El ilustrador español Antonio Lorente presentó en Buenos Aires su reinterpretación de El Principito, un libro que marcó su infancia y al que vuelve con una mirada contemporánea y ojos grandes como sello personal.
Antonio Lorente dice que los ojos son el espejo del alma. Y dibuja en consecuencia. Sus personajes tienen siempre ojos grandes. Transparentes pero misteriosos, son un sello de su obra. Ahora Lorente viajó de España a Buenos Aires para presentar, entre otros libros, su reinvención de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, una de cuyas máximas es, ya saben, “lo esencial es invisible a los ojos”.
Lorente nació en Almería, Andalucía, en 1987. Estudió Bellas Artes en Valencia. Vivió en Londres y en Portugal. Trabajó en animación. Y finalmente decidió dedicarse a trabajar sobre clásicos con herramientas del arte contemporáneo. Su obra, editada para coleccionar, incluye Carmilla, La leyenda de Sleepy Hollow, dos tomos de Mujercitas, Las aventuras de Tom Sawyer, Peter Pan y Ana la de Tejas Verdes, entre otras maravillas.
El estilo de Lorente combina lecciones de la academia y del arte popular. Por ejemplo, la exaltación de la subjetividad frente al realismo que marcó a los pintores simbolistas (como Odilon Redon) y los ojos gigantes de los chicos que pintó la norteamericana Margaret Keane. Claro que lo real se cuela en su universo: se inspira en conocidos y familiares. Incluyó un autorretrato suyo, de su papá y de su hermano en su obra sobre Tom Sawyer. Pero justamente lo contrario le pasó con El Principito.
“Es un niño especial y no encontré a nadie que me pudiera prestar ese alma”, cuenta en esta entrevista. “Cuando terminé la carrera y me fui a vivir a Londres, fue el primer libro que me compré en inglés. Me ayudó en el momento en el que estaba viviendo solo y añorando”. Sobre el proceso creativo, explica: “Hice varias pruebas. Cuando di con la cara y con la mirada me faltaba el pelo. Estaba demasiado peinado. Era poco bohemio. Así que empecé a soltar mechones, a sumarle libertad. El pelo y la forma de su fular tienen vida propia”.
Lorente se inspiró en Eduardo Manostijeras por su mezcla de diferencia y ternura. “Es tan alucinante que no encontré a nadie real para inspirarme. Tuve clara la sensación que quería que la gente tuviera cuando viera a El Principito, y está en su alma más que en su fisionomía”, concluye.
