Un estudio internacional publicado en Nature Communications revela que la predisposición genética juega un papel clave en el desarrollo de la estenosis lumbar, desafiando la idea de que es solo un problema asociado al desgaste por la edad.
El dolor lumbar es una de las causas más frecuentes de consulta médica y discapacidad a nivel global. Dentro de las diversas afecciones que lo provocan, como la hernia de disco o la lumbalgia, la estenosis lumbar se distingue por un síntoma particular: el dolor o la pesadez en piernas y glúteos que aparece al caminar o estar de pie, y que suele aliviarse al sentarse o inclinarse hacia adelante.
Según explica el neurocirujano Matías Baldoncini, profesor de la Facultad de Medicina de la UBA, «la estenosis lumbar es un estrechamiento del canal por donde pasan los nervios en la parte baja de la columna. Ese achicamiento comprime las raíces nerviosas y provoca dolor, hormigueo, adormecimiento o debilidad».
Si bien tradicionalmente se ha asociado al desgaste natural de la columna vertebral, más común después de los 50 o 60 años, una nueva investigación publicada en la revista Nature Communications aporta una perspectiva diferente. El estudio, que analizó datos genéticos de más de 780.000 personas, identificó decenas de regiones del ADN vinculadas a una mayor predisposición a desarrollar esta condición.
«Durante años, la estenosis lumbar se explicó principalmente como parte del desgaste natural del cuerpo, pero este nuevo trabajo suma una variable importante: la genética», señaló Baldoncini. Esto significa que no todas las espaldas envejecen de la misma manera y que factores hereditarios pueden influir en su aparición.
El diagnóstico se confirma mediante estudios por imágenes, como la resonancia magnética, y el tratamiento inicial suele ser no quirúrgico, incluyendo kinesiología, medicación y adaptación de actividades. En casos donde el dolor persiste y afecta significativamente la calidad de vida, puede considerarse una intervención quirúrgica descompresiva.
Este hallazgo científico abre nuevas vías para comprender mejor los mecanismos detrás de la estenosis lumbar y podría orientar futuras estrategias de prevención y tratamiento más personalizadas.
