El autor y defensor del estilo de vida saludable Mark Sisson, de 72 años, explica los beneficios de los esfuerzos cortos e intensos para la salud, la longevidad y la prevención de enfermedades, respaldado por estudios científicos.
Una de las maneras más eficaces de mantener la buena salud consiste en correr, o al menos caminar a paso acelerado, de manera regular. También sirve subir escaleras, sobre todo si no hay tiempo para darse una vuelta por una plaza o parque. Pero, ¿cuáles son los verdaderos efectos de estas rutinas de las que casi todos hablan?
Mark Sisson, de 72 años, es un autor, atleta y defensor del estilo de vida saludable, reconocido especialmente por su enfoque en la dieta y la longevidad. Nacido en Estados Unidos, comenzó su carrera como atleta de triatlón y maratón, lo que le permitió adquirir un profundo entendimiento del cuerpo humano y la nutrición deportiva. Con el tiempo, su interés se trasladó hacia la salud integral y la prevención de enfermedades a través de la alimentación y el ejercicio. Es bien conocido por su trabajo en la dieta paleo o ancestral, que promueve la alimentación basada en alimentos naturales y no procesados, inspirada en los hábitos de nuestros antepasados. Además, creó el popular blog Mark’s Daily Apple, donde comparte consejos sobre nutrición, ejercicio, manejo del estrés y longevidad, y publicó el libro The Primal Blueprint, un referente para los amantes de un enfoque más natural. Su visión combina ciencia moderna con principios evolutivos, defendiendo que la salud óptima se logra mediante un estilo de vida activo, descanso adecuado y alimentación consciente.
Lejos de recomendar maratones o largas distancias, Sisson apuesta por esfuerzos cortos e intensos. Este tipo de entrenamiento activa las fibras musculares de contracción rápida, las primeras que se pierden con la edad y que son esenciales para mantener la agilidad, prevenir caídas y conservar la independencia física. Varios estudios científicos respaldan esta práctica. Investigaciones como la de Lazarus & Harridge (2017) demuestran que el entrenamiento de alta intensidad puede revertir la pérdida muscular asociada al envejecimiento y mejorar la función mitocondrial. Otros trabajos publicados en Cell Metabolism confirman beneficios como una mayor sensibilidad a la insulina, mejor salud cardiovascular y un incremento notable de la capacidad aeróbica, incluso en mayores de 65 años.
Para Sisson, los sprints bien planificados activan rutas anabólicas que favorecen el crecimiento muscular, mejoran la densidad ósea y ayudan a prevenir enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2. Además, tienen un impacto directo en la salud cerebral, estimulando neurotransmisores como la dopamina y la noradrenalina, lo que se traduce en mayor claridad mental, motivación y vitalidad. “Si se hace bien, un esfuerzo breve e intenso puede dar beneficios desproporcionados comparado con el cardio de larga duración”, asegura.
A la hora de comenzar, recomienda caminatas rápidas o pequeños acelerones cuesta arriba; calentar bien antes, para activar caderas, tobillos y core; realizar entre tres y seis sprints cortos en cada sesión, descanso entre entrenamientos y practicar una vez por semana o cada diez días. La clave está en la progresión gradual y en entender que el objetivo no es competir, sino recuperar la potencia y la agilidad perdidas con el paso del tiempo. Para Sisson, el mensaje es claro: nunca es tarde para moverse rápido. Ese gesto, repetido de forma segura y constante, puede devolvernos años de vitalidad y calidad de vida. “Correr rápido es bueno para todos y para todo, no solo para correr rápido”, dice y agrega: “He visto a personas de 75 años rejuvenecer corriendo una vez a la semana”.
