vida, el bienestar emocional y el correcto funcionamiento del organismo.

Agencia NA

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