jueves, 13 junio, 2024
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La llegada de Sturzenegger y el rol de Caputo, dos visiones distintas sobre el cepo cambiario

Es la principal pregunta que se hace en este momento el mercado financiero: ¿un eventual ingreso de Federico Sturzenegger al gabinete de ministros implicará un punto de inflexión en la gestión de Javier Milei, y el inicio de una nueva etapa en la economía?

Más concretamente: ¿si entra Sturzenegger, debe interpretarse como un recorte en el poder de Luis «Toto» Caputo?

Ocurre que Sturzenegger no es un economista más: es uno de los que más influyen sobre el Presidente -que lo defendía cuando, al frente del Banco Central, recibía críticas desde todos los costados por fomentar la «bola de Lebacs»-. Pero, sobre todo, «Sturze» tiene una historia de desencuentros y peleas con Caputo, que data de la época en que ambos eran funcionarios de la gestión macrista.

En particular, manifestó una postura muy diferente a las decisiones que se han tomado sobre el tema más sensible de la economía: cómo y cuándo desarmar el cepo cambiario. Sturzenegger defendió, casi en soledad durante toda la campaña electoral, la necesidad de levantar el cepo rápido y sin gradualismos.

Al contrario de lo que ha sostenido Caputo -y también Milei-, él nunca creyó que sacar el cepo fuera la antesala de un estallido hiperinflacionario.

Pero las discrepancias no terminan allí, porque Sturzenegger ha mostrado un apego más firme a los principios de libre mercado que Caputo, que ha dado señales de pragmatismo. El caso más claro fue el de los ajustes en las tarifas en la medicina prepaga. Sturzenegger ha criticado explícita y públicamente la decisión del ministro de retrotraer los precios con el argumento de que los aumentos implicaban «una guerra a la clase media».

Federico Sturzenegger gana espacio en el entorno de Milei y manifiesta discrepancias con el ministro Caputo

Federico Sturzenegger gana espacio en el entorno de Javier Milei y manifiesta discrepancias con el ministro Luis Caputo

Lejos de esa argumentación, «Sturze» justificó los ajustes como una compensación parcial por la desfinanciación de que fueron víctimas las empresas médicas por tener la tarifa reprimida durante el período de mayor inflación de la gestión peronista.

«Ha sido doloroso, pero tampoco le podés echar la culpa a quienes están ordenando la situación», dijo en su momento el economista, quien defendió que el desequilibrio «se ordene relativamente rápido y con reglas de juego claras».

Federico Sturzenegger vs Luis Caputo: pelea de pesos pesados

El mercado interpretó esas críticas como un ataque directo a Caputo pero, sobre todo, como una defensa de su propio rol dentro del gobierno, dado que la liberación de las tarifas había sido producto de su autoría intelectual en el DNU desregulador de diciembre pasado. «Hay que confiar en el mercado», reclamó.

Lo cierto es que hoy el gobierno es un hervidero de rumores, surgidos por las insinuaciones del propio Milei. Notoriamente molesto por los reveses políticos en el Congreso, dejó entrever que tiene en mente recambios de nombres para después de la aprobación de la Ley Bases.

La primera víctima del malestar presidencial fue Nicolás Posse, el jefe de gabinete, que perdió puntos en la interna. Posse se reunió varias veces con jerarcas del Fondo Monetario Internacional y del gobierno estadounidense sin que, hasta ahora, se haya ablandado la postura en cuanto a los sobrecargos que se le cobran a Argentina por la deuda. Y, desde ya, sin que se haya avanzado en la concesión de fondos frescos para reforzar la caja del Banco Central.

En cambio, la posición de Caputo parece más fuerte que nunca: después de dedicarle profusos elogios por haber logrado cinco meses de superávit fiscal y de haber bajado la inflación al entorno del 6% mensual, el presidente lo sumó a la comitiva con la cual inició un nuevo viaje a Estados Unidos, donde se entrevistará con empresarios de Silicon Valley.

Caputo, sentado en primera fila en el acto del 25 de Mayo, agradeció los elogios –»gigante», lo llamó Milei mientras la militancia coreaba «¡Toto, Toto!»- y, a su vez, devolvió el gesto cariñoso de un corazón formado con las manos.

En otras palabras, no hay señales de que el ingreso de Sturzenegger al gabinete pudiera tener como destino el quinto piso del palacio de Hacienda, donde la silla de Toto parece bien asegurada.

Luis Caputo dejó entrever su desconfianza en la flotación cambiaria y rechazó los consejos de apurar el desarme del cepo

Luis Caputo dejó entrever su desconfianza en la flotación cambiaria y rechazó los consejos de apurar el desarme del cepo

Es por eso que las principales versiones apuntan a un nuevo rol como «ministro de la desregulación». Pero, más allá de cuál sea la denominación formal del cargo que ocupe Sturzenegger en el Gobierno, lo que queda en evidencia es que ganará poder y protagonismo alguien que ha mostrado discrepancias profundas con Caputo. Una razón suficiente como para que se agregue otra nota de incertidumbre a un plan económico sobre el cual el mercado empieza a demostrar dudas.

