El mapa de los glaciares que podrían provocar inundaciones como la de Nepal: qué zonas de Argentina están en riesgo

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El desastre en la frontera entre Nepal y el Tíbet renovó la atención sobre los glaciares y las inundaciones repentinas en alta montaña. Investigaciones identificaron zonas de riesgo en los Andes, incluida la Patagonia argentina.

El desastre registrado en la frontera entre Nepal y el Tíbet durante la semana pasada volvió a poner el foco sobre los glaciares, el cambio climático y las inundaciones repentinas que pueden producirse en regiones de alta montaña. Investigaciones científicas identificaron zonas de riesgo en distintos puntos del planeta y señalaron que los Andes, incluida la Patagonia argentina, podrían estar más expuestos de lo que indicaban evaluaciones anteriores.

El episodio también reavivó el interés por los mapas científicos que identifican las zonas del mundo con mayor exposición a las llamadas inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares, conocidas como GLOF por sus siglas en inglés. Un trabajo publicado en Nature Communications estimó que unos 15 millones de personas están expuestas a los impactos potenciales de este tipo de eventos y señaló a las altas montañas de Asia y los Andes entre las regiones de mayor preocupación.

Las dos zonas de Argentina que aparecen en el mapa de riesgo

La primera zona argentina señalada se encuentra en la Patagonia Austral, especialmente en el área cordillerana de Santa Cruz. El sector comprende el entorno del Campo de Hielo Patagónico Sur y las cuencas vinculadas con los lagos Argentino y Viedma y el río Santa Cruz. Allí se concentra una gran cantidad de glaciares, entre ellos los que rodean las localidades de El Calafate y El Chaltén. El Inventario Nacional de Glaciares registra en esta región numerosos glaciares de descarga, de valle y de montaña.

Dentro de ese sector existe un caso que los investigadores argentinos estudian de manera específica. Se trata de la ladera norte del Cerro Solo, ubicada dentro de la cuenca del Glaciar Torre, en las cercanías de El Chaltén. Los estudios detectaron un deslizamiento activo desde fines de la década de 1990 y señalaron que el movimiento comenzó a acelerarse a partir de 2002.

El volumen estimado de material involucrado en ese movimiento se ubica entre 8 y 13 millones de metros cúbicos. La preocupación científica se concentra en la posibilidad de que una parte de esa masa se desprenda y caiga de manera repentina sobre el Lago Torre, generando una onda capaz de modificar el nivel del cuerpo de agua y provocar un desborde.

El escenario está relacionado con la transformación experimentada por el Glaciar Torre durante las últimas décadas. Según los datos aportados por investigadores del CONICET, el glaciar retrocedió entre aproximadamente 900 y 1.000 metros en los últimos 50 años y perdió entre 60 y 70 metros de espesor. Ese retroceso dejó progresivamente expuesta la ladera y modificó las condiciones de estabilidad de la montaña.

El fenómeno que se analiza recibe el nombre de GLOF cuando una liberación repentina de agua de un lago asociado a un glaciar genera una inundación aguas abajo. En el caso del Lago Torre, los modelos estudiados contemplan que un gran desprendimiento sobre el agua podría producir una ola capaz de superar la barrera natural formada por sedimentos y rocas. El agua seguiría entonces por el río Fitz Roy hacia sectores ubicados aguas abajo.

Los estudios realizados sobre El Chaltén identificaron al sector sur de la localidad entre las áreas que podrían verse afectadas en un escenario extremo. También aparecen como infraestructura potencialmente expuesta la Ruta Provincial 41 y el puente sobre el río Fitz Roy. Esto no implica que exista una predicción de colapso, sino que los especialistas estudian las consecuencias posibles de una combinación de movimientos de ladera y condiciones hidrológicas determinadas.

Otra zona argentina que podría ser afectada corresponde al extremo sur del país, especialmente Tierra del Fuego y los ambientes glaciares asociados a las sierras fueguinas. Allí se encuentran glaciares como Martial, Vinciguerra y Alvear, además de otros cuerpos de hielo de menor tamaño. El Inventario Nacional de Glaciares ubica a los Andes de Tierra del Fuego y las islas del Atlántico Sur entre las regiones glaciológicas argentinas.

Los glaciares de esta región también muestran un comportamiento recesivo. Estudios realizados sobre Martial y Vinciguerra registraron pérdidas de masa y retrocesos sostenidos, mientras que el monitoreo del área incluye también al glaciar Alvear. En el caso del Martial Este, se estimó una pérdida promedio de unos 0,5 metros de espesor de hielo por año, mientras que el Vinciguerra presentó un déficit mayor.

El riesgo asociado a estos ambientes debe interpretarse en función de las características de cada cuenca. El retroceso de un glaciar puede dejar depresiones donde se acumula agua y modificar las condiciones de estabilidad de las laderas, pero para que ocurra un GLOF deben combinarse factores específicos, entre ellos la existencia de un lago, las características de su barrera natural y un mecanismo capaz de provocar su ruptura. El estudio global advierte precisamente que la probabilidad de un evento no puede determinarse de manera precisa sin investigaciones locales detalladas.

