El perejil gigante (Heracleum mantegazzianum), una planta herbácea de hasta seis metros de altura, puede provocar urticarias, ampollas, quemaduras graves y pérdida de visión. Está prohibida en España desde 2013 y ya ha sido registrada en Cataluña.
El perejil gigante (Heracleum mantegazzianum) es una planta herbácea que puede alcanzar los seis metros de altura y cuya floración se produce en verano. El contacto con ella puede producir urticarias, ampollas, quemaduras graves e incluso ceguera, según informó el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO).
En España, esta especie está prohibida desde su inclusión en 2013 en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (CEEEI). No se permite su posesión, transporte, tráfico ni comercio. Sin embargo, en algunas zonas de Cataluña ya ha sido registrada.
De acuerdo con documentos de la Generalitat de Catalunya, el perejil gigante ha sido citado en las comarcas de la Cerdanya, en las orillas del río Segre, y en el Alt Urgell. La principal hipótesis sobre su entrada a estos territorios es que se ha producido a partir de poblaciones de la Cerdanya francesa, a través del agua del río Segre.
Procedente del Cáucaso y Asia Central, de países como Azerbaiyán, Armenia y Georgia, ya ha sido notificado en 21 Estados miembros de la Unión Europea, donde está designada como una especie invasora preocupante. Es la quinta más extendida actualmente en ese territorio.
Su llegada a Europa occidental se remonta al siglo XIX. Debido a su gran tamaño, sus enormes hojas y sus llamativas umbelas de flores blancas, los exploradores la apreciaron para decorar jardines botánicos, fincas y parques. También se ha expandido voluntariamente por ser una planta forrajera y por su interés en la apicultura, debido a su elevada producción de flores. Puede dispersarse además a través de sus semillas transportadas por aves.
Los efectos ambientales del perejil gigante incluyen la competencia con la flora nativa, especialmente con especies de ribera. Al formar masas densas por su gran tamaño, monopoliza los recursos y desplaza a la vegetación autóctona.
En cuanto a la salud humana, el MITECO señaló en su ficha técnica que “esta planta produce severas urticarias, ampollas y decoloraciones de la piel, cuando tras haberla tocado, el sol incide sobre ella (fotodermatitis), debiendo acudir al médico”. Si la savia alcanza los ojos, puede provocar una pérdida de visión parcial o total.
El control de su expansión es complejo. Una sola planta puede producir entre 5.000 y 20.000 semillas que se dispersan por el viento y el agua. Su retirada requiere precauciones debido a la toxicidad de la planta, y las actuaciones deben repetirse durante varios años consecutivos para eliminar el banco de semillas del suelo.