«Te van a ir a buscar, Fede»

Ya son leyenda las discusiones entre ambos economistas en los tiempos de la presidencia de Mauricio Macri. El propio ex presidente relató en su libro «Primer Tiempo» cómo en una reunión en Olivos, Caputo le había advertido a «Fede» que el mercado «lo iba a ir a buscar» -es decir, iba pulsear por el precio de dólar- y que se generaría una gran devaluación aun cuando el gobierno hubiera firmado un millonario acuerdo stand by con el FMI.

Los hechos le dieron la razón a Caputo. Cuando se pidió la ayuda al Fondo, en mayo de 2018, el dólar había saltado a $23, y en menos de un mes ya estaba en $29 a pesar de las ventas que, desde el Banco Central, había realizado Sturzenegger, quien renunció el 14 de junio.

Pero a Caputo, que lo sucedió como presidente del BCRA, no le fue mucho mejor. Intentó un sistema de subastas diarias, que le permitió un respiro de un mes y medio, pero a mediados de agosto la cotización saltó de $28 a $30 e inició una escalada que llegó hasta los $40 por dólar a fin de mes. Cuando Caputo renunció, el 25 de septiembre, el dólar ya cotizaba a $42.

A esa altura, el FMI había desembolsado u$s15.000 millones sin que Argentina pudiera cumplir las metas macroeconómicas comprometidas, y con un fracaso total en la defensa del tipo de cambio. Las peleas entre Caputo y el staff del Fondo se hicieron públicas, y finalmente el organismo presionó para que dejara el cargo, con el argumento de que no podía seguir al frente del Central un ministro que demostraba no tener convicción en lo que afirmaba la letra del stand by.

Pasaron seis años desde aquel momento traumático, y hoy tanto «Sturze» como «Toto» se vuelven a encontrar en una nueva gestión de gobierno. Pero sus desavenencias no parecen haberse disipado.

¿Qué pasará con el cepo cambiario?

El cepo cambiario ha sido el tema donde los dos economistas han mostrado mayores discrepancias. Mientras Toto Caputo escribió reportes que dejan en claro su desconfianza sobre un esquema de libre flotación y no manifiesta apuro alguno por desarmar los controles cambiarios, Sturzenegger ha sido un firme defensor de liberar al dólar.

Ya en la campaña electoral, cuando dentro de la coalición Juntos por el Cambio se debatía sobre si repetir la experiencia de Alfonso Prat Gay -que en 2016 liberó en cepo de golpe y no pudo evitar un contagio inflacionario- o si avanzar primero en temas como el equilibrio fiscal y eliminar los pasivos del BCRA para, recién ahí, liberar los controles.

Sturzenegger se destacó por lo radical de su postura: cuanto más se demore, peor.

Sturzenegger manifestó una postura radical frente al cepo cambiario:

Sturzenegger manifestó una postura radical frente al cepo cambiario: «cuanto más se demore en desarmarlo, peor»

«Si el próximo Gobierno no desmantela el cepo en el arranque de su gestión, sus probabilidades de éxito quedarán seriamente comprometidas», planteaba. Y recordaba que el momento de levantar los controles cambiarios hace ocho años fue «la acción más gratificante que un economista puede implementar en su carrera».

Con cita a estadísticas internacionales, argumentaba que los países que aplican cepos al dólar crecen a la mitad de la tasa que los que tienen libertad cambiaria. Pero, sobre todo, cuestionaba el argumento de que un levantamiento del cepo agravaría la inflación.

«Hoy en día, los argentinos si no quieren pesos hace rato lo han convertido a dólares, bienes reales o lo que fuere. La demanda de dinero actual es un 20% inferior a la que había cuando abrí el cepo en diciembre de 2015. Puede haber algún efecto, pero no puede ser significativo», planteaba el ex presidente del BCRA. Y afirmaba que durante su experiencia tampoco se concretó el temor de una alteración en la operatoria del comercio exterior: «Las importaciones se habían anticipado tanto que, cuando unificamos, no hubo demanda de dólares».

Su planteo era que, en realidad, el problema central residirá en la decisión para terminar con el déficit fiscal y con la emisión para financiar el gasto público. Su visión es que no levantar el cepo implica enviar el mensaje de que el Gobierno no puede garantizar la disciplina fiscal.

En otras palabras, lo que defendió Sturze durante los meses previos a la asunción de Milei era todo lo contrario a lo que hoy está haciendo Caputo. Coinciden en la importancia de la austeridad fiscal, pero Toto no oculta su profundo temor a que un dólar libre eche por tierra todo el esfuerzo que permitió la baja de la inflación. En cambio, para el economista preferido de Milei, el cepo es el primer obstáculo a remover.

Por eso, es lógico que en el mercado haya inquietud por cómo podría ser la coexistencia de dos pesos pesados con visiones radicalmente opuestas: Luis Caputo y Federico Sturzenegger. Y está la sospecha de que el propio Javier Milei tampoco tenga claro cómo ser resolvería el inevitable choque.

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