jueves, 18 julio, 2024
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La insólita historia que llevó al encuentro entre Javier Milei y Elon Musk

En el hotel St. Regis del barrio de Bal Harbour, en Miami, suele parar el empresario argentino Patricio “Pato” Fuks. Su fortuna, aseguran quienes lo conocen, se forjó con la venta de la cadena Fën Hotels al grupo internacional Wyndham. Pato y sus socios Iván Kozicki y Sebastián Piaggi se especializaban en la gestión de hoteles propios y de terceros. Entre las marcas más renombradas que manejaban figuran los hoteles Dazzler y Esplendor. Los conocedores del mercado aseguran que la venta fue por 50 millones de dólares. Cifras más o menos, la realidad es que Fuks pudo disfrutar desde entonces del sol y la brisa almibarada de la Florida, sin urgencias financieras, y estuvo lejos de las cámaras hasta que el 12 de abril reapareció sentado junto a Elon Musk, el fundador de Tesla, y Javier Milei. La trama detrás de aquella reunión en Austin, Texas, expone la singular construcción de relaciones y poder del presidente.

En Bal Harbour, el barrio de hoteles y tiendas de lujo que elige Fuks para sus estadías en Miami, se levanta The Shul, la sinagoga de la agrupación Jabad Lubavicht. Otros rabinos de Miami observan con sorpresa y un dejo de envidia el crecimiento de la agrupación en la ciudad, se sorprenden al ver como los centros se multiplican en la avenida Aventura South y en otros rincones de los barrios de Bal Harbour y Surfside.

The Shul fue la sinagoga que abrió las puertas a Milei para distinguirlo como “Embajador Internacional de la luz” junto con su hermana, Karina Milei. En 2017 inició obras para duplicar su impresionante sede de 3100 metros cuadrados. El nombre de la sinagoga puede traducirse como El Templo, como una referencia única, singular.

Jabad Lubavitch, la agrupación que la maneja, es una rama mesianista del judaísmo, es decir, sus miembros creen que la llegada del mesías a la tierra es inminente. Más específicamente, la creencia es que el mesías pueda ser el venerado rabino Menachem Mendel Schneerson, fallecido en 1994, cuya tumba fue a visitar Milei, en Nueva York, en su primer viaje tras ser consagrado presidente. El mesianismo es parte constitutiva de la visión del mundo de Milei.

En su última visita a Estados Unidos, el tiempo de reflexión en El Templo marcó el preludio de la reunión con Musk. “Fue como presenciar el encuentro de dos almas gemelas”, reconstruyó Fuks en una entrevista con LN+, tras su papel como testigo de la charla entre Milei y el dueño de X (ex Twitter). Las referencias siempre aparecen cargadas de espiritualidad. El empresario argentino es un amigo del presidente, tanto que después de la reunión en Tesla, Milei se fundió en un abrazo con su hijo en las puertas de la empresa.

La explotación de litio fue uno de los tópicos de la conversación con Musk. También las comunicaciones satelitales. Pero en la charla en los cuarteles generales de Tesla no había funcionarios expertos en minería ni en industria. No se consideró necesario. El presidente llevó a su amigo, a su hermana, Karina Milei, y a su rabino Axel Wahnish, el guía espiritual que le abrió al presidente el camino hacia Jabad Lubavitch.

El mayor conocedor del negocio de las comunicaciones era el embajador en Estados Unidos, Gerardo Werthein, que integró con su familia la conducción de Telecom hasta que dieron un paso al costado cuando vendieron sus acciones a Fintech, el fondo de inversión del mexicano David Martínez y socio del Grupo Clarín. “A Musk se le hizo una presentación de las oportunidades de inversión y además estamos trabajando para la generación de baterías de litio, con la idea de darle valor agregado a la minería”, reconstruye el embajador en los Estados Unidos. A medida que aumenta la venta de automóviles eléctricos en Estados Unidos, China y Europa, la demanda de litio para las baterías crece de la mano. Argentina es el cuarto mayor productor mundial, después de Australia, Chile y China, pero exporta el material como materia prima, sin el valor agregado de transformarlo en una batería.

Musk, según la revista Forbes, es el segundo hombre más rico del mundo, con un patrimonio de 195.000 millones de dólares, prácticamente un tercio de PBI anual de la Argentina. “Es un honor”, fueron las primeras palabras que pronunció Milei cuando se acercó envuelto en excitación para darle la mano. Los caminos que llevaron al encuentro se mantienen herméticos. Ambos habían intercambiado mensajes por la red X. Karina Milei se encargó de que las gestiones avanzaran para que se concretara. Pero los conocedores de la intimidad atribuyen la mediación al californiano Sean Rad, el cofundador de Tinder, la red social de citas. Tiene lógica.

Rad, que vive en una mansión de 35 millones de dólares en el barrio de Bel-Air, en Los Ángeles, había tenido una conferencia previa con Milei, con las promesas de que Argentina levantaría las trabas para las grandes inversiones. En el verano pasado, ambos se vieron en la Casa Rosada.