El riesgo de inundaciones glaciares que alcanza a millones de personas

Las inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares se producen cuando una masa de agua acumulada junto a un glaciar se libera de manera repentina. El lago puede estar contenido por una barrera de hielo, sedimentos o rocas y diferentes mecanismos pueden provocar su ruptura, entre ellos un deslizamiento de tierra, una avalancha de hielo, una caída de rocas o un aumento extraordinario del nivel del agua.

El estudio publicado en Nature Communications analizó las condiciones existentes en 2020 y estimó que 15 millones de personas estaban expuestas a posibles impactos de GLOF. La investigación consideró poblaciones ubicadas dentro de trayectorias potenciales de inundación y contempló distancias de hasta 50 kilómetros desde los lagos glaciares.

Las altas montañas de Asia concentran la mayor cantidad de personas expuestas. El Himalaya, el Karakórum, el Hindu Kush y otras cadenas montañosas de la región reúnen aproximadamente el 62% de la población mundial identificada como potencialmente expuesta en el estudio. Cerca de 9,3 millones de personas se encontraban en esa situación dentro de las cuencas analizadas.

China, Pakistán, Perú e India concentran más de la mitad de las personas expuestas. India reúne alrededor de tres millones y Pakistán unos dos millones, mientras que China y Perú también aparecen entre los países con mayor cantidad de población potencialmente afectada. El trabajo ubicó además a las cuencas de Khyber Pakhtunkhwa, en Pakistán, Santa, en Perú, y Beni, en Bolivia, entre las de mayor peligro potencial.

Los Andes representan uno de los principales puntos de atención fuera de Asia. Los autores remarcaron que la región podría tener un potencial de impacto comparable al de las altas montañas asiáticas, aunque cuenta con una cantidad considerablemente menor de investigaciones específicas sobre GLOF. Por eso, el trabajo plantea que la falta de estudios puede estar ocultando parte del riesgo real.

La cantidad de lagos glaciares de los Andes aumentó un 93% entre 1990 y 2018, según el análisis científico, mientras que en las altas montañas de Asia el crecimiento fue del 37%. El incremento está relacionado con la pérdida de hielo y el retroceso de los glaciares, que pueden dejar nuevas depresiones capaces de acumular agua de deshielo.

El riesgo tampoco se limita a los Andes y el Himalaya. El estudio identificó condiciones relevantes en el noroeste del Pacífico de América del Norte, Canadá y los Alpes europeos. Canadá y Estados Unidos presentan numerosos lagos glaciares y cuencas con condiciones que pueden favorecer impactos importantes, aunque la exposición de la población varía considerablemente según cada zona.

El caso de Canadá muestra que estos fenómenos pueden producir ondas de gran magnitud. En 2020, un desprendimiento de rocas movilizó unos 18 millones de metros cúbicos de material hacia un lago glacial y generó olas de hasta 100 metros, que recorrieron alrededor de 10 kilómetros. En 2021, otro desprendimiento de hielo y roca en la India provocó una avalancha que dejó más de 200 muertos y afectó infraestructura hidroeléctrica.

El cambio climático aparece como uno de los factores que pueden aumentar la inestabilidad de estos ambientes. El retroceso glaciar puede modificar el soporte que el hielo aporta a las laderas, mientras que el calentamiento del permafrost puede reducir la estabilidad del terreno. Jonathan Carrivick, experto en inundaciones glaciares de la Universidad de Leeds, explicó: «El cambio climático está calentando las montañas, lo que provoca el derretimiento del permafrost y los glaciares».

Carrivick también advirtió sobre la posibilidad de que estos procesos tengan consecuencias cada vez más importantes. Según el especialista, el cambio climático incrementa «la probabilidad de que este tipo de eventos, posiblemente de mayor magnitud, sean más frecuentes». El investigador remarcó además que «América del Norte podría experimentar algo similar a lo que vemos hoy en Nepal».

El desastre de Nepal, sin embargo, requiere una distinción importante. Los investigadores no consideran que el episodio haya sido causado directamente por el desbordamiento de un lago glaciar. Los análisis disponibles indican que un desprendimiento masivo de rocas arrastró hielo de un glaciar en la zona de Langtang-Lirung y generó una enorme corriente de escombros que avanzó por el valle.

El deslizamiento bloqueó temporalmente el río Lhende Khola y contribuyó a la acumulación de agua antes de que el sistema volviera a liberar el flujo hacia las zonas ubicadas aguas abajo. Las imágenes satelitales y los análisis iniciales llevaron a los investigadores a diferenciar este mecanismo de un GLOF clásico, aunque ambos procesos forman parte del conjunto de riesgos asociados con el retroceso de los glaciares y la inestabilidad de las montañas.

La investigación también advierte que resulta difícil anticipar cuándo y dónde ocurrirá el próximo evento de gran magnitud. La probabilidad depende de condiciones locales y cambiantes, como la geometría del lago, la estabilidad de la barrera que lo contiene, el tamaño del cuerpo de agua y la posibilidad de que una avalancha o un desprendimiento genere una onda de impacto.

Por esa razón, los científicos remarcan que los mapas globales sirven para identificar zonas prioritarias, pero no permiten establecer por sí solos que un glaciar determinado vaya a colapsar. El propio estudio señala que se necesitan investigaciones a escala de cuenca, monitoreo permanente y sistemas de alerta temprana para establecer con mayor precisión cuáles son los sectores que podrían sufrir una inundación y qué población e infraestructura quedarían expuestas.

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