El concepto, propuesto por el neurólogo David Owen, describe síntomas como megalomanía, aislamiento y desprecio por las críticas. Diversos analistas lo aplican a mandatarios contemporáneos.
El neurólogo inglés David Owen publicó en 2008 el libro En el poder y en la enfermedad, en el que introduce la categoría Síndrome de Hubris para describir un conjunto de síntomas observados en algunos gobernantes. Owen fue rector de la Universidad de Liverpool, ministro de Sanidad (1974-1976), ministro de Asuntos Exteriores (1977-1979) y fundador en 1981 del Partido Socialdemócrata.
Según el autor, el síndrome se manifiesta en líderes que se perciben destinados a grandes misiones, caen en la omnipotencia, son incapaces de escuchar consejos y reaccionan ante las críticas considerando enemigos a quienes las formulan. Esto los lleva a un progresivo aislamiento y a desatender aspectos fundamentales de la política, con imprudencia, impulsividad y desenfreno.
En 2009, Owen y su colega estadounidense Jonathan Davidson, de la Universidad de Duke, propusieron que el Síndrome de Hubris se reconociera como trastorno psiquiátrico a partir de catorce síntomas, varios de los cuales lo emparentan con el trastorno de personalidad narcisista. Explicaron que la patología se profundiza cuanto más tiempo permanece la persona en el poder y que requiere ciertos trastornos de personalidad previos para manifestarse.
El término hubris proviene de la mitología griega, donde se concibe como pecado de soberbia y desmesura por el cual un humano pretende ir más allá de los dioses. En la tradición griega, suele ser castigada con la Némesis, venganza divina que puede tomar formas diversas e inesperadas.
Owen advierte en su libro que la megalomanía inicial de quienes padecen este síndrome generalmente deriva en paranoia. También alerta sobre el rol de asesores, ministros, círculo íntimo y médicos personales que, ante la presencia de los síntomas, optan por el silencio, la complacencia o la adulación, ya sea por cobardía, conveniencia o especulaciones egoístas.
El autor menciona que el fenómeno se observa en líderes de grandes potencias y de países menos influyentes. Entre los nombres que suelen citarse al describir este trastorno psíquico se encuentran Trump, Putin, Netanyahu, Erdogan, hasta hace poco Maduro y Orban. En el ámbito local, el texto original del escritor y periodista que firma la nota sugiere que Javier Milei podría encuadrar en este fenómeno cuando se atribuye roles y misiones divinas.
El artículo original cita además una frase de la obra Medea de Eurípides: “Sé, en efecto, qué mal pretendo hacer, pero más fuerte que todas mis reflexiones es mi furia, furia que trae sobre los mortales los mayores males”.
