La investigación, realizada por Amit Kumar y Nicholas Epley, halló que quienes escriben cartas de agradecimiento subestiman el bienestar que generan en los destinatarios y sobreestiman la incomodidad del gesto.
Un estudio de la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Chicago analizó la diferencia entre las expectativas de quienes escriben cartas de agradecimiento y la reacción real de quienes las reciben. La investigación fue realizada por Amit Kumar, profesor de marketing en la Universidad de Texas en Austin, y Nicholas Epley, profesor de ciencias del comportamiento en la Universidad de Chicago.
En tres experimentos, los investigadores pidieron a los participantes que escribieran una carta a una persona que hubiera hecho algo significativo por ellos y a quien nunca hubieran agradecido de manera adecuada. Antes de enviar el mensaje, los participantes debían anticipar cómo se sentiría el destinatario: cuánto se sorprendería, cuánto disfrutaría el gesto y qué grado de incomodidad podría experimentar. Después, los investigadores preguntaron directamente a quienes recibieron las cartas.
Los resultados mostraron un patrón reiterado: quienes escribían las cartas subestimaban cuánto bienestar provocaría el mensaje. Los destinatarios reportaron sentirse alagados y más sorprendidos de lo que los autores habían previsto. Al mismo tiempo, quienes agradecían tendían a sobreestimar la incomodidad que produciría el gesto. Pensaban que sus palabras podían resultar extrañas o poner al otro en una situación incómoda, pero los receptores experimentaron mucha menos incomodidad de la esperada.
Al difundir la investigación, la Universidad de Texas en Austin destacó que expresar gratitud puede mejorar el bienestar tanto de quien escribe como de quien recibe. Según Kumar, uno de los obstáculos para hacerlo con mayor frecuencia podría ser que calculamos mal las consecuencias: prestamos demasiada atención a cómo estamos redactando la carta y demasiado poca a lo que significa para la otra persona sentirse reconocida.
Para el destinatario, el elemento principal no parece ser la perfección literaria. No está calificando la carta. Está descubriendo que una acción que realizó meses o incluso años antes fue lo suficientemente importante como para que otra persona todavía la recuerde.
La investigación también encontró que las expectativas sobre incomodidad y felicidad estaban relacionadas con la disposición de los participantes a expresar gratitud. Dicho de otro modo, pensar que agradecer será incómodo puede hacer que nunca lleguemos a hacerlo.
El trabajo no demuestra que una sola carta produzca mejoras permanentes en salud mental ni que todos los agradecimientos tengan el mismo efecto. La relación entre las personas y el contexto también importan.
Pero muestra un error de cálculo bastante cotidiano. Quien escribe se preocupa por si encontrará las palabras adecuadas. Quien recibe suele estar concentrado en algo mucho más sencillo: alguien se tomó el tiempo de decirle que lo que hizo tuvo valor. La barrera que impide hacerlo muchas veces no es falta de gratitud. Es subestimar lo bien que puede hacer expresarla.
