El vecino de 77 años recordó la última circulación del ferrocarril en 1978 y la historia del ramal Puerto Deseado–Las Heras, en el marco del proyecto de recuperación que busca reactivar la línea.
EL CALAFATE, Santa Cruz.- Justo Héctor González, de 77 años, nació y vivió toda su vida en Jaramillo, un pueblo de poco menos de 500 habitantes ubicado sobre la ruta provincial 281, a 3 kilómetros de su empalme con la ruta nacional 3. González fue testigo directo de la última vez que el tren pasó por el pueblo, en 1978.
“Yo vi pasar el último tren, estaba en la estación. El jefe de la estación Héctor Grant fue quien tocó la última campana”, declaró González en diálogo telefónico con LA NACION. Sus padres tenían el Hotel Argentino frente a la estación, que era entonces el centro del pueblo, y él pasó su infancia y juventud allí, en contacto con el movimiento del ferrocarril.
El ramal que unía Puerto Deseado con Las Heras a lo largo de 283 kilómetros funcionó entre 1911 y 1978. Fue clave para el traslado de mercaderías desde Puerto Deseado a los parajes del ramal y para la producción de los establecimientos ganaderos de la zona. González recordó: “El tren trabajaba mucho con la lana; llegaban los arreos de ovejas de los campos de la zona, que eran de 1200, 1500 animales, y se los embarcaba en jaula hasta Puerto Deseado”. Mencionó también el frigorífico de la Corporación Argentina de Productores (CAP) en Puerto Deseado, que operaba en verano con producción ovina.
El tren también tuvo un capítulo vinculado a la actividad petrolera. “El tren también empezó a trabajar en los años 60 trasladando los caños petroleros, para perforación, desde Deseado a Pico Truncado y Las Heras, fue un furor, un movimiento terrible”, contó González. Agregó: “Cuando yo era más chico, se traía plomo molido desde Chile Chico, Chile, en camiones hasta Las Heras, y desde allí se embarcaba a Deseado”.
Con el correr de los años, la actividad ganadera decayó. “Tras la caída de cenizas del volcán Hudson (1991) las estancias chicas fueron cerrando”, precisó González. Sin embargo, señaló que la región no quedó despoblada: “Ahora se está reactivando sobre la costa del río Deseado”.
En la exestación de trenes de Jaramillo, una de las mejor conservadas del ramal, la comuna promovió un Museo de Sitio “Facón Grande”, donde se reconstruyen los acontecimientos de las huelgas rurales de 1921 en Santa Cruz y el fusilamiento de José Font, conocido como Facón Grande, ocurrido a poca distancia del lugar.
González se empleó en la usina de Servicios Públicos, donde se jubiló. Su vida quedó ligada al pueblo que vio nacer y despedir al tren. Anteayer vivió con emoción la llegada de una locomotora diésel-eléctrica que el gobierno provincial trasladó desde Córdoba, en el marco del proyecto de recuperación del ramal. “Va a costar mucho trabajo, fueron muchos años de abandono, 50 años de abandono en los rieles. Pero acá ya hay un tramo hecho entre Jaramillo y Fitz Roy”, expresó González.
El proyecto de recuperación del ramal Puerto Deseado–Las Heras, encarado por el gobierno provincial, aspira a recuperar infraestructura, impulsar el turismo y reactivar la producción en el norte de la provincia a través de más de 280 kilómetros de vía férrea abandonados. Incluye una etapa turística y otra productiva. El ferrocarril fue clave no solo para la producción, sino para la vida cotidiana de localidades como Jaramillo, Fitz Roy, Tellier, Pico Truncado, Koluel Kaike y Las Heras, que nacieron o crecieron al calor de la actividad ferroviaria, con acceso al correo, la atención médica y la educación en una región entonces prácticamente incomunicada.
