viernes, 24 mayo, 2024
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Caputo reclamó a supermercadistas que en lugar del «2×1» bajen precios para que lo refleje el INDEC

Es la polémica menos esperada: Javier Milei y Toto Caputo acusados de intervencionistas, de reguladores del comercio y hasta de querer manipular la estadística de la inflación. Un gobierno que se jacta de su espíritu libertario y su apego al capitalismo, acusado de situaciones no muy diferentes a las que en otros años se le enrostraban a Guillermo Moreno.

Sin embargo, eso fue lo que ocurrió por la reunión del ministro Caputo con los ejecutivos de seis grandes cadenas de supermercados. En el encuentro realizado el lunes en la sede del Ministerio, la queja oficial fue que, con sus políticas de promociones -del tipo «dos por uno», o las que ofrecen un descuento para el segundo producto-, no se permite que INDEC refleje los precios reales de venta. Es decir, el ministro quiere ver el freno a la inflación reflejado en los precios de lista, que es el que miran los empleados del Indec a la hora de hacer los relevamientos para el IPC.

«Los precios de los productos de consumo masivo no reflejan hoy la nueva realidad económica. En este sentido, se debatieron alternativas para combatir la suba desmedida de precios y proteger de este modo a los consumidores», fue la frase del comunicado oficial.

Ya el tema había sido planteado la semana pasada, cuando Caputo se reunió con los ejecutivos de grandes empresas de consumo masivo. En aquel caso, el reproche oficial era que, a pesar de que el gobierno había dado una respuesta favorable en una serie de pedidos de la industria -por ejemplo, la baja de Precios Justos, la derogación de las leyes de Abastecimiento y de Góndolas, el final del Observatorio de Precios-, no se había registrado una actitud recíproca del sector privado.

En definitiva, el gobierno reprochó que los precios estaban subiendo demasiado rápido, a pesar de que, con todas esas regulaciones, los costos operativos de las compañías habían tenido una caída.

Quien convenció a Caputo de convocar a la reunión y plantear esa queja fue nada menos que Domingo Cavallo. Su argumento es que los empresarios, en realidad, están fijando precios como si el dólar paralelo estuviera en su pico de cerca de $1.300 y no en su nivel actual de $1.000.

El ministro Caputo, reunido con ejecutivos de supermercados: hubo reproches por los aumentos y política de promociones

El ministro Caputo, reunido con ejecutivos de supermercados: hubo reproches por los aumentos y política de promociones

En consecuencia, el objetivo del gobierno es que los fabricantes se esfuercen por mantener los precios más estables y que los supermercados publiquen los precios de tal forma que las bajas puedan ser registradas por la medición del Indec.

Ironías por el intervencionismo liberal

Lo cierto es que la iniciativa de Caputo causó sorpresa. No porque sea un argumento que nunca se haya planteado, sino todo lo contrario: porque ha sido una marca registrada de los gobiernos intervencionistas.

Para un gobierno liberal, este tipo de planteos es considerado una contradicción en sí misma. Y la situación derivó en todo tipo de comentarios irónicos.

Por caso, Roberto Feletti, ex secretario de Comercio durante la gestión de Alberto Fernández, escribió en las redes sociales: «El gobierno de Milei y Caputo descubre las bondades de las regulaciones en los bienes de consumo masivo. ¡Bienvenidos!».

Pero no fue un mensaje exento de crítica, porque marca la diferencia entre el tipo de intervencionismo del peronismo y el de Milei: «Los gobiernos peronistas lo hacemos como parte de una política de ingresos, garantizando además mercado y demanda. Ustedes lo hacen desesperados ante la caída sin precedentes en los niveles de compra, producto de las medidas económicas que ustedes mismos implementaron».

Y remata: «Todos muy liberales, pero al primer dato negativo salen a decirles a las empresas qué es lo que tienen que hacer. ¿Habrá dibujo del Índice de Precios al Consumidor?».

En el otro extremo del arco ideológico, Roberto Cachanosky, que se define como liberal pero se ha mostrado muy crítico de la gestión Milei, también criticó el intento del gobierno por interferir en las políticas de precios de los supermercados.

«Los descuentos y promociones son precios de mercado y siempre existieron, incluso en la era K. ¿Ahora también vamos a cuestionar los precios de mercado para tratar de zafar de la alta inflación?», escribió en la red social X.

Y, en respuesta a un comentario de Milei en una entrevista televisiva, recordó que en otros momentos de la historia reciente se intentó manipular el IPC por la vía de no contabilizar algún producto que, por su alta ponderación, incidiera mucho sobre el índice. Por caso, recordó que, en la dictadura militar, José Martínez de Hoz publicó un índice «descarnado» -sin el precio de la carne vacuna» y que luego Lorenzo Sigaut hizo lo propio con los productos textiles.

«Si sacás todos los rubros que no te gustan, estás dibujando el IPC. El IPC es con todos los rubros que lo integran. El resto es mentira estadística», castigó Cachanosky.

Desde un foco técnico, el economista Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, criticó: «Innecesariamente se embarran con estas cosas. Las promociones en cuestión, que son un mecanismo de discriminación de precios, están hace más de una década. No es algo nuevo. Y no es cierto que el Indec no las mida. Depende de cómo esté armada la promoción».

Duro de bajar

En todo caso, ¿cómo es que se llegó a esta situación en la que Caputo convoca a empresarios para reprocharles sus políticas de precios y sus estrategias de promoción comercial?

La realidad es que los números de inflación se están revelando bastante más reticentes a la baja de lo que el gobierno preveía.

Caputo había insinuado que la inflación de febrero se ubicaría «más cerca del 10% que del 15%» y que en marzo se repetiría una situación parecida, pero con un cambio en los rubros que estaban empujando al IPC: ya no se trataría de los alimentos, sino de los servicios, por las subas de tarifas y de precios regulados.

Sin embargo, las primeras mediciones de marzo parecen desmentir ese pronóstico. De hecho, la medición de la consultora LCG dio un 6,3% para el rubro alimentos en la primera semana de marzo, lo que implica un empeoramiento respecto de cómo había sido el inicio de febrero.

Si esta tendencia se mantuviera, entonces el rubro de alimentos ya no haría de contrapeso a los aumentos de las tarifas y los servicios, sino que aumentaría a la par, lo que mantendría el IPC en niveles bastante más elevados que los que el gobierno había previsto.

Ese es un punto que preocupa a Milei y a su ministro de economía, dado que, hasta ahora, uno de los factores que ha cimentado la paciencia social con la caída del poder adquisitivo es la percepción de una inflación que cada mes daría una cifra notablemente más baja que el mes anterior.

Esa es la dinámica que el gobierno quiere mantener para no generar un quiebre en las expectativas. Y es, precisamente, el tema que hoy está en riesgo de incumplimiento.

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