Como ocurrió con Musk, Milei le comentó a Rad la idea de organizar en Buenos Aires un encuentro mundial de tecnología, transformar al país en el faro de los innovadores. En la atracción por los tycoons tecnológicos, el Presidente encarna su fe en el crecimiento económico como el fruto de la voluntad individual, sin la intromisión del Estado.

Hasta ahora, el congreso se mantiene en la misma lista que la dolarización.

Desde aquel encuentro en Texas, Musk se muestra atento al gobierno libertario. Esta semana, el magnate celebró el logro del superávit en las cuentas públicas con tres letras: “Wow”, escribió en su red X. Alcanzó para darle visibilidad global. Fue un aliciente para Milei en medio de las protestas universitarias.

El fundador de Tesla tiene su mirada posada en el escenario global y, en las últimas semanas, se muestra atento al sur del Río Bravo. En Brasil, Musk libra una batalla contra el juez Alexandre de Moraes, quien prohibió y bloqueó cuentas de X, en el marco de la guerra política por las investigaciones contra bolsonaristas. Poco después del encuentro con Milei, una multitud en apoyo a Jair Bolsonaro ovacionó a Musk como “defensor de la libertad” en la playa de Copacabana. En México, anunció la construcción de una fábrica de automóviles eléctricos. También se detuvo en la crisis de Venezuela y escribió que “si Chávez no hubiera destruido su economía aumentando el papel del gobierno hasta el socialismo extremo, el país sería muy próspero”. El mensaje tuvo más de un millón de reproducciones.

Milei se arropa en Musk con la comodidad de una cruzada compartida contra la intervención del estado y el “socialismo” y, a la vez, en busca de respaldo externo frente a las dificultades que enfrenta su gobierno. En efecto, el tamaño de Tesla, una compañía valuada en 536.000 millones de dólares, inquieta a los jugadores locales. Su negocio puede alterar dos mercados sensibles.

Starlink, la compañía de internet satelital de Musk, comenzó a brindar servicios en Argentina. La conectividad, hasta ahora, se reparte principalmente entre tres grandes jugadores: Telecom, de Martínez y el Grupo Clarin; Telefónica, de España, y Claro, del millonario mexicano Carlos Slim. El presidente enmarcó el desembarco de Starlink con una confrontación: “Parece que al Grupo Clarín le molesta mucho la llegada de Elon Musk para la continuidad de sus negocios”, escribió Milei en X. En Telecom evitaron responder.

Los españoles lo cuentan como aliado. Telefónica firmó el año pasado un acuerdo con Starlink para proveer el servicio en Argentina y otros países sudamericanos. Ya venden sus equipos y las pruebas con los satélites resultaron exitosas, incluso la realizada en la Base Marambio, de la Antártida. Por ahora, el negocio de Starlink en la Argentina se limita al rubor “B to B”, para empresas y zonas rurales. Conectarse a internet a través de los satélites de Musk todavía es caro para los clientes particulares. Pero un giro agresivo en el precio podría causar un tembladeral. Todos saben que Musk tiene una millonaria espalda para darse el gusto, si la cruzada lo requiere.

En el gobierno norteamericano aseguran que el encuentro entre el fundador de Tesla y el presidente fue un asunto entre privados, sin intervención de Washington. Pero la cita se encuadra en el refuerzo de la alianza libertaria con los Estados Unidos, que por ahora se expresó en acuerdos de seguridad, compra de armamento y gestualidad. No tuvo traducción en los dólares del FMI. Lo cierto es que Washington promueve la llegada de sus compañías de comunicación, en un escenario regional de enfrentamiento con China. Las gestiones del embajador norteamericano Marc Stanley contra la tecnología 5G de las empresas chinas fueron una expresión de la transcendencia. “Lo usan para espiar”, le transmitió Stanley a funcionarios argentinos, en referencia a los equipos orientales. Prefieren los satélites de Musk.

El otro negocio que interesa a Tesla es el litio. Los interlocutores argentinos le manifestaron a Musk el deseo de avanzar con la fabricación local de baterías, no mantenerse como un simple extractor de minerales. Las conversaciones en Estados Unidos avanzan. Allí los intereses chocan con otro jugador, el ubicuo José Luis Manzano, exministro de Carlos Menem, dueño de acciones de Edenor, Metrogás, el grupo de medios América y amigo de Sergio Massa, a quien votó en las últimas elecciones. A Manzano, elDiarioAR lo bautizó como “el señor del Litio”, porque su empresa Integra Lithium se transformó en el principal operador del mercado con 243.000 hectáreas en las provincias de Jujuy y Catamarca. Consultado por la nación, Manzano revela que también está pensando en la fabricación de baterías de litio, pero “para el Mercosur”. No tuvo contactos con Tesla, precisa.

El régimen para grandes inversiones, la zanahoria a la que apuesta el Gobierno para su propia añoranza de brotes verdes, enfrentará por segunda vez la prueba del Congreso. Sin fortaleza política en el Parlamento y enfrentado a los límites de los recortes en las cuentas públicas, Milei encuentra aliados en el exterior para su credo libertario, con una psicología donde las fuerzas del mercado y del cielo se confunden en una misma cosmovisión. La fe mueve montañas, dicen. En Argentina, algunas se muestran más resistentes que otras.

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