Un especialista del INTA Bordenave detalla los factores operativos, ambientales y de manejo que determinan el éxito en la siembra de pasturas, base de la cadena forrajera.
La eficiencia en la implantación de pasturas comienza en la siembra y tiene un impacto directo en toda la cadena forrajera. Así lo planteó el Ing. Agr. Guillermo Marrón, especialista en sembradoras del INTA Bordenave, quien destacó que el objetivo central es lograr una rápida emergencia y disponibilidad del recurso para el ganado. “Poner una semilla en la mejor condición para que germine y se convierta en una planta lo antes posible es el objetivo”, afirmó.
En esa línea, subrayó que una buena implantación permite que “la pastura sea la base de la cadena forrajera y que el animal pueda aprovecharla lo antes posible”.
La sembradora, en el centro de la escena
Desde el punto de vista operativo, Marrón remarcó que el uso adecuado de las herramientas resulta clave. Componentes como la cuchilla, el control de profundidad y el pisado de la semilla inciden directamente en el logro de una implantación homogénea. “Son componentes claves para una correcta implantación”, sostuvo. Además, una correcta regulación no solo mejora la emergencia, sino que también contribuye a reducir costos, especialmente en el uso de insumos como herbicidas.
Ambiente y selección de materiales
El punto de partida para elegir una pastura es el ambiente. “Lo que es suelo, clima y ubicación geográfica definen el techo o posibilidades máximas”, explicó Marrón. A partir de esa base, se seleccionan las variedades más adaptadas a cada región. En ese sentido, destacó el aporte del sistema científico: “La gran mayoría de las avenas que se comercializan en el país salen del INTA Bordenave”, indicó, en referencia al trabajo de mejoramiento genético orientado a responder tanto a las condiciones productivas como a las demandas del sistema ganadero.
Ajustar la carga y prever reservas
La planificación forrajera también exige ajustar la carga animal en función de la oferta. “Tiene que ver con lo que uno quiere que el animal gane, la persistencia de la pastura y, fundamentalmente, las condiciones ambientales”, señaló. Frente a escenarios de variabilidad climática, recomendó anticiparse: “En años buenos habría que hacer reservas, siempre pensando que después viene un año ‘flaco’”. Como referencia práctica para la región, sugirió “tener un rollo por vaca” para sostener el sistema en momentos críticos.
En síntesis, la implantación eficiente no solo depende de la genética o el ambiente, sino también del manejo preciso de la maquinaria, un factor que puede marcar la diferencia entre una pastura que responde rápidamente y otra que compromete la productividad del sistema.
