Una visita a la fábrica de Geely en Xi’an revela el avance de la industria automotriz china, donde robots y humanos trabajan en conjunto para producir vehículos con tecnología de conducción autónoma.
En el marco de la competencia global por el desarrollo de vehículos autónomos, China se posiciona como un actor central. Durante una reciente feria de robótica en el país, representantes de marcas como Huawei mostraron avances en sus sistemas, indicando que los vehículos notificarán al conductor cuándo debe intervenir.
El Geely Auto Group, con sede en Zhejiang y propietario de marcas como Volvo, Polestar y Lotus, ofrece un ejemplo concreto de esta evolución. En su planta de Xi’an, provincia de Shaanxi, se produce un automóvil cada dos minutos, con un objetivo de 750 unidades diarias. La fábrica combina operarios humanos con una extensa automatización robótica para tareas de soldadura, pintura y ensamblaje, destacándose por albergar dos de los robots de ensamblaje más grandes de Asia.
El entorno urbano chino, donde predominan los vehículos eléctricos y el silencio es notable en las horas pico, sirve de telón para esta transformación. Geely está invirtiendo en tecnología de vanguardia vinculada a energía, internet, chips y conducción inteligente, alineándose con los objetivos del plan quinquenal nacional.
Un paso significativo en su estrategia fue el lanzamiento de nueve satélites a la órbita «Geely Future Travel Constellation», diseñada para mejorar la navegación, respaldar redes de vehículos y habilitar futuros sistemas de movilidad aérea. Su modelo más avanzado, el Xingyue L, incorpora funciones como el cambio automático de carril, que evalúa en tiempo real las condiciones de seguridad mediante radar.
La cooperación entre Geely y la municipalidad de Xi’an, formalizada en 2017, consolidó a la ciudad como un centro para la industrialización de vehículos de nueva energía. La industria automotriz china continúa así su camino hacia una mayor automatización, marcando el ritmo de la modernización en la movilidad global.
