A 40 años del Mundial de México, repasamos los singulares entrenamientos de la Selección Argentina de Carlos Bilardo, que incluyeron corridas en los Bosques de Palermo y sesiones en un parque de estatuas en Noruega.
De los Bosques de Palermo al Parque de las Estatuas en Oslo, Noruega. La Selección Argentina se entrenaba donde y como podía. Faltaban 38 días para el Mundial de México 1986 y el último entrenamiento del equipo de Carlos Bilardo fue en los Bosques de Palermo. El primero de la gira previa a llegar al país azteca fue en un parque. Aunque aún faltaba la presencia de Diego Armando Maradona, esos muchachos fueron campeones del mundo.
En realidad, la Selección se entrenaba en Ezeiza, en las instalaciones de Empleados de Comercio. Pero el miércoles 23 de abril llovió mucho y entonces Bilardo cambió de planes: “Esta tarde pensábamos hacer por lo menos noventa minutos de fútbol en Ezeiza, pero la lluvia nos arruinó todo. Por eso vinimos a River; aquí nos cambiamos y salimos a correr por Palermo”. Así fue el último entrenamiento antes de partir: ejercicios físicos bajo las órdenes del profesor Ricardo Echeverría en los Bosques de Palermo por 90 minutos.
El día anterior, martes 22, los jugadores y el cuerpo técnico —excepto Claudio Borghi y Oscar Garré— fueron a la Basílica de Luján y asistieron a una misa. Fueron considerados “huéspedes de honor” por el intendente Rubén Darío Rampazzi y recibieron una pequeña réplica de la imagen de la Virgen. Esa tarde hubo un asado en Ezeiza con los juveniles campeones del Sudamericano Sub-16, seguido de un partido informal que finalizó 2-2.
El jueves 24 de abril, a las 18:15, partió el avión de Iberia con quince jugadores, cinco integrantes del cuerpo técnico y tres dirigentes. Tras escalas en Madrid y Ámsterdam, llegaron a Oslo el sábado 26 por la mañana. Ese mismo día, a 1.500 kilómetros, explotaba la central nuclear de Chernobyl. Ajenos a la tragedia, los jugadores almorzaron, durmieron una siesta y salieron a entrenar al Parque de las Estatuas, un espacio con 192 esculturas de Gustav Vigeland, donde hicieron trotes y ejercicios con pelota.
